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ENFOQUE I A las puertas del verano, las autoridades temen un aumento del abandono de perros en la vía pública en Europa. En algunos países, el perro callejero es toda una institución. Matarlos, puede ser un negocio rentable.
Se acerca el verano y las familias que adquirieron mascotas o animales de compañía a la ligera se ven a menudo seducidas por la idea de abandonarlos en calles o carreteras para evitar ocuparse de ellos en vacaciones. Es más, por norma general, los establecimientos hoteleros no admiten animales en sus habitaciones o refectorios, o bien imponen un sobreprecio que muchos usuarios no están dispuestos a desembolsar. Como tampoco están dispuestos a invertir en las residencias de perros y otros animales domésticos que proliferan por toda Europa a precios que oscilan entre los 6 y los 30 euros diarios.

A título de ejemplo, sólo en la provincia de Navarra, en España, se abandonan más de 2.000 canes al año. Hasta hace un par de décadas, era habitual que cada calle española tuviera su “perro callejero” del que todos los vecinos se ocupaban de manera informal y maltrataban a las más de las veces. El “perro callejero” formaba en Europa parte de la cultura popular e incluso se había erigido en personaje literario. Libros, películas y canciones han recogido tradicionalmente las andanzas de estos seres en cuyas simbólicas vidas errantes a menudo sus autores veían reflejada su propia existencia.

¿Qué hacer cuando no hay dónde retenerlos? En países como Eslovaquia, Hungría y Rumanía apenas empiezan ahora a plantearse la cuestión. El pasado 5 de abril, los diputados del parlamento rumano votaron a favor del sacrificio de los canes errantes. Es algo que ya se hace en España y que el Parlamento Europeo ha condenado en múltiples ocasiones por contravenir el Tratado de Lisboa, que considera que estos animales “están dotados de sensaciones”.

El propio eurodiputado austriaco Andreas Mölzer sugiere que en Rumanía las administraciones públicas conceden primas por el sacrificio de cada perro abandonado, lo que”podría conducir a mucha gente a producir perros destinados en exclusiva a ser sacrificados”.

En España, a menos que una organización defensora de los animales pague a las perreras para salvar la vida de uno de estos perros condenados, su destino es la muerte. Es más, según estas organizaciones, la única solución a largo plazo para controlar el problema de los perros callejeros es instaurar un programa europeo de castración, una eventualidad que la Comisión Europea ha descartado por quedar fuera de su competencia.

De momento, la UE tiene previsto proponer en diciembre de 2011 una revisión de su Directiva de bienestar de animales destinados al sacrificio, en la que desea incluir un capítulo dedicado a estos canes. En paralelo trabaja en un Plan de Acción para el bienestar animal de la UE. Este plan impondrá un registro único comunitario para los animales de compañía, y establecerá normas para la cría y el comercio de perros y gatos.

El pasado 20 de mayo, tras una huelga de hambre de 23 días, Beatriz Menchén, ex gerente de la perrera de Getafe, en las inmediaciones de Madrid, logró que el ayuntamiento de la ciudad firmara un compromiso por el que sólo autorizaría a sacrificar los animales abandonados que no estén sanos. Una medida que sólo se aplicaba en algunos municipios de Cataluña y que las organizaciones protectoras de animales quisieran extender a toda España.

Europa451
Foto: gelopg/flickr

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