El paradigma de esta tendencia es la propia Ámsterdam. Job Cohen, quien fuera su alcalde laborista entre 2001 y 2010 antes de optar al puesto de primer ministro, empezó por negar en 2006 la licencia a treinta burdeles de la ciudad. Desde entonces, la política de la ciudad ha consistido en recalificar su famoso barrio rojo. Al grito de “eliminemos el crimen del barrio rojo”, Ámsterdam se ha metido de lleno en De Wallen, tal es el nombre real de dicho vecindario. Al parecer, Charles Geerts, uno de los más grandes propietarios de burdeles de Ámsterdam, ha vendido ya 17 propiedades por 25 millones de euros, la mitad al ayuntamiento.
El objetivo es reducir una tercera parte el número de vitrinas de prostitución, implantando en su lugar galerías de arte o de modistos. En 2008, Cohen llegó a declarar su intención de clausurar la mitad de las 400 vitrinas de la ciudad por la probada colusión de sus propietarios con la criminalidad organizada.
“Los propios habitantes y propietarios asentados en el barrio lo lamentan. Pierden dinero, al parecer, porque los turistas antes curioseaban por el barrio. Además, el 50% de prostitución que se ha eliminado no ha hecho más que pasarse al modo clandestino”, advierte Brussa. “Nadie ha consultado a las chicas que trabajaban en las vitrinas acerca de los planes municipales para con su profesión. Se han tenido que marchar sin decir ni pío. Eso sí, si lo que regentas es una tahona y te requieren para clausurar tu actividad, entonces sí que te ayudan con dinero para instalarte en otro lugar. Para las chicas de De Wallen nada de nada. ¡Y eso que pagamos impuestos! ¿Le parece justo?”, se escandaliza Sarah, nombre ficticio de una prostituta del barrio con 15 años de profesión a sus espaldas.
Una nueva ley para combatir el tráfico de seres humanos
En los Países Bajos, en 2006, se contabilizaron 9.000 víctimas del tráfico de seres humanos, treinta veces menos que en todo el continente europeo. Un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito publicado en 2006 menciona a este país entre los principales destinos de este tráfico de seres humanos, junto a Tailandia, Japón, Israel, Bélgica, Alemania, Italia, Turquía y los Estados Unidos. En cambio, no hay un solo informe que mencione una correlación directa entre la ley en vigor en la actualidad en Holanda –que reconoce la prostitución como una profesión legal- y el tráfico de seres humanos. “El Gobierno cree que la legalización del año 2000 no ha sido positiva para los trabajadores del sexo visto el aumento de número de víctimas de tráfico de seres humanos”, señala Marienne Jonker, de la asociación soaaids.nl, dedicada a la atención sanitaria hacia los trabajadores del sexo.
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El decreto legislativo que se discute desde el 11 de noviembre de 2009 impone cambios: licencia obligatoria incluso para las prostitutas autónomas, creación de un registro nacional para los servicios de escort, alta obligatoria para las personas que ejerzan la prostitución en otro registro, criminalización del cliente que frecuente una persona no registrada o un local sin licencia, aumento de la edad mínima de ejercicio de la prostitución à 21 años y, sobre todo, la entrada en vigor de la “zero option”, es decir la posibilidad de que un alcalde deniegue licencias sin motivo (o por motivos morales). Eso sí, se otorgan más poderes a las autoridades municipales para velar contra las situaciones de abuso sobre las personas.
Este nuevo marco legislativo no ha sido bien acogido por los trabajadores del sector. La tarjeta que debe poseer cada uno de ellos se asigna tras una reunión con un equipo de expertos encargados de validar que la persona en cuestión no vaya ejercer la prostitución bajo coacciones de terceros. “¿Pero en condiciones puede una persona o un grupo de personas decidir esto en una simple reunión? Nosotros necesitamos meses de trabajo y de investigación continuos para que una chica nos diga acerca de otra chica que “su chulo le exige dinero”. Además, qué profesión se ha visto jamás sometida a estos screenings por parte de un funcionario público”, ´prosigue Brussa. “Es más, es muy fácil falsificar o revender tarjetas”, añade Jonker. Por último, está el tema de la privacidad: “Con esta tarjetita, ¿quién garantiza la protección de tus datos personales? Calculamos que unos mil funcionarios tendrán acceso a ellos. Imagine la capacidad de dispersión”, concluye Brussa.
Sarah siempre ha desarrollado junto a su actividad de prostituta otras “actividades normales” o ha estudiado para “evolucionar y no quedarse atrás”. Ella insiste mucho en la importancia de la privacidad: “Muchas chicas trabajan en secreto, ni siquiera sus maridos lo saben; tengo amigas que necesitaban ser económicamente autónoma antes de divorciarse. Declaran actividades de manicura o de limpieza a domicilio. Registrarse como prostituta es ridículo y un peligro, pues tus ex parejas cualquiera que no desees pueden acceder fácilmente a ti. Y cuando todos saben lo que haces, el día que quieres cambiar de vida es mucho más difícil. ¿Quién le daría trabajo a ‘una que era puta’?”.
Francesca Barca
Europa451
Foto, Or Hiltch / Flickr











