INVESTIGACIÓN I La silla vacía cubierta con una bandera cubana en el centro del hemiciclo europeo de Estrasburgo simbolizaba el día de la entrega del Premio Sajarov al disidente cubano Guillermo Fariñas, el divorcio político formal entre la Unión europea y el régimen de los Hermanos Castro. Sin embargo, detrás de las gesticulaciones, europeos y cubanos cooperan con normalidad.
Las autoridades cubanas no permitieron a Guillermo fariñas desplazarse a Europa para recibir de manos de Jerzy Buzek, Presidente de la Eurocámara, el Premio Sajarov en reconocimiento por su lucha a favor de la libertad de conciencia y los derechos humanos.

Hoy, se inicia el Consejo europeo en el que Catherine Ashton, jefa de la diplomacia de la Unión, tenía encomendado presentar su informe sobre los avances de las reformas en Cuba con la intención de revisar la Posición Común de la UE como desea España. Esta “posición común” condiciona en teoría las relaciones de la UE con Cuba a que el régimen de la Isla dé pasos firmes y constantes hacia una transición democrática y al respeto de los derechos humanos. Al final, dicha memoria encargada a Ashton por los veintisiete en la cumbre europea de otoño, no verá la luz hasta mediados de enero de 2011. “Las conversaciones con el gobierno cubano están en marcha”, tranquiliza la baronesa.

Raúl Castro, en gesto similar al de Fidel Castro (Onepotscreamer/Flickr)
Sin embargo, en el entorno de los europarlamentarios del PPE, principales defensores de mantener la postura europea de presión hacia el régimen de Cuba desde que José María Aznar lo propusiera en 1996, se afirma de modo tajante que no hay que llevarse a engaño: “la Posición Común no se va a anular” en enero. Antonio López-Istúriz, secretario general del PPE, subraya que “el propio gobierno cubano se ha molestado porque en octubre los gobernantes europeos solicitaron un estudio para explorar las vías de inicio de una relación bilateral. Así no hay quien se haga ilusiones”, concluye refiriéndose al enfado de Raúl castro el 29 de octubre al saber que la Posición Común no sería aún retirada.
Ladradores y poco mordedores
El eurodiputado comunista Willy Meyer se muestra escandalizado por la “hipocresía” en este asunto. “Cuba es el único país del mundo objeto de esta clase de ‘posición común’ por parte de la UE”. En el entorno de la izquierda unitaria europea se denuncia una doble vara de medir si se atiende a la ausencia de presiones hacia otras dictaduras, como la bielorrusa o la tunecina. Esta desazón se extiende a muchos socialistas europeos al comprobar que en los últimos ocho años la Eurocámara ha concedido tres veces el Sajarov a disidentes cubanos. “¿Es que no hay crímenes, ni persecuciones, ni ejecuciones sumarias en el mundo, salvo lo que suceda en Cuba? Estamos desprestigiando el premio Sajarov”, exclama Meyer.

El eurodiputado de la Izquierda Unitaria Europea, Willy Meyer
López Istúriz, por su parte, reclama el “valor simbólico del apoyo que el Europarlamento afecta a los prisioneros políticos cubanos, a quienes hay que animar”, y recuerda que en el asunto de la Posición Común están de acuerdo populares, socialistas, liberales y verdes. “Los dos tercios de la Eurocámara son de derechas y fascistas”, prefiere explicar Meyer. Si bien es cierto que desde 1999 el Parlamento tiene mayorías conservadoras, no lo es menos que el 90% de los acuerdos y leyes que aprueba salen adelante gracias a la alianza del centro-derecha, los liberales y los socialistas, a los que en los últimos tiempos se unen a menudo los verdes.
¿Significa esto que las relaciones entre cubanos y europeos están congeladas? Nada más lejos de la realidad. “He perdido la cuenta de las veces que me he topado con un stand de la Unión europea en la feria de muestras de La Habana”, apunta Meyer. Hace tan sólo dos días, los gobiernos de Grecia y de Cuba han firmado un convenio conjunto para reanudar la cooperación bilateral “no sólo política, sino en el ámbito de los transportes, la agricultura, el comercio y otras esferas”, según el viceministro griego de Asuntos Exteriores. Lo mismo hizo hace dos semanas el gobierno francés. Y es así con la mayoría de los países de Europa, España incluida.
Instrumentalización política
“Sin la Posición Común, las relaciones cotidianas entre ambas esferas no serían diferentes ni en el plano político, ni en el económico”, tercia Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano de Madrid. Según este experto en asuntos latinoamericanos, la Posición Común “no es plato de gusto para las autoridades cubanas y eliminarla serviría al gobierno cubano “para sacar pecho y enarbolar una nueva ‘victoria del pueblo cubano contra el imperialismo’, pero no saldría ganando el pueblo, sino el gobierno oscurantista de los Castro”.

Antonio López-Istúriz, secretario general del PPE
“En Cuba no hay guerra, no hay persecuciones, no hay terrorismo, y además la ONU la señala como ejemplo a seguir en política sanitaria, laboral o educativa: ¿por qué se la estigmatiza en Europa?”, vuelve a preguntar Willy Meyer, quien considera la reciente excarcelación de los presos políticos cubanos como simples medidas de gracia concedidas a delincuentes comunes. Obvia, pues, que en Europa también se aprecia el pluripartidismo, la libertad de conciencia y la de expresión, no siempre respetados en la Isla caribeña.
El empeño estéril del gobierno de Zapatero
Lo que cuesta entender es el empecinamiento del ex ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos y su sucesora en el cargo, Trinidad Jiménez, en estrellarse contra el muro de la mayoría liberal y conservadora de Europa. Cuando acudieron en octubre pasado al consejo europeo a solicitar la retirada de la Posición Común sabían que se encontrarían con el rechazo frontal del PPE, los Liberales y los gobiernos de Suecia, Chequia, Polonia u Holanda.

Rodríguez Zapatero (ferránpestaña/Flickr)
¿A qué viene semejante acción kamikaze? En el entorno del Partido Popular español se lamenta el pobre cálculo político de Zapatero, pues “ha puesto la ocasión en bandeja a la diplomacia europea de retirar a España la primacía de la interlocución europea con los países latinoamericanos”. Sobre todo ahora que con la entrada en vigor del servicio diplomático europeo (SDE) hay que demostrar que la diplomacia ya no se subordina a los intereses nacionales. “Yo no me lo creo. España pagará por todos, mientras las decisiones sobre las ex colonias francesas seguirán pasando por el Palacio del Elíseo y Catherine Ashton trabajará para la UE y de paso para el Reino Unido”, desconfía López-Istúriz.
“No se trata de una quijotada del gobierno español contra polacos, checos o suecos”, contradice Carlos Malamud. “Los socialistas españoles están convencidos de que es mejor poder influir en la transición cubana mediante una postura de diálogo antes que de enfrentamiento si se quiere evitar que el proceso se descontrole” y desemboque en enfrentamientos civiles. “En la UE no se toman las decisiones por unanimidad y no hay ni vencedores ni vencidos. En este caso ha habido un empate. Lo positivo para España es que Ashton toma el relevo y España sale del primer plano de este problema”, analiza Malamud.
El paso sólido de la tortuga
“Cuba nunca se inclinará ante esta postura por considerarla una injerencia en sus asuntos internos”, concluye Willy Meyer, para quien la Posición es un ataque a la independencia cubana que pretende apoyar a grupos políticos concretos en la Isla. “Ningún otro país del mundo aceptaría que otro apoyase a una facción política en particular”. “Con todo”, señala Malamud, “el camino es de una sola dirección: la cooperación. La relación dependerá de los humores con que se levanten cada día los Castro. El ritmo cansino que caracteriza a las diplomacias europea y cubana determinarán la velocidad” de la reconciliación.
Fernando Navarro Sordo
Fotos: Parlamento europeo y Willimeyer.es
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