EDITORIAL I El primer ministro griego, Georges Papandreu, ha demostrado una valentía inédita desde el inicio de la crisis de las deudas financieras al proponer ayer un referéndum para aprobar el segundo rescate financiero de la UE a su país.
El pánico que parece cundir en las bolsas de medio mundo y en las cancillerías europeas ante el inesperado anuncio de referéndum en Grecia es sólo una fiebre necesaria para resolver de una vez por todas las crisis de deuda soberana y de liquidez bancaria en Europa.
No obstante, la idea de un referéndum en Grecia, por muy arriesgada que parezca, es la solución a las contradicciones que obstaculizan desde 2008 la recuperación en Grecia y en los países de la Eurozona. Y es que la falacia ha durado ya demasiado: la crisis económica griega –y de paso sus réplicas europeas- se sustenta en una profunda crisis democrática.
Sin ser negativo en la práctica inmediata, el rescate propuesto por los líderes de la UE el miércoles 28 de octubre para proveer de un quita del 50% de la deuda soberana griega y recapitalizar a los bancos de la Eurozona era una bomba de relojería contra la democracia en Grecia y la democracia occidental. Una de las contrapartidas menos comentadas de la cumbre es que a partir de diciembre un grupo de tecnócratas europeos se instalarán en Atenas, con oficina propia y permanente, para supervisar e intervenir en las decisiones estructurales del Gobierno de Grecia con el fin de asegurar que se toman “las medidas adecuadas” para sanear la economía griega. Se está diciendo a los griegos y al mundo que merece la pena una solución inmediata a un problema económico a costa de imponer un protectorado -o dictadura indefinida a distancia- para con los griegos.
Esta solución cortoplacista puede ser un veneno mortal para el futuro si la experiencia tiene éxito –como de todos modos se desea- y los extremistas de todo pelaje ideológico la usan tanto para denunciar el intervencionismo “de estilo colonialista” de la UE y deslegitimar aún más la construcción europea. Pero también puede servir para cualquier potencia mundial a la hora de justificar una invasión de otro país so pretexto de querer sanear su economía. Es más, tampoco Europa está a resguardo de salva-patrias que justifiquen una dictadura enmascarada bajo la bandera de la solidaridad económica o el pragmatismo frente a las dificultades económicas de un país.
Georges Papandreu garantiza con su propuesta de referéndum en Grecia tres cosas bases sólidas para salir de la crisis en Grecia. Por un lado, ante la posibilidad de que un plan de rescate draconiano pueda echar por tierra su aprobación en referéndum, el gobernante heleno refuerza su posición de negociación con respecto de Alemania y Francia. En segundo lugar, el acuerdo ya no puede sino mejorar para Grecia, lo que forzará a los griegos a divorciarse de su actitud algo hipócrita consistente en denunciar las medidas para atajar la deuda griega y a la vez querer permanecer en la zona Euro, opción que sólo es posible si el paíse adapta su legislación fiscal y social a estándares europeos. Por último, Papandreu se asegura una legitimidad democrática y política que perdió de manera injusta desde el día que decidió, en 2008, sacar a la luz el fraude contable público de los gobiernos griegos anteriores a su llegada al poder. No hay que obviar que Papandreu ha sido el primer dirigente griego que ha decidido levantar la manta que tapaba desde hace 40 años, los desmanes y excesos que gobiernos y particulares en Grecia perpetuaban sin preocuparse por equilibrar sus cuentas y modernizar su tejido productivo.
El riesgo es que tanto los propios políticos griegos como los gobernantes y la banca europea decapiten al Primer Ministro de Grecia antes de que pueda convocar la consulta popular. Entonces, Europa se habrá asomado definitivamente al borde de su propio abismo.
Europa451
Foto: Parti Socialiste/Flickr
No obstante, la idea de un referéndum en Grecia, por muy arriesgada que parezca, es la solución a las contradicciones que obstaculizan desde 2008 la recuperación en Grecia y en los países de la Eurozona. Y es que la falacia ha durado ya demasiado: la crisis económica griega –y de paso sus réplicas europeas- se sustenta en una profunda crisis democrática.
Sin ser negativo en la práctica inmediata, el rescate propuesto por los líderes de la UE el miércoles 28 de octubre para proveer de un quita del 50% de la deuda soberana griega y recapitalizar a los bancos de la Eurozona era una bomba de relojería contra la democracia en Grecia y la democracia occidental. Una de las contrapartidas menos comentadas de la cumbre es que a partir de diciembre un grupo de tecnócratas europeos se instalarán en Atenas, con oficina propia y permanente, para supervisar e intervenir en las decisiones estructurales del Gobierno de Grecia con el fin de asegurar que se toman “las medidas adecuadas” para sanear la economía griega. Se está diciendo a los griegos y al mundo que merece la pena una solución inmediata a un problema económico a costa de imponer un protectorado -o dictadura indefinida a distancia- para con los griegos.
Esta solución cortoplacista puede ser un veneno mortal para el futuro si la experiencia tiene éxito –como de todos modos se desea- y los extremistas de todo pelaje ideológico la usan tanto para denunciar el intervencionismo “de estilo colonialista” de la UE y deslegitimar aún más la construcción europea. Pero también puede servir para cualquier potencia mundial a la hora de justificar una invasión de otro país so pretexto de querer sanear su economía. Es más, tampoco Europa está a resguardo de salva-patrias que justifiquen una dictadura enmascarada bajo la bandera de la solidaridad económica o el pragmatismo frente a las dificultades económicas de un país.
Georges Papandreu garantiza con su propuesta de referéndum en Grecia tres cosas bases sólidas para salir de la crisis en Grecia. Por un lado, ante la posibilidad de que un plan de rescate draconiano pueda echar por tierra su aprobación en referéndum, el gobernante heleno refuerza su posición de negociación con respecto de Alemania y Francia. En segundo lugar, el acuerdo ya no puede sino mejorar para Grecia, lo que forzará a los griegos a divorciarse de su actitud algo hipócrita consistente en denunciar las medidas para atajar la deuda griega y a la vez querer permanecer en la zona Euro, opción que sólo es posible si el paíse adapta su legislación fiscal y social a estándares europeos. Por último, Papandreu se asegura una legitimidad democrática y política que perdió de manera injusta desde el día que decidió, en 2008, sacar a la luz el fraude contable público de los gobiernos griegos anteriores a su llegada al poder. No hay que obviar que Papandreu ha sido el primer dirigente griego que ha decidido levantar la manta que tapaba desde hace 40 años, los desmanes y excesos que gobiernos y particulares en Grecia perpetuaban sin preocuparse por equilibrar sus cuentas y modernizar su tejido productivo.
El riesgo es que tanto los propios políticos griegos como los gobernantes y la banca europea decapiten al Primer Ministro de Grecia antes de que pueda convocar la consulta popular. Entonces, Europa se habrá asomado definitivamente al borde de su propio abismo.
Europa451
Foto: Parti Socialiste/Flickr













RSS Feed