INFORMACIÓN I En la línea más atestada del metro de la capital británica se registra una temperatura media en los andenes de 32 grados. A pesar de los escépticos, el mundo sigue generando innovaciones insospechadas para ahorrar energía y frenar el cambio climático.
En invierno cae de maravilla, pero en verano puede ocasionar incluso asfixias en los viajeros. Dos millones de personas utilizan a diario el metro londinense para desplazarse. Afrontan un problema común a otras redes como la de Barcelona, Colonia o Nápoles: el calor del aire en los andenes y vagones.
Quitando que Barcelona fue la primera ciudad del mundo en resolver este problema mediante la introducción de aire acondicionado en 1949, los científicos y los responsables del suburbano de la capital inglesa buscan ideas más ahorrativas en términos energéticos y económicos. Por ello, un grupo de expertos intenta hallar una solución en respuesta a una invitación del propio alcalde de Londres.

Los obstáculos que deben afrontar los ingenieros tienen que ver con los principios de la termodinámica. En efecto, los trenes entran en túneles poco más grandes que ellos y expulsan el aire frío hacia adelante durante su recorrido, por lo que no se consigue bajar la temperatura. Otro problema reside en la época de construcción, ya que las líneas más profundas han sido excavadas en la arcilla, que al principio absorbía el calor, pero hoy ya no es así, puesto que decenios de calor constante la han calentado. Las fuentes de calor son los motores eléctricos que bombean aire caliente en los túneles y la energía cinética, que se dispersa en forma de calor. Los trenes se calientan también parados.

Entre las ideas barajadas por parte de la empresa encargada del enfriamiento de la red de metro londinense figura la de introducir un ventilador en la parte superior del conducto para intentar mejorar la situación, ya sea mediante la aspiración del aire caliente, ya sea mediante nuevos métodos para introducir aire frío. También se contempla la hipótesis de cargar piezas de hielo en los trenes.

las líneas más profundas han sido excavadas en la arcilla, que al principio absorbía el calor, pero hoy ya no es así, puesto que decenios de calor constante la han calentado

Están en estudio otras más sofisticadas. Como por ejemplo la de introducir frenos capaces de convertir la energía cinética en electricidad en vez de dispersarla en forma de calor, o bien utilizar agua existente en algunos pozos o acuíferos para enfriar el metro y reciclarla en un momento posterior. Otras ideas tienen que ver con el aligeramiento de los vagones o la disminución de la fricción de las ruedas para intentar reducir la generación de calor.

Pero la idea más ambiciosa es reciclar el calor del metro para contribuir al calentamiento de viviendas y establecimientos, y reducir dicho calor para potenciar el uso del metro por los ciudadanos. ¿Lograrán su objetivo estos técnicos londinenses? Estamos citados en su metropolitano a partir del verano de 2012 para comprobarlo.

Fernando Navarro
Europa451
Foto: iameliottsmith/Flickr

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