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PERFIL I Trabajadora, machacona y rigurosa, la sueca Cecilia Malmström es, desde hace un año, la Comisaria europea de Interior. No es casualidad: su país está a la cabeza del planeta en acogimiento de asilados, y una de las prioridades de su mandato es la reforma europea en materia de asilo de aquí a 2013 después de que varios países hayan suspendido la aplicación de la normativa vigente Dublin II.
Se nota que José Manuel Durão Barroso, el presidente de la Comisión europea, se juega otra cosa que su continuidad en el cargo, tras un año de su segundo mandato. Se trata de su credibilidad como líder europeo independiente de los Estados y sus gobiernos. No es casual que en este su sexto año a la cabeza del ejecutivo comunitario haya acumulado más conflictos con los jefes de Estado y gobierno –romaníes en Francia, presupuesto europeo, gobernanza económica, crítica a la ley de prensa húngara- que en toda su carrera pasada.

Ahora bien, lo más llamativo del rumbo independiente que le quiere dar a la Comisión europea es la elección de los comisarios europeos para cada cartera. No es que haya decidido limar el perfil liberal de su primer mandato, pero se las ha apañado para colocar en cada departamento a la persona cuyo país mejores credenciales obtiene en el sector determinado. Es lo que se verifica también con Cecilia Malmström, Comisaria europea de Interior, y lo más parecido a un Rubalcaba que tiene la UE para sus asuntos de interior.

La prioridad: los demandantes de asilo

Malmström viene de una larga experiencia en asuntos europeos. Durante años fue eurodiputada de la Alianza de Liberales y Reformistas y, de vuelta a casa durante un par de años, ministra sueca de Asuntos Europeos. Siendo su país un modelo de integración de inmigrantes y de acogimiento de asilados, “es una de las razones de peso por las que el Presidente me ha confiado este cargo”, me comenta durante un encuentro en la sede de la Comisión europea. Terrorismo, inmigración, asilo, fronteras o visados, son parte de sus frentes abiertos diarios. Para todos tiene un plan y el apoyo incondicional de Barroso.

“Su principal atención” se centrará en “luchar contra el temor a la inmigración” y en “unificar los criterios de acogida de demandantes de asilo y asilados en los países de la UE”. Y es que hay países del club de los 27 que aplican normas más severas que otros, lo que provoca quejas por discriminación y desequilibrios potenciales de un país a otro. Grecia o Malta, por ejemplo, llevan años con el grifo del asilo cerrado. Y todo provocado por la normativa vigente –conocida por el sobrenombre de Dublín II- que obliga a cada demandante de asilo a dirigir su petición al Estado por el que entró en la UE.

Siendo Grecia una frontera natural emigrantes asiáticos que usan Turquía como puente hacia Occidente, se entienden la desconfianza griega hacia el sistema actual. “La situación de los refugiados en Grecia es crítica”, acaba de de prevenir la Unión europea desde Hungría. En diciembre, 40.000 nuevos inmigrantes han atravesado la frontera de Turquía con Grecia, solicitando asilo. Sin embargo, frente a la media de 27% de demandas de asilo aceptadas en la UE, Grecia sólo termina concediendo este estatuto al 0,7% de quienes lo solicitan.

El inmigrante divide a Europa

“En paralelo”, asume Malmström, “necesitamos más inmigrantes y tenemos que encontrar un sistema que les permita venir a Europa”. “Queremos una legislación más amplia en relación a la Blue Card”, el permiso que permite a los trabajadores cualificados de terceros países, ser empleados en la UE durante una serie de años, por periodos renovables una sola vez. En este punto, Malström se alinea con quienes defienden una inmigración selectiva en la que cada país decida qué necesita y qué inmigrantes acepta según su especialización profesional.

En todo caso, lo tiene difícil, pues los 27 están muy lejos del consenso: en muchos países, como Alemania, Holanda o Francia, el tema de la inmigración es cada vez más sensible, con independencia de la situación de crisis y desempleo actual. El problema, es que las sociedades europeas ven cada vez menos los beneficios que aportan los inmigrantes. En Alemania, el ex socialista Thilo Sarrazin llega a sugerir que “su coeficiente intelectual es menor”. El discurso común de la extrema derecha lleva años calando no solo en el electorado de centro derecha, sino también entre los que se consideran de izquierdas.

“Ciertamente, el ascenso de la ultraderecha es notable en toda Europa. Hay gobiernos en los que tienen una influencia directa”, señala Malmström en referencia velada a Holanda o Italia. En su propio país, Suecia, los extremistas del Partido Democrático han accedido por primera vez en la historia al Parlamento, en otoño de 2010. “Necesitamos un liderazgo fuerte para abordar el debate y la discusión con estos partidos”, añade Malmström, de convicciones liberales. “Veo a muy pocos políticos europeos que estén dispuestos a dar la batalla dialéctica contra la ultraderecha.” ¿Una declaración de intenciones? Con 42 años, es madre de 3 hijos y su dilatada carrera política no ha hecho más que empezar.

Fernando Navarro Sordo

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Comments

24/01/2011 11:56

Hace falta gente que rebata a la extrema derecha sus argumentos y falta también una educación que enseñe valores como el respeto y la tolerancia en Europa.

Saludos,

Jorge Juan

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