Se avecinan, pues, días de vino y rosas para la izquierda desarbolada de este país rico que apenas ha sentido los efectos macroeconómicos de la crisis internacional. Las previsiones de crecimiento para este país en 2010 superan el 2% tras una caída de hasta el 5%el año pasado. Y es que los Países Bajos poseen un modelo económico basado en la exportación muy similar al alemán o el austriaco. Su tasa de desempleo se mantiene en el 5,1% en septiembre, mientras la inflación sigue controlada en el 1,6%.
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Sin embargo, si observamos de cerca las cifras del país, no es necesario realizar semejantes recortes en la administración pública holandesa. Entre septiembre de 2009 y septiembre de 2010 los ahorros de las familias han aumentado en 5.000 millones de euros, lo cual anticipa un aumento de la inversión privada, garantiza el mantenimiento del consumo y orienta las necesidades de liquidez de sus bancos. Además, el crédito privado ha aumentado en el mismo periodo de 780 a 888 millones de euros, lo que viene a confirmar que la banca abre a su vez el grifo de la liquidez. Sabiendo que los impuestos por los que el Estado más se financia son el IVA y los impuestos especiales como los del alcohol, la gasolina o el tabaco, que dependen de un aumento de la inversión y del consumo, es fácil deducir que el Estado holandés podrá deshacerse de la deuda contraída aumentando los ingresos derivados de la nueva actividad económica. Una actividad que con toda probabilidad volverá a permitir la creación de empleo, y por lo tanto un aumento de los ingresos estatales a través del impuesto sobre la renta.
¿Por qué, pues, tanta obsesión con recortar gasto público y eliminar miles de empleos en la Administración Pública? La respuesta la encontraremos con seguridad en el plan estrella del nuevo gobierno holandés: crear 3.000 nuevos puestos de policía y arbitrar un nuevo cuerpo de Policía Nacional que nunca antes había existido. Ya saben, para llevar malas noticias no hacen falta tantos carteros.
Fernando Navarro Sordo











