Estos costes están a menudo relacionados con la gestión de la basura radiactiva, con los costosos seguros en caso de accidente nuclear, así como losn gastos de desmantelamiento de una planta en desuso. En Europa son las administraciones públicas quienes asumen estos costes, y sucede que suelen ser muy elevados.
“Si estos costes estuvieran incluidos en el coste marginal de producción de energía nuclear”, advierte el eurodiputado Verde Michail Tremopoulos, “es muy probable que se resienta la competitividad de esta fuente energética”. Como ejemplo, la autoridad británica encargada del desmantelamiento de las centrales obsoletas en dicho país (la Nuclear Decommissionning Authority), evalúa en su informe anual 2009/2010 sus obligaciones futuras a altura de 44.500 millones de libras.
Según el democristiano Günter Öttinger, comisario europeo de Energía, esta situación debe acabar pronto. “El precio de la electricidad debe reflejar todos sus costes”, asegura este alemán, colega de partido de la canciller Angela Merkel, embarcada a su vez en un debate de partido y de país sobre la energía nuclear tras haber apoyado la continuación de las centrales y haberse desdicho hace dos meses de seguidas del terremoto en Japón y el desastre nuclear acaecido.
Y es que en el seno de la UE se está abriendo paso con mucha fuerza un principio cada vez menos discutido: “Quien contamina, paga”. Esto se va a aplicar al transporte y a la industria en general, lo que forzará de ahora en adelante a los operadores productores de energía nuclear a pagar la factura de los costes marginales mencionados. Por descontado, estos operadores repercutirán los costes sobre el precio final al consumidor, quien deberá, pues, fregar los platos y constatar el verdadero precio de la energía nuclear. Sobre todo en países que tradicionalmente han gozado de energía nuclear subvencionada, como Francia, Finlandia o el Reino Unido.
















