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ANÁLISIS I En 2009, Francia expulsó de su territorio a más de 9.000 gitanos sin que nadie alzara la voz. ¿Por qué ahora todos se escandalizan de las redadas efectuadas contra gitanos rumanos en el país galo? Las claves de la primera gran batalla en la guerra política que una parte de la UE libra para asentar su autonomía con respecto de los Estados.
Ayer, en Bruselas, casi todos los medios convinieron en que Sarkozy se había impuesto a la Comisión europea en rifirrafe acerca de la expulsión de gitanos por parte de las autoridades francesas. Si gobernantes y medios de comunicación nacionales han insistido tanto en esta pírrica victoria es porque por vez primera hemos una confrontación en la que los contendientes parecían luchar en igualdad de fuerzas. Y es que la Comisión europea y el Parlamento europeo cierran filas como nunca para demostrar su independencia de los Estados nacionales.

Dos visiones de Europa bien definidas se han enfrentado esta semana a cara de perro. Por un lado están quienes reclaman la primacía de la UE y su derecho sobre los Estados nacionales. Por otro, quienes desean seguir imponiendo particularidades estatales y recurrir a la resolución intergubernamental de los conflictos. “Ahora es momento de resolver el problema de la falta de medios de los gitanos”, requebraba el secretario de Estado francés Pierre Lellouche al sentirse acorralado por las acusaciones de estigmatización de los gitanos. “¡Que Luxemburgo acoja a los gitanos!”, reaccionaba un desairado Sarkozy como si la resolución de la cuestión no pasara por respetar primero el derecho comunitario.

Haga clic en cada una de las imágenes para ver el debate TV en el que ha intervenido el autor de este artículo acerca de la batalla de Sarkozy contra Viviane Reding


Muchas excusas para imponer la propia visión de la Unión

Nicolas Sarkozy ha querido estigmatizar –cámara de televisión al hombro- a los gitanos rumanos de las chabolas en Francia como excusa para presentarse como garante del orden y de las esencias francesas. Necesita seducir a un electorado francés ultraconservador y racista  para recomponer su carrera política maltrecha.

A su vez, el Parlamento europeo ha usado el episodio de las expulsiones de gitanos en Francia como excusa para presentarse ante los europeos como el verdadero adalid de sus derechos fundamentales y de una Europa con rostro humano. Para ello, presionó a la comisaria de Derechos Fundamentales, Viviane Reding, durante una sesión muy tensa, con el fin de obtener garantías de que la Comisión velaría por el cumplimiento de los Tratados. Reding puso la mano en el fuego por el Gobierno francés, que le había asegurado que habían respetado el derecho comunitario en el episodio de las expulsiones.

Más tarde, Viviane Reding, conoció la circular del ministerio del interior francés –revelada por los medios de comunicación- en la que se instaba a la policía a ensañarse con los gitanos en particular. Se sintió engañada y responsable ante el Europarlamento de un engaño del Gobierno francés. Usó, pues, esta excusa del engaño para, a su vez, rebelarse contra la cultura de privilegios que ciertos Estados miembro como Francia imponen para beneficio propio en la UE. En un discurso si concesiones, Reding denunció el doble rasero de algunos países y la voluntad de los grandes Estados de doblegar el poder independiente de la Comisión europea. De paso, comparó la estigmatización de los gitanos por Francia con la estigmatización que sufrieron los romaníes durante la segunda guerra mundial. Paralelismo nada extravagante que pasó por la cabeza de multitud de ciudadanos, políticos y activistas por los derechos humanos.

Nicolas Sarkozy, al sentirse descubierto en flagrante engaño y posible delito contra derechos fundamentales, y acorralado por las instituciones y las opiniones públicas Europas, decidió buscarse una excusa, la suya en todo este embrollo. Esta fue la de declararse injuriado por la insignificante alusión de Viviane Reding a los episodios de la guerra mundial. Así pues, decidió subvertir la agenda de la cumbre europea de ayer, prevista para aprobar la creación de un gobierno económico europeo, sustituyéndola por un plebiscito a la búlgara entre sus pares jefes de gobierno, interesados en que prime el poder de los Estados sobre el de la UE.
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Sarkozy y Basescu, gobernantes de Francia y Rumanía, durante el Consejo
Hay guerra política en Europa para rato

La gran sorpresa que nos deparó el sainete de ayer en Bruselas fue el firme alineamiento de Jose Manuel Durão Barroso, hasta ahora conservador y dócil presidente de la Comisión, en la defensa de la postura de su comisaria Viviane Reding y de toda su Comisión europea. Por primera vez, Barroso le ha plantado cara de manera sólida a los Estados. Cumplía con su obligación, es cierto, pero hay que recordar que no siempre lo ha hecho con tal diligencia.

Este episodio marca una cesura en las relaciones de esta Comisión –y quizá de las que vengan en el futuro- con los Estados. No hay que perder de vista que desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, la acción de la Comisión y de su presidente se debe en igual medida a la fiscalización del Europarlamento, sede de los representantes directos de los europeos. Los comisarios van a buscar cada vez más la aprobación de los diputados que de los gobernantes, aunque no hay que hacerse ilusiones, pues aún dependen en gran medida de ellos, que son quienes los nombran.


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Viviane Reding, es vicepresidenta de la Comisión europea y una de las más experimentadas políticas de la Unión tras 10 años como comisaria. Nunca ha tenido pelos en la lengua a la hora de defender el derecho y las políticas de la Unión ante los gobiernos nacionales. Nunca ha rehuido la controversia y quizá albergue ambiciones más altas, como algunos analistas pretenden. Ahora bien, esta semana ha demostrado entereza y coraje político, pues con su dura denuncia del engaño de Francia ha puesto con toda seguridad fin a su carrera política europea. Los Estados –y Francia en particular- no le van a perdonar que señale sus vergüenzas. Tiene más mérito aún si cabe por cuanto Reding pertenece a la misma cuerda política que Sarkozy y la inmensa mayoría de los gobernantes europeos, conservadores.

También Durão Barroso sorprendió con su defensa de la independencia de la Comisión. No tenía tanto que perder, pues ha alcanzado la cima de su carrera política, pero esto precisamente es una buena señal para quienes aspiren a fortalecer el poder político de la Unión frente a los Estados, pues Barroso ya no tiene por qué pagar favores y en los 4 años que le quedan en el cargo bien puede orquestar nuevos sainetes como el de esta semana para seguir impulsando la independencia de la Comisión europea frente a los nacionalismos de Estado.

Fernando Navarro Sordo
Europa451
Foto: socialeurope/Flickr; Consejo Europeo
 


Comments

Rive Gauche
18/09/2010 09:25

Soy socialista y la actitud de Zàpatero me parece deplorable, tanto por la traicion a los principios del socialimo como la de la falta de respeto a las normas y a las cometencias que en este caso residen en La Comision y el Parlamento Europeo. A partir de ahora que no se las de mas ni de europeista ni de socialista, despues de haber claudicado ante el impresentable de Sarkozi al que no le ha importado por puro electoralismo cargarse las señas historicas de identidad de Francia de Igualdad, Libertd y Solidaridad.

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