Hemos sondeado las prioridades del gabinete de Màrie Geoghegan-Quinn, la comisaria europea de Innovación, Investigación y Ciencia: “En Europa no deben duplicarse los programas de investigación privada o pública. Queremos desarrollar un espacio europeo de investigación en el que las empresas colaboren entre sí, lo mismo que las universidades”. Y es que mientras un tercio de las empresas europeas innovan cooperando con empresas extranjeras, sólo el 11% lo hace con empresas de la UE. España e Italia ostentan el farolillo rojo de esta clasificación con un 4%.

Las causas del retraso europeo
Felipe González se lo pregunta un par de veces en su reciente libro “Mi idea de Europa”. “¿Por qué no surgen en Europa jóvenes empresarios inventores concibiendo dentro de sus garajes las empresas del futuro?” Este ex dirigente socialista y responsable del grupo de Reflexión para la Europa de 2020-30, incide mucho en la necesidad de reformar los sistemas educativos, universitarios y de formación profesional con el fin de que las nuevas generaciones substituyan su actual “conciencia de de demanda” por otra “de oferta”. Su preocupación es que los europeos “almacenamos muchos conocimientos pero no sabemos qué hacer con ellos. No enseñamos a los jóvenes a emprender, a poner en práctica sus conocimientos, de modo que llegan al mercado esperando que alguien les resuelva la vida”. Demandando, en vez de ofertando.
Los malos datos de la investigación española esconden una evolución que puede parecer paradójica: las grandes multinacionales sí han aumentado en 2009 su inversión en I+D. Esto, para Felipe González y muchos otras personalidades de la economía y la política, se enmarca en una tendencia europea al corporativismo. Es cierto que en los últimos 30 años, mientras el 50% de las principales empresas estadounidenses se ha renovado, en Europa esto sólo sucede con el 25%. Es decir, que son siempre los mismos actores empresariales quienes operan en nuestro continente y concentran cada vez más recursos, causa y corolario de la poca movilidad social de los emprendedores europeos.
Guy Verhofstadt, ex Primer ministro de Bélgica y actual líder del grupo Liberal en el Europarlamento, matiza: “En Europa sí se innova, por ejemplo en sectores como el farmacéutico y biomédico. El problema está en que mientras en los Estados Unidos, cualquier inventor puede comercializar su producto tras pagar la única tasa de la única patente necesaria, en Europa hacen falta 27 patentes”. En efecto, la semana pasada, Italia y España bloquearon los avances comunitarios para aprobar la nueva Patente Europea. ¿El impedimento? En España, la Ceoe se queja de “que el proyecto de Patente europea es discriminatorio porque sólo reconoce las lenguas inglesa, francesa y alemana”. A la pregunta de por qué la patronal española se queja y no lo hace, por ejemplo, la Finlandesa, hay que contestar con otra pregunta: ¿cuántos empresarios españoles saben hablar otro idioma que no sea el castellano? En todo caso, empresarios y políticos españoles aún no entienden que para que el uso del español avance dentro de la UE y sus instituciones es menester antes aumentar la influencia comercial de las empresas de este país.

La Comisaria Màrie Geoghean-Quinn prefiere que pongamos pies en la tierra y nos concentremos en el principal problema, según ella, que tiene la investigación y la innovación europea: el dinero. ¿Falta dinero? No fluye el necesario hacia el sector privado. A diferencia de los Estados Unidos, en Europa no hay una cultura del mecenazgo y la filantropía desarrollada. Además, en los EEUU existen fundaciones de canalización de donaciones para la investigación que permiten a los donantes desgravaciones fiscales muy importantes, cosa que no se da en nuestro continente. “Por último”, resume Geoghegan-Quinn, “en Europa no existe la cultura del riesgo de los Estados Unidos: si un emprendedor fracasa en Europa, dice que es culpa del sistema. Pero si le sucede lo mismo a un estadounidense, el fracaso lo asume como algo personal, como una cuestión de honor que debe revertir con todos sus esfuerzos”.
Fernando Navarro Sordo
Fotos: theonlyone/Flickr ; Paulamarttila/Flickr; Parlamento Europeo

















