Saben quiéne eres, pero no es verdad
Entre las preocupaciones obvias en cuanto al hecho de que unos desconocidos sepan cosas personales sobre nosotros, Acquisti destaca el problema de lo que suceda cuando la tecnología cometa errores. “Estamos acostumbrados a realizar enormes extrapolaciones a partir de datos frágiles. Es imposible evitarlo, pues tal es nuestra naturaleza”.
Ya hay compañías que utilizan las redes sociales para destruir la reputación de alguna persona. La californiana Social Intelligence, por ejemplo, revisa las redes sociales para averiguar si alguno de sus empleados o candidatos a serlo han realizado alguna vez en sus vidas afirmaciones racistas o si publican fotografías sexualmente explícitas. Otras, como Klout, controlan el nivel de “influenza digital” de sus empleados ofreciendo incentivos a los mejor colocados en la Red.
Acquisti señala también las trampas en las que caen a menudo los que se fían demasiado de los datos provenientes de los medios sociales. En este sentido, se ha realizado un experimento usando un equipo de voluntarios y el programa de reconocimiento facial PittPatt (ahora en manos de Google). A través de las fotografías se logra remontar haste el perfil de Facebook, que a menudo proporciona el nombre real del fotografiado, así como muchos otros datos personales. El equipo también ha creado un prototipo de una aplicación para teléfonos inteligentes que permiten llevar a cabo toda la operación de una sola vez.
Mediante este experimento, el equipo de Acquisti ha sido capaz de obtener el perfil exacto de un tercio de los voluntarios. El 70% de las veces, se ha sido capaz de adivinar corrientemente los intereses del individuo en cuestión, mientras que en el 16% de los casos ha sido posible hallar los primeros cinco números de la seguridad social del individuo. Pero esto significa al mismo tiempo, que en dos tercios de los casos no se ha sido capaz de identificar correctamente a la persona. E, incluso para aquellos cuyos datos eran correctos, en el 25% de los casos había errores en la identificación de sus intereses personales, mientras que para el 80% hubo errores sobre el número de seguridad social.
Acquisti prevé que las técnicas de reconocimiento facial mejoren durante los próximos años, y se pregunta qué sucederá cuando estas sean consideradas lo suficientemente buenas como para acertar la mayoría de las veces: “Será una pesadilla para las víctimas de errores” porque, prosigue, “no existe nada que nosotros, como individuos, podamos controlar al cien por cien”. La gran pregunta final sería la siguiente: “¿Cómo gestionarán nuestras sociedad esta ingente cantidad de información?”.
Consultar el artículo completo en inglés en la Technology Review
Francesca Barca
Europa451













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