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La eurodiputada holandesa Hennis-Plasschaert
DEBATE I Polémica tras la publicación el 17 de marzo de la carta dirigida al Presidente francés Sarkozy por parte de la eurodiputada liberal Jeanine Hennis-Plasschaert solicitándole el cierre del Parlamento europeo en Estrasburgo. Europa451 publica ahora la respuesta de Bernd Posselt, europarlamentario conservador. A su entender, la verdadera sede del Parlamento debe estar en Estrasburgo.

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El eurodiputado alemán Bernd Posselt
El veterano político europeo Bernd Posselt no forma parte de los 171 eurodiputados que firmaron el 17 de marzo la carta dirigida al Presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, solicitando un gesto de su parte para terminar con la dualidad geográfica del Parlamento europeo y aceptar el cierre en Estrasburgo.

Antes al contrario, este representante bávaro considera que la verdadera sede del Europarlamento debe ser la capital de Alsacia. En un texto dividido en 9 puntos, Bernd Posselt ha comunicado a Europa451 sus motivos para que todas las administraciones europarlamentarias se muden para siempre al edificio de Estrasburgo.[Lea el texto (en inglés) en archivo adjunto al final de este artículo].

Estrasburgo es más que una ciudad francesa

Posselt empieza por argumentar que Estrasburgo no es sólo una ciudad francesa o un símbolo de reconciliación franco-germana. “Es la ciudad en la que el Europarlamento, elegido por sufragio directo, ha vivido casi todas sus sesiones plenarias y casi todas las decisiones importantes en la Historia de la UE. Estrasburgo, como capital parlamentaria de Europa, no tiene nada que ver con la expresión del prestigio de un Estado miembro particular”. Es entre las paredes de este edificio en Estrasburgo en donde fueron acogidos en 2004 los países del antiguo bloque comunista y los opositores a esas dictaduras. “El 2 de mayo de 2004, le día siguiente a la ampliación más grande de la historia de la Unión, Lech Walesa [primer presidente polaco tras la caída del comunismo y líder del mítico movimiento opositor Solidarnosc] declaraba que Estrasburgo es la encarnación del ideal de paz y de libertad para todos los pueblos de Europa.”

En el plano más legal, recuerda que los Tratados siempre han sido ambiguos en cuanto a la sede real del Parlamento. Ahora bien, desde los años noventa, es única y oficialmente Estrasburgo. Por razones aleatorias y por concesiones a los belgas se ha permitido celebrar en Bruselas a veces mini sesiones.

Mudanza ilegal

A quienes se quejan de los traslados entre las dos ciudades, les recuerda una cosa: “La trashumancia mensual no existe, sino la semanal. La inmensa mayoría de los diputados se desplaza cada semana a su circunscripción, a Estrasburgo o a Bruselas. Dicho de otro modo, ¿qué diferencia hay entre un viaje de Vilnius a Bruselas y otro entre Vilnius y Estrasburgo? Viajar a Estrasburgo es sencillo”, insiste Posselt , “gracias a los trenes de Alta Velocidad, los aviones y las autovías en el corazón geográfico de Europa”.

Admitiendo que toda la administración deba, asimismo, desplazarse, añade que “lo que tendría que hacer es instalarse en Estrasburgo, en vez de en Bruselas. Según el Tratado, la Secretaría General tiene su sede en Luxemburgo y no en Bruselas. La mudanza a Bruselas sería ilegal a ojo de los Tratados”. Otra de las ventajas es que una mudanza completa a Estrasburgo ofrecería al Parlamento mayor visibilidad y una mayor independencia, en vez de trabajar a la sombra de la Comisión cada vez que los medios de comunicación hablan de “Bruselas”.

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Sesión en la sede de Bruselas
Intensificar los trabajos para economizar

Uno de los argumentos más en boga presentes en la carta de Jeanine Hennis-Plasschaert es el del coste económico de la doble sede parlamentaria. Bernt Possert se toma este motivo muy en serio. “Los costes podrían reducirse de manera espectacular –y los parlamentarios podrían pasar incluso más tiempo en su circunscripción- si tuviéramos verdaderas sesiones semanales de 5 días [en la actualidad las sesiones plenarias duran tres días, desde el lunes a medio día hasta el jueves a la misma hora] y si elimináramos las seis mini sesiones plenarias costosas e inútiles de Bruselas, más a nuestro favor. También podríamos concentrar las comisiones parlamentarias y las reuniones de grupo político, entre una o dos semanas antes de cada sesión plenaria”. Tal medida sería muy útil para los diputados provenientes de regiones alejadas como los finlandeses y los andaluces, pero comprometería los fines de semana de aquellos que suelen regresar a sus domicilios.
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Sesión plenaria en Estrasburgo
Bruselas está carísima

Otro problema ligado al dinero es la necesidad de cuidado y mantenimiento de dos edificios enormes. Las cifras, no obstante, le dan la razón a Estrasburgo, cuya “sede costó 446,5 millones de euros al Europarlamento, lo que, visto el emplazamiento y el tamaño del edificio  - 185.331 metros cuadrados, 1.138 despachos, 38 salas de reuniones, el hemiciclo más grande de Europa y un aparcamiento con 1.200 plazas– es ciertamente una buena inversión. En comparación, el plenario del edificio Paul-Henri Spaak de Bruselas, con sus 80.499 metros cuadrados, sus 573 despachos y sus 22 salas de reuniones y un hemiciclo mucho más pequeño, cuesta 600,2 millones de euros. El precio del metro cuadrado en Estrasburgo es un 60% más barato que en Bruselas, ciudad colmatada por completo”. Bruselas, a lo largo de los años, ha hecho todo lo posible por atraer las instituciones hacia sí, incluso al precio de arrasar con un barrio entero y construir un edificio gigantesco para el Europarlamento, mucho más caro por menos espacio.

Una minoría activa contra una mayoría silenciosa

Aunque todas las iniciativas por reunir las dos sedes han fracasado hasta ahora, hay un motivo que resaltar, según Posselt: “Nunca han sido mayoría en el parlamento (…).Muchos diputados alemanes, polacos, eslovacos, húngaros, rumanos, búlgaros, luxemburgueses, austriacos o de otros países defienden la sede de Estrasburgo más que los propios franceses. Pienso que hay cierto cariño por parte de los parlamentarios hacia Estrasburgo, pero no todos lo expresa de manera abierta. Asimismo, este apoyo aumenta a medida que avanza la legislatura, cuando los nuevos diputados adquieren conciencia de la realidad por encima de las apariencias”.

¿Quiénes son, pues, los detractores de la sede en Estrasburgo? “Casi siempre son holandeses, liberales alemanes, euroescépticos y nórdicos”, sostiene obviando a los Verdes de todos los países.

Jean-Sébastien Lefebvre
Europa451

Fotos: Parlamento europeo
 
 
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Sala de prensa del Europarlamento en Estrasburgo
ENFOQUE I Es la última comidilla en los pasillos europeos. El número de periodistas presentes en Bruselas está en caída libre. De 1.300 a 752 entre 2005 y 2010. ¿Desinterés o falta de noticias, opacidad o crisis en los medios?

Las cifras aportads por la Comisión europea no admiten apelación. En 2005, los periodistas acreditados ante la UE eran 1.300. Hoy ya sólo quedan 752. Desalentador cuando se piensa que el Tratado de Lisboa la UE tiene más competencias políticas que nunca, sobre todo su Parlamento.

Una normalización centroeuropea

Los medios desertan en masa Bruselas, pero hay que relativizar antes de precipitarse en el abismo de la “no información europea”. Retomando las cifras de 2004, observamos la presencia de 131 alemanes, 56 franceses, 97 británicos, 64 españoles y 65 italianos. En 2010, los datos arrojan lo siguiente: 132 alemanes, 56 franceses, 98 británicos, 63 españoles y 63 italianos. Una obra de arte a la estabilidad. La explicación a la caída de corresponsales la encontramos en los países que se adhirieron en 2004 a la UE.

Estamos ante una normalización del sector. La euforia y la eurofilia que reinaba en 2004 y 2005 en los países del este y el centro de Europa impulsaron a las redacciones a destacar a muchos periodistas en Bruselas y Estrasburgo. Cinco años después, el entusiasmo se ha calmado y muchos han vuelto a casa. La prensa de esos Estados se comporta ahora como la de los países veteranos de la Unión.

Un efecto perverso

Dicho esto, la noticia no augura nada bueno, pues demuestra que con independencia de la motivación de los medios, la información sobre la Unión europea se relega al último lugar en importancia. Los motivos son múltiples. Detrás de los problemas económicos que arrastra el sector de la información –en España, los ingresos publicitarios se redujeron un 15% en 2009-, hay que poner en pie una estrategia de supervivencia consistente en interesarse cada vez más en los asuntos locales en detrimento de los locales, así como a apostar por los temas emotivos antes que a los racionales o institucionales. La información procedente de Bruselas paga los platos rotos de esta tendencia.

Además, ¿qué motivo habría para enviar un corresponsal a Bruselas? Las instituciones europeas, con su estrategia de comunicación del “todo volcado en Internet” y de la profusión de comunicados de prensa todos muy formateados y sin sorpresas, completan el cuadro clínico de este descenso de periodistas en Bruselas.

Aunque estas herramientas fueron puestas en pie para que la prensa y los demás medios hablaran más de los UE, (como el proyecto Euranet, por ejemplo), han producido el efecto inverso: han favorecido el periodismo de mesa, o periodismo sentado. El periodista dedicado a asuntos europeos ya no tendría que moverse de su despacho, así que qué más da que lo haga desde Bruselas, Pekín o Madrid. Cuando un redactor-jefe debe recortar gastos de funcionamiento se opta por el periodismo de mesa y se olvida  que el desplazamiento del periodista sobre el terreno, su contacto humano con la realidad y sus relaciones en red son lo importante en el oficio para que el lector se interese por sus historias.

De este modo, a pesar de los denuedos de la UE, la información europea apens representa un 3% de las noticias, frente al 20% del resto de información internacional (guerras, catástrofes) y al 60/75% para los asuntos nacionales o locales.

El consenso mata al periodista

El último elemento de interpretación de esta realidad es la famosa frase “la UE es un tostón”. Nunca se ha demostrado científicamente la veracidad de esta aseveración, e incluso existen sondeos que prueban que los ciudadanos reclaman más información para entender qué se cuece en la Unión europea, con independencia de su motivación. Sin embargo, la atmósfera que se respira en Bruselas no es la más apropiada para que los periodistas encuentren historias y logren venderlas. La cultura consensual de la política europea no ofrece demasiados alicientes a las opiniones públicas ni demasiadas ocasiones de debate. Recientes episodios así lo ponen de manifiesto: la reelección de Barroso sin candidato opuesto, el nombramiento a puerta cerrada de Van Rompuy y Ashton, unos partidos políticos europeos sin apenas presupuesto ni autonomía para enfrentarse en las elecciones europeas…

Sólo algunas chispas de genialidad o encono en el seno del Europarlamento rompen la monotonía, como sucede con Swift, la jornada de 65 horas de trabajo semanal o las descargas en Internet. El consenso entre izquierda y derecha sigue siendo considerable. Cuando la malograda aspirante a comisaria, Yeleva, fue rechazada, los artículos que trataban la noticia se relegaban a los faldones o las últimas páginas de las secciones, ante la avalancha de información sobre Haití. Si un ministro nacional hubiera sufrido una moción o una destitución fulminante, en cambio, la prensa hubiera privilegiado la información contra viento, marea y cualquier terremoto.

Jean-Sébastien Lefebvre
Europa451

Foto: Parlamento europeo
 
 
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A Islandia le pone aislarse (F. Márius Montón/Flickr)
SONDEO I La UE está empeñada en acelerar la adhesión de Islandia. Sin embargo, tras el referendo que la semana pasada rechazó con un 90% de islandeses el plan fiscal del gobierno para saldar las deudas contraídas con otros estados de la Unión, queda patente que los islandeses no quieren comprometerse con la construcción europea.

Nadie ve claro qué ve claro la Comisión europea para ser tan poco exigente con Islandia. Cuando dentro de un año se celebre un eventual referendo en Islandia sobre una definitiva adhesión de esta isla a la UE, el rechazo será masivo. La Unión hace como que no lo ve, con el riesgo de que al final del camino todo se interprete como un fracaso de Europa. La política de adhesiones de la Unión europea lleva años siendo errática e incoherente y los casos de Bulgaria, Rumanía, Turquía, Chipre o Islandia son ejemplarizantes. Haría falta que la Unión explicara mejor por qué un país es bienvenido en la UE, de lo contrario, el riesgo de rechazo dentro y fuera de la UE es muy alto y actúa como un factor depresivo para la propia construcción.

Fernando Navarro Sordo
Europa451

Fotos: Márius Montón
 

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