Es preocupante
De entrada es un mal síntoma para la relevancia de Europa en el planeta financiero. En el terreno práctico, esto significa que los países europeos tendrán menos responsabilidades a la hora de aportar crédito a la entidad, pero también menos capacidad de influencia a la hora de determinar cómo y a quién se otorgan los préstamos internacionales del FMI. Es decir, menos capacidad de imponer reglas y prácticas financieras a los gobiernos a quienes se presta dinero a nivel global.
Por otro lado, es el reconocimiento expreso y definitivo de que las economías emergentes están desbordando a las europeas, haciendo mejor los deberes en cuanto a productividad y presencia en los mercados internacionales. Obtienen más liquidez y más capacidad de prestar dinero. Por último, esta cesión es uno de esos cartuchos que sólo se usan en situaciones desesperadas para poder negociar ventajas en otros ámbitos. Europa necesita desbloquear las rondas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) con el objetivo de que los países emergentes dejen de amparar la piratería y el mercado de las imitaciones –sobre todo China- y abran más sus economías a las exportaciones de los países europeos, muy necesitados de invertir sus respectivas balanzas comerciales, sobre todo con países como Brasil o India.
Es interesante
En cambio, no todo es negro en el ADN de esta decisión. Europa ha cedido también porque ahora sí se lo puede permitir. Esta misma semana los ministros de economía y finanzas del Ecofin comunitario han seguido adelante con la idea de arbitrar un FMI a nivel europeo para evitar quiebras de Estados y contrarrestar movimientos de especulación contra la deuda soberana de los países europeos. El plan es que el fondo de reserva de 750.000 millones de euros que la UE creó en primavera de 2010 se convierta en fondo de garantía permanente, en el que incluso el sector privado esté involucrado mediante aportaciones. A esto hay que añadir que la laboriosa y discreta acción del presidente Herman van Rompuy está dando sus frutos y paso a paso se empiezan a vislumbrar detalles sólidos de un futuro gobierno económico europeo que armonice, acompañe y ayude a corregir las políticas económicas de los 27. No es casualidad que Francia y Alemania hayan dado su visto bueno esta semana la idea de sancionar a los países que permitan déficits y desequilibrios excesivos en sus cuentas públicas.
Es todo un sistema supranacional de supervisión económica el que está a punto de ponerse en marcha, y es motivo por el cual los Estados europeos no necesitan concentrarse tanto en el FMI. Es más, necesitan concentrarse en sí mismos. Lo importante es que este viraje de prioridades no desubique aún más la menguada influencia de la UE en las cuestiones capitales del nuevo tablero multipolar mundial.
Fernando Navarro Sordo
Europa451
Foto: Fondo Monetario Internacional











