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Nebahat Albayrak, la política laborista que no renunció a su nacionalidad turca en Holanda (Foto: pietplaat/Flickr)
ENFOQUE I Al nuevo gobierno de derechas en Holanda ya se le ve el plumero de la discriminación hacia los musulmanes. Mark Rutte acaba de provocar un rifirrafe diplomático con las autoridades de Ankara por su animadversión a la doble nacionalidad turco-neerlandesa en el Gobierno. El líder xenófobo Geert Wilders le apoya en parte.
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Aboutaleb (derecha), junto al lider laborista Job Cohen
Hasta hace cuatro meses, el actual primer ministro holandés, Mark Rutte, se sentaba en los bancos de la oposición. En 2007, clamaba contra la presencia en el Gobierno formado por socialdemócratas y democristianos de secretarios de estado con doble nacionalidad. Rutte y Geert Wilders –conocido por su rechazo frontal hacia el Islam y la inmigración- lanzaron una campaña de acoso y derribo contra Nebahat  Albayrak y Ahmed Aboutaleb. La primera ocupaba a la sazón el cargo de Secretaria de Estado de Justicia con pasaporte turco y neerlandés, mientras el segundo, de origen marroquí, ejercía de Secretario de Estado de Asuntos Sociales y Empleo.

Rutte y Wilders defendieron en el parlamento nacional una moción para forzar que los dos políticos laboristas renunciaran a sus respectivas nacionalidades de origen turca y marroquí o fueran cesados. “Ningún miembro del gobierno holandés debe ostentar otra nacionalidad que la neerlandesa”, proponían los líderes conservadores. Lograron que Aboutaleb, hoy primer alcalde musulmán de Rotterdam, abandonara su nacionalidad marroquí en favor de la holandesa, pero no alcanzaron su objetivo con Albayrak. Los conservadores llegaron incluso a dudar de la lealtad de Aboutaleb y Albayrak con respecto de los intereses de los Países Bajos.

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Mark Rutte (derecha), junto a David Cameron durante el Consejo europeo
Ahora, Rutte, a la cabeza de los Liberal-conservadores gobierna el país apoyándose en muleta externa del ultraconservador Geert Wilders. Y qué casualidad, entre sus secretarios de Estado se encuentra la ciudadana Marlies Veldhuijzen van Zanten, con pasaporte sueco y holandés. La oposición ha saltado de inmediato para denunciar su doble rasero y su actitud discriminadora, aunque valore que haya personalidades de origen extranjero en el gobierno.

“Rutte ya no tiene nada contra los extranjeros cuando es él quien gobierna”, recalca el líder de los laboristas Job Cohen. “¿Por qué hacer una distinción entre la doble nacionalidad turca o marroquí y la sueca?”, inquiere Femke Halsema, la líder de los Verdes. La propia Albayrak exige a Rutte que “pida disculpas a los millones de holandeses con doble nacionalidad”. Turquía ya ha emitido su disgusto por lo que considera una “clara discriminación contra los turcos”, según Faruk Çelik, ministro turco de Expatriados, quien se manifiesta “preocupado por el aumento de la xenofobia en los Países Bajos”.

Mark Rutte, enfundado en su aura de joven y simpático yuppie liberal conectado con la modernidad, opone, en cambio, unos argumentos con un tufillo islamófobo e imbuidos de pensamiento simplista y discriminatorio. “No es lo mismo ser sueco que turco porque en Turquía, si hablas mal del fundador del Estado, Atatürk, o si reconoces la existencia del genocidio contra los armenios, puedes terminar en prisión”, avanza sonriente ante los medios. “Además, Turquía puede exigir a cualquier turco-neerlandés que se una al ejército de la república turca para realizar un servicio militar”, añade sin explicar que en Turquía –como en cualquier Estado de Derecho- nadie realiza el servicio militar a los cuarenta años o cuando se encuentra en excedencia por ocupación de cargo público. Suecia, aparentemente no somete a sus nacionales a semejantes obligaciones. ¿Qué hacer, pues, con los miles de funcionarios holandeses que también ostentan la nacionalidad turca?

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Geert Wilders, muleta parlamentaria del gobierno de Rutte
Sumido en su delirio contra la presencia de extranjeros en Holanda, Geert Wilders tampoco está de acuerdo con que Rutte haya incluido a una ciudadana con pasaporte sueco en el gobierno. “Para mí lo mismo es un turco, un marroquí o un sueco”. Wilders exige que Van Zanten renuncie a su nacionalidad sueca. En todo caso, Wilders asegura que no tiene “nada contra el Islam, sino contra la doble nacionalidad”. Sólo apoyan a Rutte los calvinistas de Cristianos Unidos, para cuyo líder, André Rouvoet, tener un pasaporte turco o marroquí es “un problema” en el gobierno, mientras que “no sucede lo mismo con uno sueco”.

Fernando Navarro
Fotos: pietplaat/Flickr ; Newsphoto!/Flickr ; Consejo europeo.

 


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