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PANORAMA I Unos porque no saben, otros porque no quieren, y otros porque están atrapados en su historia. Tras la presumible entrada de Croacia en la Unión en 2012, el panorama de las ampliaciones europeas se va a ver muy limitado. Tres casos paradigmáticos.
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Serbia dio la campanada el 25 de octubre pasado cuando logró arrancar de la Unión Europea una promesa de estudio en 2011 sobre su posible adhesión. Pero desengañémonos. Serbia es aún un país atrapado por su reciente historia bélica y autárquica. Aunque sus autoridades colaboran con el Tribuna Penal para la Ex-Yugoslavia, sus dos principales criminales de guerra siguen escondidos sin que nadie los ponga a disposición judicial. Se trata de Rtko Mladic y Goran Hadzic, sin cuyas cabezas no se abrirán las puertas de la adhesión.

Además, Serbia no dispone ni de lejos de una economía de mercado competitiva y capaz de hacer frente a las fuerzas del mercado interior de la Unión. “Ni siquiera a medio plazo”, asegura la Comisión europea. El propio Estado serbio se encuentra aún fragilizado, por lo que ha vuelto a retrasar o suspender la privatización de las numerosas empresas colectivas heredadas de anteriores regímenes y sus empresas públicas. En el plano macroeconómico,  a pesar de que sus exportaciones se han reactivado y la economía ha vuelto a crecer en 2010, el mercado de trabajo sigue degradándose. Con todo, progresa en su lucha contra la corrupción y la criminalidad organizada, lo que empuja a Stefan Füle, comisario de Ampliación, a afirmar que “Serbia tiene reservado un lugar en la Unión europea”. Eso sí, no antes de quince años.

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Islandia prosigue con su paripé kafkiano consistente en hacer como si fuera a entrar en la UE. La Unión hace lo propio. “Islandia satisface los criterios de adhesión y me felicito de la perspectiva de unas negociaciones sin obstáculos”, declaraba hace dos semanas Füle. Ciertamente, Islandia es una democracia que funciona bien, con sus garantías y una protección de los derechos fundamentales de alto nivel, con una economía de mercado viable. Sus cuentas públicas están hechas unos zorros, pero da igual, porque lo que interesa a los jerarcas comunitarios –la lucha contra la inflación- va fenomenal.

La UE sólo ve pequeños detalles que corregir: la pesca de la ballena, el respeto precario del medioambiente, la deficiente seguridad alimentaria y la pobre cultura fitosanitaria del islote rocoso. Nadie quiere ver lo más importante y delicado: el rechazo de la opinión pública islandesa a la adhesión. Sólo un 26% de los islandeses la apoya a día de hoy.

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Je t’aime, moi nonplus, parecen querer decirse mutuamente Turquía y la Unión europea. El 11 de noviembre, Füle declaraba “temer que estemos ante un agotamiento del proceso de adhesión de Turquía”. Y es que en 5 años que llevan abiertas las negociaciones  sólo se han abierto 13 de los 33 capítulos en los que se subdivide el proceso. Es cierto que el Estado turco está realizando reformas de calado para adaptarse a los estándares europeos, pero cada vez está más claro que lo hace a su ritmo y sólo por prurito modernizador, que no es poco.

Cada vez son más convincentes las demostraciones y declaraciones de la población y los dirigentes turcos sobre  la no necesidad de adherirse a la Unión y mantener una autonomía total que les permita ejercer el papel de rodamiento natural y geopolítico entre Oriente Medio, el espacio post-soviético, Occidente y África. Llevarse bien y ser la correa de transmisión comercial, económica y política de estas cuatro regiones del mundo les puede reportar grandes beneficios, para lo cual deben cultivar una neutralidad y una independencia escrupulosa. Sin confesarlo en voz alta, las autoridades europeas ven con buenos ojos esta evolución de las relaciones con los herederos del Imperio Otomano. Es la seguridad militar y energética de los europeos la que está en juego.

Fernando Navarro Sordo


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Comments

Freeman del Puerto
26/11/2010 08:28

Bajo mi punto de vista, todo lo que sea una nueva adhesion sin que antes la Union Europea haya arreglado los asuntos que ahora tiene planteados, democracia interna, union politica, gobernanza economica, politica energetica, emigracion etc, etc. no seria mas que añadir mas retrasos a la solucion de dichos problemas.

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Alberti
26/11/2010 10:49

El problema es que cualquiera de estos procesos de adhesión va a abocar, por su precipitación, a episodios de gran frustración colectiva europea. Malas noticias para una UE desnortada en el plano emotivo.

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toni
27/11/2010 15:22

Muy agudo el análisis de este artículo. Bien hecho, Sr. Navarro.

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