ANÁLISIS I Hace un par de meses, la UE ha abierto negociaciones para la adhesión de Islandia. La solicitud de adhesión se depositó en julio de 2009, en la cresta de la crisis financiera que sumó a la isla helada en la bancarrota. La Comisión europea ha hecho todo por acelerar este dossier si lo comparamos con otros como Turquía o Croacia. Al finalizar la primera reunión de ministros europeos de asuntos exteriores sobre esta cuestión, el francés Pierre Lelouche declaró: “Para entrar en Europa hay que demostrar ganas. No tengo la impresión, al leer los sondeos islandeses, que sus ciudadanos sean favorables a la adhesión. Es el problema principal”. En efecto, los sondeos más recientes conceden la victoria al campo del No en un hipotético referendo. Decidido a dar su opinión de europeo, Pierre Lelouche encadenaba lo siguiente: “Somos muy favorables a la adhesión de Islandia, por descontado. Pero en las mismas condiciones que los demás candidatos, sin atajos, y a condición que los islandeses estén de acuerdo. No hay que forzar a ningún país”. No querer forzar a los pueblos a adherirse a la UE está muy bien, pero decir que se es favorable a cualquier candidatura presentada es un recurso fácil que daría a entender que el único fin y señal de éxito de la UE fuera ingerir al máximo número de países posible (exceptuando a Turquía). Nadie plantea la cuestión que más molesta: ¿Le corresponde a Islandia un lugar en la Unión? Unos oportunistas En lo más duro de la crisis mundial, mientras los islandeses se manifestaban cada día a las puertas del palacio gubernamental, mientras sus índices bursátiles retornaban a cifras de 1945 y se veían abocados a mendigar ayudas a la mismísima Rusia, la UE surgió de repente como el salvavidas para sacar la cabeza por encima del agua. Hace un año, más del 50% de los islandeses estaban a favor de entrar en la Unión. Hoy, la cifra se ha invertido. ¿Por qué querrían los islandeses unirse a la UE? No se sienten inspirados por la reunificación del continente, como sí era el caso de los antiguos países del Bloque Soviético. En 2009 no hay ideales que muevan hacia Europa como no sea el de la oportunidad económica y la moneda única. Todo sea dicho, este cebo económico también existió en pasadas ampliaciones europeas, pero no era el único y los valores expresados por Schuman y Monet arropaban el corazoncito europeo de quienes se sumaban a la familia comunitaria. Nada de esto en el fuero interno de nuestros vecinos nórdicos. Además de todo esto, habrá que estar pendientes de las condiciones que desean imponer los dirigentes de este islote congelado: sobre todo en cuestiones de pesca, pues por nada del mundo quieren permitir a los españoles o los franceses acudir a sus caladeros para obtener bacalao, o a los políticos de Bruselas prohibir el comercio de carne de ballena. De hecho, la imagen que los islandeses han tenido siempre de la UE no ha cambiado: la Unión no da más que problemas. ![]() ¿Y si Islandia fuera norteamericana? Queda por demostrar el carácter europeo de esta Isla, cuya mayoría territorial corresponde a la placa tectónica norteamericana. Si reprochamos a Turquía que la mayor parte de su territorio se sitúe en Asia, habrá que reprocharle lo mismo a los islandeses. Ciertamente, su población es de origen europeo, como descendientes de vikingos desde el siglo X, pero no parece un argumento si pensamos que la población de los Estados Unidos o de Argentina proviene de nuestro continente, desde hace menos tiempo, y a nadie se le ocurriría aceptar sus hipotéticas candidaturas de adhesión a la UE. Aceptar a Islandia vendría a confirmar la doble vara de medir en la política europea de ampliación. Procesos rápidos y sin debates para una isla perdida en mitad del Atlántico norte, frente a más de 40 años en la cola de espera para otros. Aunque los islandeses sean sólo 320.000 habitantes frente a los 75 millones de turcos, ¿quiénes serán más útiles a largo plazo para la Unión europea? ¿Una diminuta flota de barcos pesqueros o una legión millonaria de jóvenes bien formados? La Unión no es una posada Hay que explicar a los islandeses que la UE es un paquete que se toma o se deja entero, que no es una posada o un salvavidas al que asirse en peligro de muerte y tirar a la basura cuando ya no hay problemas. Cuesta comprender qué interés tiene la UE en integrar a otro microscópico país problemático? Ya tenemos suficiente con el Reino Unido y las querellas franco-germanas, además de los crecientes nacionalismos de los países del Este. Jean-Sébastien Lefebvre Europa451 CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
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AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosFebrero 2012 CategoríasAll Mención legal
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