Seamos sensatos. En Suiza nadie es xenófobo. Los suizos no van a discriminar a los extranjeros imponiéndoles penas más duras que a los propios suizos por cometer un crimen. Es más, la Confederación Helvética siempre ha estado abierta a acoger al extranjero. Sobre todo al que viene a limpiar su dinero. Porque Suiza es un país limpio de polvo y paja. El problema es que celdas, jaulas, habitáculos protegidos y demás cajas fuertes están saturadas de divisas extranjeras pertenecientes a extranjeros con currículos dudosos a la espera de ser juzgados en sus propios países por evasión de impuestos. Suiza es una antesala de los juzgados del mundo. Una especie de juez instructor de la evasión de impuestos. Un país responsable que no deja que tal dinero sucio se escape a otras guaridas insalubres, y con él los bribones que lo han sustraído del erario público mundial.
Además muchos de esos piratas trajeados se instalan en alguno de los cantones suizos y nadie en Suiza les tiene manía. No seamos injustos: los suizos no son xenófobos. Xenófobos son los millones de europeos que a partir de ahora no irán de vacaciones a Suiza y denostarán con ligereza de juicio a los suizos en general por el resultado de un simple referendo cuya misión glorifica la voluntad popular del país más democrático del planeta. Xenófobos y antidemocráticos: ¡a dónde va a ir a parar este mundo sin suficientes suizos! Vamos hombre.
Fernando Navarro Sordo
Foto: rytc/Flickr















