Claro, esto nos lo dice ZP o el tecnócrata Durao Barroso y lo único que suscita es más terremoto en los mercados, un solapado sentimiento de compasión entre el público y, acto seguido, la rechifla de la mayoría de las redacciones del planeta. O la simple indiferencia. Pero lo dice Sarkozy, con ese aire patibulario que adopta cuando quiere meter miedo y gastárselas de dueño del barrio, y todo suena como a garrote vil y a fogonazos en la noche. Y la gente se lo toma en serio. Bueno, todos no, sólo los menos avispados.
Y es que el mundo de las finanzas que se reúne en Davos sabe perfectamente que puede hacer con el euro lo que se le antoje, y en especial para forzar a determinados países a adoptar reformas que convengan al sector privado –sin prejuzgar aquí si las reformas son positivas o negativas en general-. ¿Que los mandamases del mercado están antojados de privatizaciones en Grecia? Un vuelta de tuerca al euro y adelante. ¿Que la burbuja tecnológica y fiscal irlandesa había encarecido las inversiones en el país? Otra vuelta de tuerca al euro y adelante. ¿Qué en España hay que forzar la conversión de cajas de ahorro en bancos e incitar a la población a invertir e planes privados de pensión? Amenaza contra el euro y la deuda soberana española, y adelante.
Sería un engaño pensar que Merkel y Sarkozy están seriamente preocupados por el euro: los hilos que mueven los mercados nunca atacarán los intereses de estos dos países. Sarkozy puede gesticular y darse todos los golpes en el pecho que desee en pos de la defensa del euro, pues en sus manos y en las de Merkel está que el Banco central Europeo intervenga comprando deuda soberana, que exista un gobierno económico europeo que se sume al monetario y que se impongan sanciones a las entidades financieras que vuelvan a hacer trampas como en el pasado. Y sin embargo, no hacen nada.
Fernando Navarro Sordo





















