Era una iniciativa inédita y aplaudida
De la noche a la mañana, casi con nocturnidad y sin indicios previos que lo hicieran previsible, la Comisión europea ha anunciado la anulación de un programa de ayuda al periodismo de investigación europeo. Enmarcado dentro de la estrategia europea para crear un ámbito público en Europa a través del periodismo y la comunicación, el propio Europarlamento, iniciador de la propuesta, había “acogido con satisfacción este proyecto piloto adoptado por la Comisión” para el periodismo investigativo transfronterizo. Miles de periodistas y centenares de medios de comunicación se hallaban hasta hoy inmersos en la redacción de sus proyectos de investigación, como por ejemplo los periodistas de Europa451.
La iniciativa de la Comisión europea sorprendió a muchos por lo innovador. Su propuesta principal era aportar el 75% de los costes del proyecto de una investigación que incluyera al menos dos periodistas europeos de nacionalidad diferente y cuyo trabajo de campo concerniera dos países. La fecha límite de presentación de los proyectos era el 15 de enero. Ahora, los periodistas se han quedado al pairo.

Los motivos oficiales aducidos por la Comisión europea son crípticos y, cuanto menos, señalan un nivel de descoordinación y temor a la libertad de prensa que empiezan a parecer consustanciales a la casta política que gobierna la Unión europea. “Tras continuos análisis de las condiciones en las que el proyecto piloto se hubiera desarrollado, las preguntas planteadas por los candidatos potenciales a las subvenciones y los contactos mantenidos con los iniciadores del proyecto, la Comisión concluye que las condiciones para su éxito no serán alcanzables.”
Al ser preguntado por Europa451.es si cree que los medios que han empleado efectivos para presentarse a la convocatoria se pueden sentir molestos, el portavoz de la Comisaria europea Viviane Reding, a cargo de la Comunicación, le ha pasado la patata caliente al Parlamento europeo: “La responsabilidad de la mala redacción de las bases corresponde al Europarlamento”.
La misma fuente nos confirma que ya habían empezado a recibir solicitudes de subvención en relación a las bases publicadas. La posibilidad de relanzar la iniciativa “depende de las conversaciones que tengamos con los iniciadores del proyecto [es decir el Parlamento Europeo] y de la posibilidad de sortear los obstáculos jurídicos planteados”, sugiere el subalterno de la comisaria Viviane Reding.
Siempre según el mismo portavoz, los problemas técnicos han sido en esencia tres: “Por un lado, no quedaba claro el método para comprobar a quién se envía el dinero de manera efectiva; en segundo lugar a la Comisión le está prohibido dar poderes a un jurado externo e independiente para dar premios en su nombre; por último, un proyecto de estas características es incompatible con la independencia de los periodistas”. La argumentación sigue sorprendiendo, pues la prensa internacional sobrevive gracias a subvenciones europeas directas y a campañas de publicidad institucional integrada en los diarios, en las televisiones y las cadenas radiofónicas. Según esta lógica, este sería el inicio de un desligamiento paulatino de las instituciones europeas con respecto de los medios de comunicación.

Para las teorías de la conspiración hacen falta pocas chispas cuando la transparencia brilla por su ausencia. Mientras Paypal, Visa y Mastercard han suspendido sus mecanismos de pago hacia las cuentas de Wikileaks -cuya web especializada en el periodismo de investigación política se ve sistemáticamente expulsada de sus servidores distribuidos por el planeta-, las redes sociales como Twitter censuran conversaciones sobre sur Wikileaks, y los Estados Unidos presionan para estrangular financieramente esta plataforma, ¿acaso podemos imaginar a la Comisión europea otorgando eventualmente subvenciones a Wikileaks en el marco del programa europeo de ayudas al periodismo de investigación?
A la pregunta formulada por Europa451.es, la Comisión europea afirma “no estar autorizada a dar información sobre si Wikileaks ha solicitado subvenciones de este programa”. ¿Se atrevería la Comisión a negar la recepción de una demanda de subvención por parte de Wikileaks si no fuera el caso? Y es que Wikileaks ya no está sólo. OpenLeaks y Balkanleaks se han sumado también al festival por la transparencia que vive el oficio del periodismo estos últimos meses. No en vano, el jueves 9 de diciembre se presentó en sociedad la nueva web BrusselsLeaks, con el objetivo de investigar en el entorno de la Comisión europea. Nadie conoce a sus promotores.
Sin embargo, lo más probable es que la Comisión se haya percatado de una mala o demasiado laxa redacción de las bases para optar a las ayudas. Y es que “investigación” puede querer decir mucho en manos de los periodistas, mientras en las mentes de los funcionarios de la Comisión europea probablemente sólo comprendiera un tipo reducido de reporterismo social alejado de los pasillos del poder bruselense. Se han visto desbordado por las previsiones temáticas y han echado el cerrojo.

“Queremos hacer una revolución en la política de comunicación de la UE”, aseguraba el 30 de agosto Viviane Reding, comisaria europea encargada de la Comunicación, en una entrevista concedida a Euractiv. Descontenta con los métodos existentes hasta ahora en la Unión, Reding pretendía provocar un choque cultural y de momento la prensa lo que ha percibido es un golpe tras un mes poniendo a trabajar a sus redactores para preparar los proyectos de investigación que ahora dormirán el sueño de los justos.
La Unión Europea gasta cada año más de 11 millones de euros en comunicación para presentarse en sociedad con un rostro humano del que presume. Organiza, además, toda clase de seminarios y formaciones para que los periodistas de a pie aprendan a ser periodistas europeos y no sólo nacionales. Hace tan sólo 3 días, los blogueros europeos de lengua española se reunían en Córdoba para analizar y lanzar estrategias que permitan resaltar la actualidad europea. Algunos de los participantes reclamaban transparencia a las instituciones. Lo sucedido hoy es una patada en el trasero a todas las buenas intenciones de los políticos o los profesionales de la prensa europea.
Fernando Navarro Sordo
Foto: Tomolo/flickr; Parlamento europeo; Wikileaks;
















