La realidad es que todos los países están más o menos de acuerdo con las propuestas de la Comisión europea y de la Task Force liderada por van Rompuy para poner en pie esta Gobernanza económica. ¿En qué consistiría a grandes rasgos?
- Cuentas públicas basadas en el concepto de Prudencia Fiscal: hay que buscar y garantizar el equilibrio de las cuentas no sólo en el corto plazo sino en el medio plazo.
- El país que supere el nivel del 60% de la deuda pública deberá presentar al menos durante tres años consecutivos unos presupuestos que permitan reducir cada año en un 5% el nivel de deuda.
- La Comisión podrá imponer sanciones económicas a los Estados de la zona euro que no hagan bien los deberes. Estas sanciones son automáticas a menos que el Consejo europeo las paralice por mayoría cualificada de votos.
- Más transparencia de los Estados de cara a la Comisión europea para comprender qué elementos entran en cada país a formar parte del presupuesto anual.
- Los Estados de la Eurozona deberán asumir políticas auto-correctivas en el caso de graves desequilibrios macroeconómicos.
- De manera automática, los Estados que incumplan las recomendaciones correctivas del Consejo y la Comisión deberán pagar una multa anual equivalente al 0,1% del PIB, a menos que el Consejo anule la multa por mayoría cualificada.
El temor mayor de los Estados es descubrir que esta reforma implica nuevas competencias para la UE, en cuyo caso habría que pasar por el procedimiento ordinario: una convención europea, decenas de cumbres preparatorias, una visibilidad pública inevitable y la ocasión para los euroescépticos de sacara tajada electoral y paralizar la reforma. Además, el procedimiento ordinario exige que el Europarlamento apruebe la reforma por mayoría absoluta, y su enfrentamiento a las posturas de los Jefes de Gobierno empieza a ser tradicional.
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Foto: Consejo europeo











