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ENFOQUE I La entrada en la edad de jubilación de la generación del Baby-Boom está siendo un reto para las sociedades europeas. Nacidos entre los años 50’ y 60’, son más numerosos que los de generaciones posteriors. La financiación de sus pensiones corre peligro. ¿Cómo están manteniendo su nivel de vida?
No nos engañemos, jubilarse implica en la mayoría de los casos una pérdida del nivel de vida con respecto a los últimos años trabajados. La tasa media de reemplazo, es decir la proporción de la pensión por jubilación con respecto al salario de los últimos 10 años antes de jubilarse, según datos de Eurostat para 2008, es del 49% en la Unión Europea. Se trata del mismo porcentaje que en los Estados Unidos de América. Austria y Francia son, con diferencia, los países en los que se pierde menos poder adquisitivo, al conservar el 68% y el 66% respectivamente de sus salarios medios anteriores. En el Reino Unido, Grecia y Dinamarca el jubilado se lleva un jarro de agua fría al conocer el nivel de su pensión con relación a su media salarial anterior: el 41%. España, por debajo de la media europea, sitúa su tasa de reemplazo en el 48%.

No obstante, nuestros mayores no viven, por lo general, sólo de las pensiones públicas. También pueden beneficiarse de planes de pensiones privados por capitalización de sus ahorros, o por mantenerse activos, trabajando más allá de los 65 años o de la edad legal de jubilación. Los países europeos cuyos niveles de vida entre los mayores dependen más de las pensiones públicas son Francia (85%), Bélgica (81%) y Austria (79,5%). En las antípodas se encuentran el Reino Unido (49,4%), los Países Bajos (48,2%) y Finlandia (14,5%), siempre según datos de Eurostat. España se sitúa en mitad de la tabla con el 70,4%.

Curiosamente, en los países en donde los ingresos de los mayores de 65 años dependen más de la pensión pública, es donde esos mayores permanecen más tiempo trabajando y obtienen menos rentas del capital privado. Es el caso de Austria, Italia, España, Portugal e Irlanda, en donde el 19%, el 23,8%, el 24,5%, el 29% y el 21,2% de los ingresos de los mayores de 65 años provienen del trabajo. En cambio, suelen vivir de las rentas del capital ahorrado e invertido en planes privados de pensiones los mayores de los países en los que la pensión pública cubre menos el coste de la vida. Sucede así con El Reino Unido, los Países Bajos y Finlandia, en donde los ingresos por rentas del capital de los veteranos es del 38,5%, el 41,9% y el 74%.
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La amenaza de la pobreza

Por desgracia, los mayores de 65 años, en ocasiones también conocen la pobreza. En el Reino Unido sucede esto con el 30% de los mayores, en España con el 28% y en Finlandia con el 23%. Mientras tanto, sólo el 15 de los austriacos y de los alemanes en edad de jubilarse son pobres, mientras que aún menos sufren la pobreza en Francia y los Países Bajos, con un 11% y 10% respectivamente.

Las previsiones de la comisión europea para la casi totalidad de los países de la Unión, es que la tasa de reemplazo de las pensiones públicas con respecto al salario medio anterior de las personas que se jubilan descienda de manera sensible. En España, por ejemplo, un 7,1%. En Suecia un 36%, y entre el 20% y el 25% en Italia, Austria, Francia y Portugal. Esto implica la necesidad de que los mayores se procuren por otros medios los ingresos necesarios para no darse un batacazo en la edad en la que la seguridad es lo más valorado. Esta realidad coincide con el desarrollo de sistemas privados de pensiones por capitalización de los ahorros, o con las reformas que pretenden retrasar la edad de jubilación. En España, el Gobierno apostaría por esperar a los 67 años, en el Reino Unido por los 68 años, y en Suecia ya van por los 70.

Próxima entrega: Muchos jubilados y poca población, el marte 28 de septiembre.

Fernando Navarro Sordo
Europa451
Foto, Laula/Flickr
 


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