Moneda de cambio
El razonamiento parece coherente, pero obvia que los 130.000 millones de euros del presupuesto anual de la UE no supera el 1% del PIB: insignificante si se compara con el presupuesto federal norteamericano equivalente al 20% de su producto interior bruto. Además, Cameron olvida que un par de días antes, el consejo europeo de ministros de economía y finanzas había rebajado las pretensiones del Parlamento hasta dejarlas en un máximo del 2,9%.
La clave reside en la simbiosis perfecta de su postura y los intereses de Francia y Alemania durante el Consejo europeo. Cameron no puede defender en su país –particularmente euroescéptico- cesiones mayores a la Unión en términos de finanzas y de competencias, si bien sabe que las reformas para una gobernanza económica europea son imprescindibles y positivas para Gran Bretaña. El eje franco-alemán necesitaba que se uniera a ellos un peso pesado como el Reino Unido para acelerar el trasvase de adhesiones hacia su propuesta de reforma del Tratado de Lisboa que incluya sanciones para los países con déficits excesivos. Si el Reino Unido aprueba las reformas sin gesticulaciones, entonces los irlandeses irán detrás sin referéndums cardíacos.
La moneda de cambio natural ha consistido en bloquear la idea de aumentar el presupuesto de la UE. Cameron puede blandir ante sus electores esta jugada como una victoria de las esencias euroescépticas británicas, mientras de tapadillo facilita la reforma de la gobernanza económica europea auspiciada por Alemania y Francia, que incluye detalles de grosor como que los bancos deberán contribuir al salvamento de los Estados que quiebren en la zona Euro.

El Parlamento es quien debe aprobar en última instancia el presupuesto europeo, que se aprueba en planes de siete años y se desglosa en ejercicios anuales. Antes de lo previsto, la guerra dialéctica para establecer el plan 2014-2020 ha empezado. Los actores son, por un lado la Cámara europea de diputados y la Comisión europea, y por otro el Consejo, que reúne a los 27 jefes de gobierno de la Unión. Los primeros ansían aumentar el presupuesto de la Unión, pues les daría más margen de maniobra para sus políticas y más autonomía de decisión: es decir, más poder político. Los segundos no quieren ni hablar de aumento, e incluso desearían reducirlo, como sucedió con las Perspectivas Financieras de 2007-2013.
“Mientras no renuncien al cheque británico, que se olviden de reducciones del presupuesto”, amenaza Martin Schulz, portavoz de los socialistas en la Eurocámara. Desde 1984, el Reino Unido goza de un descuento de dos tercios en su contribución a las cuentas de la Unión. "El Presupuesto comunitario no es comparable con los nacionales," añade Schulz. "La UE no tiene recursos propios. No tiene impuestos propios. No tiene dinero propio. El dinero que usa proviene de las donaciones de los Estados. La UE no puede endeudarse. Si hay que reducir el presupuesto británico es porque el Reino Unido ha contraído una enorme deuda" argumenta.
De momento, Cameron y los países poco proclives a aumentar el presupuesto europeo han ganado una primera batalla. Han logrado incluir en la declaración final del Consejo europeo de otoño que acaba de celebrarse en Bruselas una mención para que “se mantenga en un nivel moderado”. Entre los países que abogan por un aumento significativo de los dineros para las políticas de la UE están Polonia, Hungría y la mayoría de países del Este, que consideran no sin frustración que la solidaridad de la UE con ellos es mucho menor de la que hubo en los años ochenta y noventa con España, Portugal, Irlanda, Grecia y Alemania del Este. España, que a partir de 2012 se convertirá por primera vez en su historia en contribuyente neto a las arcas comunitarias, no ve con malos ojos un aumento del presupuesto.
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Así las cosas, el techo de aumento del presupuesto se establece en las negociaciones en un 2,9%. Esto augura un agrio enfrentamiento entre el Consejo y el Parlamento. El polaco Jerzy Buzek, presidente de la Eurocámara, trataba de atemperar ánimos: “Entendemos el valor de los duros recortes presupuestarios de los gobiernos nacionales. El Europarlamento quiere ser responsable y trabajar mano con mano con el Consejo. Sabemos que solo es posible optar a un presupuesto modesto, pero también hay que calcular el coste de la No-Europa o de la Menos-Europa”.
Alain Lamassoure (PPE), presidente de la comisión parlamentaria de Presupuestos, sostiene que la postura de Cameron y sus aliados “prueba la necesidad de reformar el sistema de financiación de la UE”. Son cada vez más numerosas las voces en la Comisión y el Parlamento que proponen la creación de impuestos europeos.
Fernando Navarro Sordo











