ANÁLISIS I Éxitos electorales como el de Geert Wilders en Holanda o polémicas como la del burka en España han cogido con el paso cambiado a las élites políticas e intelectuales de Europa. El arma secreta de los promotores del nacionalismo y la xenofobia modernos consiste en presentarse como defensores de las libertades de los ciudadanos de a pie. Al Front National de Jean-Marie Le Pen en Francia le faltó tiempo para felicitar al ultraderechista Wilder stras sus excelentes resultados en las elecciones del 9 de junio. El líder del neerlandés Partido de la Libertad ascendió a tercera fuerza política del país, detrás de los liberal-conservadores y los laboristas, pero por encima de los democristianos que encabezaban el gobierno anterior. ![]() El viejo FN no ha comprendido nada Situado a la derecha de la derecha del panorama político francés el partido francés de Jean-Marie Le Pen piensa haber encontrado a un hermano gemelo en los Países Bajos. Sin embargo, los miembros del FN tienen la memoria corta. En 2008, durante una entrevista concedida al diario Le Figaro, el propio Wilders azotaba con rigor: “Yo no soy racista, nunca me juntaría en el Parlamento europeo con un partido como el de Le Pen, fascistas rumanos o el Vlaams Block belga”. Y es que si el PVV de Wilders está siendo considerado como un partido de derecha populista, tiene pocos puntos en común con los nacionalistas de otros países europeos. Antes bien, representa a una nueva derecha que promulga un discurso moderno y de trazos liberales. Nada que ver con la matraca fascista de las democracias de los años 30, o los adalides de aquel pasado que siempre fue mejor como Jean-Marie Le Pen en Francia, los posfascistas italianos de Fini, los independentistas del UKIP británico o los del Jobbik húngaro. Si estos leyeran el programa de Geert Wilders, descubrirían que su pseudo-homólogo neerlandés se manifiesta por ejemplo a favor del matrimonio entre homosexuales. Un concepto que partidos de extrema derecha no logran introducir entre sus militantes. Wilders, antes de crear su propio partido era miembro del partido liberal-conservador, el que ha ganado las elecciones del pasado 9 de junio. Los nazis son ellos Su credo no consiste en vender una idea patriotera, moralista y grandilocuente de la nación. El acierto de esta nueva derecha populista reside en su capacidad de presentarse como defensora de las libertades occidentales. Estas libertades no estarían en peligro debido a la inmigración, sino debido al Islam. Jérôme Jamin, profesor en la Universidad de Lieja, analizaba para el diario Libération que “Wilders articula su rechazo del islam en un registro casi laico y progresista. Enreda los discursos. Usa ideas asentadas de igualdad entre hombres y mujeres y de defensa de la libertad de expresión contra el islam. Es su manera de manipular los valores y de reciclarlos bajo un ángulo muy hostil”. Aún en la entrevista publicada en Le Figaro antecitada, el líder del PVV precisaba que no tenía “nada contra los individuos; [sino] que el islam va en contra de las mujeres y de los homosexuales”. El burka en EspañaEl joven Wilders pone contra las cuerdas al sistema político de HolandaMusulmanes integrados y creyentes algo vagosLa cruzada europea se rearma en SuizaEs decir, que la amenaza no son los musulmanes, sino su religión. « No odio a los musulmanes, odio el islam (…) Tengo un problema con la tradición, la cultura, la ideología islámica, pero no con los musulmanes”, precisaba en The Guardian. Es un sutil matiz que permite desacomplejar discursos y electores. No se va en contra de personas, sino de ideologías. Y para evitar que le etiqueten de fascista o de nazi nada mejor que darle la vuelta a la situación como a un calcetín y afirmar que el Corán es un “libro fascista”, comparable al Mein Kampf de Adolf Hitler. Hay musulmanes de acuerdo Los resultados son explícitos: entre 2005 y 2010 el PVV ha pasado de 9 a 24 escaños en el parlamento holandés, alcanzando el 21% de los votos en algunas localidades durante las municipales de tres meses atrás, y obteniendo el 16% en las elecciones europeas de 2009. Hoy desea entrara a formar parte del gobierno. A más de un populista se le haría la boca agua. Es más, según un estudio realizado por la televisión neerlandesa NCRV en 2009, el 18% de los musulmanes holandeses comparten las ideas de Wilders. Muchos expertos están de acuerdo en establecer que “se trata de un rechazo de la religión en sentido amplio”, como subraya Abram De Swaan, sociólogo y presidente de la Escuela Amsterdamesa de Investigaciones Científicas y Sociales (ASSR). “Es el quinto político que intenta crear una derecha liberal y antireligiosa.” Su predecesor directo fue Pim Fortuyn, homosexual y antireligioso asesinado en 2002 por un militante de extrema izquierda que pretendía defender a los musulmanes. ¿Tendencia europea? Instalado confortablemente en la política holandesa, el PVV inspira a otros movimientos en Europa. Aunque Wilders rechace en público aliarse con partidos como el belga Vlaams Belang o el Frente Nacional francés, al líder del PVV se le ve a menudo compartiendo con ellos tribuna de conferenciante. En en Alemania, en marzo pasado, un amplio panel de grupos políticos de extrema derecha se reunió para discutir acerca de la prohibición de construir minaretes en Europa. ¿Su intención? Usar el derecho que el Tratado de Lisboa otorga para organizar referendos de iniciativa popular -a condición de reunir un millón de firmas– y reproducir lo que había sucedido en Suiza en otoño de 2009 cuando una mayoría de sus ciudadanos se declaró a favor de prohibir la construcción de minaretes en suelo nacional. Todos ellos ven en la construcción de estas espigadas torres un factor de islamización del viejo continente. El presidente del Vlaams Belang (extrema derecha independentista en Flandes), Filip Dewinter, declaró durante aquel encuentro que “la cuestión es saber si el islam es una religión como el protestantismo o el catolicismo, y a mi entender no es el caso. Es un sistema político, una manera de vivir incompatible con la nuestra”. Hay, pues, para ellos, necesidad de defender al mundo occidental libre de la amenaza de los opresores conservadores. “El islam es un depredador que ataca a las víctimas que se muestran débiles. Europa se muestra débil. Tenemos problemas de demografía y de identidad, y abrazamos el multiculturalismo. Somos muy débiles y el islam lo sabe.” ![]() Patrulla de militantes del partido ultraderechista Jobbik en Budapest Viejos reflejos Lo que pasa es que en el seno de partidos como el Vlaams Belang, el aspecto liberal defensor de los valores occidentales sigue siendo marginal, los viejos reflejos campan a sus anchas. Durante la reciente campaña electoral de las legislativas belgas del 13 de junio de 2010, una de sus representantes electas encontró apropiado declarar que había que quemar en la plaza pública de Amberes los ejemplares de la prensa flamenca, por considerarla elementos de propaganda izquierdista. Wilders no concibe tales discursos, pues bien al contrario defiende una libertad de expresión total al tiempo que recibe las críticas de la mayoría de medios de comunicación. En Europa occidental está acaeciendo un cambio de tendencia. Los grupos de extrema derecha o de derecha populista de la Europa oriental funcionan aún según esquemas desfasados de las luchas nacionalistas. El mejor ejemplo es el húngaro y el partido Jobbik, que milita por una revisión del Tratado de Trianon, que data de 1920 y desmanteló la Gran Hungría imperial. Nada de referencias a la defensa de las libertades y el combate al islam. Normal, allí casi no hay musulmanes. Si acaso podrían empezar a verse confrontados a un cambio de tendencia como el occidental los polacos. Polonia empieza a atraer a una inmigración más mundializada, del Magreb, del África subsahariana, de Asia y de Latinoamérica. Una polémica del mismo estilo estalló en Varsovia en marzo pasado cuando el consistorio habló de construir una mezquita para los creyentes de la capital. La derecha católica se apresuró a vaticinar el fin de la cultura polaca. El salchichón es progresista Para el Frente nacional, el reto consistiría en modernizar su discurso de partido, liquidando a su vieja generación atada a matrices ideológicas típicas de la segunda guerra mundial o de la guerra de Argelia. La emergencia de Marine Le Pen –la hija del fundador- y su probable elección a la cabeza del partido en verano deberían acelerar este proceso. La actual controversia acerca del pic-nic con salchichón y vino tinto en el popular barrio parisino de la Goute d’Or -considerado de forma oficiosa como territorio musulmán– es reveladora del cambio de prioridades en la ultraderecha. El comunicado del Frente Nacional protestando por la prohibición de dicho evento y exigiendo la aplicación de las leyes de la República que no toleran que las calles se conviertan en lugares dedicados al rezo, denuncian que los ciudadanos no practicantes se ven sometidos a un nuevo orden social, no laico y retrógrado. Presentan esta postura, pues, como legal y progresista para seducir a un nuevo electorado. Lo que los dirigentes del Frente Nacional deberían hacer para ser progresistas de verdad sería favorecer y aceptar la idea de la construcción de mezquitas, lo que permitiría a sus militantes degustar tranquilamente sus salchichones en pleno corazón del distrito 18 de Paris mientras los creyentes tienen espacio para rezar en los templos en vez de en las aceras. Jean Sébastien Lefebvre Europa451 Fotos : Neno/flickr; daskar/Flickr; pietplaat/Flickr CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
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AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosFebrero 2012 CategoríasAll Mención legal
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