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COMENTARIO I Nicolas Sarkozy se daba golpes en el pecho en defensa del Euro durante la reunión de poderosos del mundo en Davos. Amenazaba con hacer caer todo el peso del motor europeo franco-alemán sobre quienes apostaran contra la moneda única. Sin embargo, es falso que exista una unidad de criterios entre Alemania y Francia con respecto a cómo garantizar la estabilidad de la zona Euro.
La solución es sencilla: aprobar de una vez por todas una gobernanza económica de la Unión. Es decir, unas reglas de comportamiento fiscal y macroeconómico aplicables a los países del Euro y establecer una autoridad con capacidad de sancionar las desviaciones de los gobiernos al respecto.

Francia y Alemania: mi gobernanza contra tu gobernanza

De momento, sólo de forma aparente están de acuerdo Francia y Alemania en esto. Ciertamente, llevan desde la celebración del consejo europeo de otoño de 2010 tratando de negociar el mínimo común múltiplo para que la Comisión europea y el presidente de la UE, Van Rmpuy, tengan competencias de gobernanza económica europea. Pero la frustración se ha hecho patente en las bancadas del Parlamento europeo, en los despachos de la Comisión europea y entre algunos Estados –como Luxemburgo-, que consideran que la fórmula privilegiada hasta ahora –la de sanciones semiautomáticas- no tendrá eficacia alguna.

El problema de base, lo que garantiza que el Euro y las economías del euro sigan a merced de gobiernos tramposos o de mercados en manos de especuladores, es precisamente el gran desacuerdo existente entre Alemania y Francia sobre lo que tiene que ser la “gobernanza económica”.

Para los franceses –y la mayor parte de los Estados meridionales y occidentales- gobernanza implica creación nuevas instituciones, confianza en expertos independientes, intervención pública en la economía y en definitiva más Estado.

En cambio, para los alemanes –y buena parte de los países nórdicos-, gobernanza económica significa simplemente otorgar más poderes de intervención al Banco Central Europeo, que da la casualidad que se encuentra en Alemania y muy controlado por ciudadanos alemanes.

De ahí que de momento no haya un acuerdo en el horizonte entre ambos. Los alemanes, por su parte, están tranquilos con el statu quo actual, pues la deuda pública germana es el valor de refugio que usan los mercados para especular sobre las deudas soberanas de los demás países del euro, como España o Portugal. Saben que la acción de los especuladores beneficia a la deuda soberana alemana.

La pregunta que se impone es la siguiente: ¿qué debe suceder para que Alemania opte por una gobernanza económica con más capacidad de acción para el Estado y menos libertades en los mercados financieros? Una de dos: o un milagro o que los europeos retiren su dinero de los bancos alemanes.

Fernando Navarro Sordo
Imagen: Eric Caballero/Flickr

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