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OPINIÓN I El actual sistema electoral italiano no conviene a los adversarios de Berlusconi. Al mismo tiempo, sus detractores resucitan el caso de las velinas, esas modelos italianas que se pusieron de moda antes de las elecciones europeas de 2009 cuando hubo sospechas de que el partido de Berlusconi les había ofrecido integrar las listas electorales a cambio de favores sexuales.
El actual sistema electoral italiano no conviene a los adversarios de Berlusconi. Al mismo tiempo, sus detractores resucitan el caso de las velinas, esas modelos italianas que se pusieron de moda antes de las elecciones europeas de 2009 cuando hubo sospechas de que el partido de Berlusconi les había ofrecido integrar las listas electorales a cambio de favores sexuales.

La diputada italiana Angela Napoli sugiere que varias diputadas y senadoras italianas de su antiguo Partido de la Libertad deben su presencia en las listas electorales de 2008 a favores sexuales. “No me extrañaría que todo esto sea verdad”, insiste el humorista y polemista Beppe Grillo desde su blog, el más leído de toda Italia. No obstante, Angela Napoli acaba de ser desautorizada por Gianfranco Fini, su jefe de filas en el grupo que de diputados italianos que han sido eyectados fuera del partido de Berlusconi.

Estos diputados van a fundar un nuevo partido llamado Futuro y Libertad. Provienen todos de la antigua Alianza Nacional, un partido posfascista que se había fundido con Berlusconi en 2008 y que hoy transita en Italia su larga marcha hacia posturas social-liberales. La estabilidad del gobierno de Berlusconi depende ahora de estos finianos como Angela Napoli. Sin embargo, saben que si Berlusconi convoca elecciones anticipadas, como viene amenazando en las últimas semanas, la ley electoral actual que privilegia al partido que llega en cabeza en las elecciones.

Las acusaciones de Napoli tienen por extraña virtud el deslegitimar el actual sistema electoral de lista cerrada y privilegiada si llega en cabeza. Los partidos contrarios a Berlusconi desean regresar al antiguo sistema electoral, basado en el voto directo personas concretas enmarcadas en listas de partido, pues impediría a todas luces que Berlusconi alcanzara la mayoría absoluta en unas hipotéticas elecciones anticipadas.

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Dicho esto, es menester no tomarse a la ligera las veladas acusaciones de Napoli contra ex colegas de bancada parlamentaria. Esta parlamentaria italiana, acerba feminista y miembro de la comisión antimafia de su parlamento, conoce el sistema político italiano desde sus entrañas, y siempre ha denunciado el machismo latente en él. No en vano también se ha despachado insinuando que si se aprueba la ley que mandará a la cárcel a los clientes de las prostitutas, “veremos a michos diputados en prisión”.

Quizá estemos ante una reedición de la tangentópoli que acabó con el sistema político italiano de la posguerra en los años noventa, sólo que los feroces ataques se dirigen ahora contra quien en su día salió como vencedor de aquella guerra sucia de partidos que destapó las claves de la corrupción del país: Berlusconi. Entonces, los escándalos eran financieros. Hoy, además, son sexuales. La sociedad italiana acusa desde hace años unas rebajas éticas que quizá trate de exorcizar empezando por dignificar lo más básico de las relaciones humanas: sus deseos sexuales.

Fernando Navarro Sordo
Europa451
Imagen: Sinistra Ecologia Liberta / Flickr
 


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