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ENFOQUE I El enemigo se hace llamar Lagarta Peluda, pero las víctimas colaterales pueden ser humanos, abejas y aves migratorias. El eurodiputado español Raül Romeva denuncia fumigaciones aéreas incontroladas a base de diflubenzurón en el Campo de Gibraltar, ese deep south europeo rodeado de alcornocales frente a las costas marroquíes, cuyo 60% territorial pertenece a la Red Natura 2000.
Desde hace casi una década, cada primavera, avionetas fumigadoras sobrevuelan el Parque Natural de los Alcornocales, en Cádiz, para eliminar unas orugas (Lymantra dispar) que antes de las fumigaciones sólo aparecíen en ciclos de siete años, mientras que ahora lo hacen todas las primaveras. Hoy, dos interesantes maneras de analizar el impacto económico de estas fumigaciones se contraponen para la defensa del medio ambiente y del negocio del corcho.

Los 14 kilómetros de mar y las riberas que separan África de Europa son uno de los ecosistemas más frágilizados del mundo debido al intenso tráfico de buques navales, a las industrias portuarias de la zona, la presión turística y migratoria y las actividades de generación de energías.

Este Estrecho de Gibraltar es, además, la pasarela natural que usan millones de aves migratorias cada año en sus singladuras de norte a sur y viceversa. Por último, la comarca septentrional es conocida por su riqueza forestal y por ser la mayor productora de corcho de alcornoque de Europa, usado en general para los tapones de las botellas de vino y espumosos del mundo entero.
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Alcornoques en Cádiz, España
Todos pringados

Desde 2005, según confirma la UE, las autoridades andaluzas proceden a intensas campañas de fumigación aérea financiadas al 70% por fondos europeos FEDER. La intención, defiende Felipe Oliveros, responsable de la Junta Rectora de la comarca, es eliminar las plagas de una oruga conocida como Lagarta Peluda con una mezcla “inocua de aceite vegetal y diflubenzurón”.

Sin embargo, Ecologistas en Acción denuncia que estas fumigaciones provocan cada año persistentes urticarias y toda clase de reacciones cutáneas en la piel de los vecinos de la comarca. Ventanas, automóviles, animales domésticos y enseres aparecen de la noche a la mañana rociados de esta sustancia grasienta que inhibe la transformación de la oruga en mariposa. Es más, los ciudadanos denuncian que las aguas del pantano cercano que surte de agua potable a las poblaciones circundantes amanecen cubiertas de una fina película de aceite los días posteriores a las fumigaciones aéreas.

Según el eurodiputado Raül Romeva (grupo de los Verdes), el gobierno andaluz hace oídos sordos a las peticiones y recogidas de firmas por parte de los ciudadanos para detener las fumigacionbes. Estos habrían incluso aportado pruebas de intoxicaciones relacionadas con  la desinsectización en cuestión y temen, por último, que haya accidentes debido a la baja altura a la que vuelan las avionetas.

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Aeronave fumigadora
Dos efectos mariposa contrapuestos

Los defensores de la fumigación aérea argumentan que, si no se evita la aparición de orugas y mariposas, la producción anual de corcho se retrasaría seis meses, un retraso aparentemente inasumible para los productores de corcho. Tanto autoridades españolas como europeas justifian estas fumigaciones porque sólo se efectúan cuando los métodos insecticidas naturales no limitan la población de estos “agentes desctructivos en niveles tolerables”. “De hecho”, pretende desmarcarse el comisario europeo John Dalli, “a partir de diciembre de 2011 endureceremos las condiciones de uso de fumigaciones aéreas”.

En cambio, Ecologistas en Acción sostienen que lo único que sucede con las orugas es que el alcornoque pierde sus hojas durante uno smeses para recuperarlas con más vigor poco después. “Está demostrado que la calidad de la bellota mejora al año siguiente de las orugas.” En palabras de esta organización, en décadas pasadas las plagas de Lagarta Peluda se daban cada siete años, y desde las fumigaciones aparecen casi todos.

Romeva echa en falta más precaución, y sugiere “subvencionar el aumento de la biodiversidad mediante campañas para favorecer la nidificación y mejora de la población de aves insectívoras, auténticos insecticidas naturales”. De hecho, las poblaciones de golondrinas han disminuido drásticamente en la comarca y ya casi no hay abejas, otro de los insectos cuya desaparición en Europa preocupa a la Comisión Europea.

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Ecosistemas a punto de estallar

El corcho se extrae de la corteza del alcornoque, un tipo de roble mediterráneo. De la economía de este material viven decenas de miles de familias en la Unión. Su alto valor de mercado compensa la escasez de fuentes de ingresos de las zonas mediterráneas en que crece. Sin embargo, su sistema de producción está en peligro debido a la aparición de tapones de plástico que imitan el corcho para botellas de vino. Fue un monje francés del siglo XVIII llamado Pérignon quien descubrió las propiedades de esta corteza para el cierre de botellas de vino y su conservación. También es muy preciado como material aislante en inmuebles, como revestimiento de piezas motoras o para la producción de boquillas de cigarrillos.

La desaparición de las abejas en todo el planeta se constata desde hace ya quince años. De la existencia de estos eficientes polinizadores depende la producción mundial de productos hortofructícolas y la supervivencia de miles de especies vegetales (en Europa el 84% de los plantíos). La UE ha lanzado este año un programa de recuperación de las abejas que incumbirá a decenas de miles de apicultores. España es uno de los países más afectados, el Reino Unido ha perdido casi toda su población de abejas y abejorros, Francia y Alemania han visto disminuídas sus poblaciones en un 30% en los últimos años. La UE sólo aprobará insecticidas y plaguicidas inocuos con las abejas a partir de 2012.

Fernando Navarro
Europa451
Fotos: tilyuday/Flickr; btbuonvino/Flickr; santiagonicolau/Flickr; YOYI/Flicjr


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