Los enemigos de la reunificación de Alemania 11/09/2009
![]() Margaret Thatcher (foreign Office) ENFOQUE I Hace 20 años cayó el muro de Berlín, símbolo de la guerra fría entre el bloque capitalista y el soviético. También fue el cinturón de castidad contra la reunificación alemana, contra la que también se manifestaron los líderes occidentales como Mitterrand, Andreotti o Thatcher. “Yo le tengo tanto aprecio a Alemania que prefiero que sean dos a que sea sólo una”, llegó a decir la entonces primer ministro conservadora británica Margaret Thatcher. ![]() Helmut Kohl (archivo federal alemán) En 1989, el canciller de Alemania Federal, el democristiano Helmut Kohl, expresó su deseo de que las dos Alemanias fueran una sola lo antes posible tras la caída del Muro. En cambio, ni siquiera el dirigente de Italia, Giulio Andreotti, país que se había aliado a su vecino nórdico por dos veces en aventuras bélicas durante el siglo XX, se fiaba de la molécula que podía resultar de una nueva unificación alemana, temiendo un “resurgimiento del pangermanismo”. No era el único de los miembros de la Unión europea que desconfiaba de una sola Alemania grande y libre. El presidente socialista de Francia, François Mitterrand, a pesar de hacerse fotitos con Kohl cogidos de la mano en conmemoraciones lacrimógenas a la vista de la prensa e internacional, expresaba una y otra vez que “la cuestión de las fronteras alemanas no está entre las prioridades”. Hay que recordar, que Francia había sido, durante el siglo pasado, el pagano sistemático de las galopadas guerreras de su vecino teutón y aún existía una generación de veteranos galos que manifestaba cada día su rechazo a la amistad franco-germana en el seno de Europa. Incluso a la primera ministra británica conservadora Margaret Thatcher, ya en el ocaso de su carrera política, le rechinaban los dientes ante la posibilidad de que Alemania recuperara el vigor nacionalista que tantos problemas había causado en años pasados. Llegó incluso a sugerirle a Gorbachov que la URSS evitara o retrasara la reunificación alemana. Aunque lo que de verdad temía la dama de hierro era por un lado el potencial económico alemán que eclipsara el proyecto liberal hegemónico que el Reino Unido deseaba liderar en una Europa encaminada hacia el Tratado de Maastricht, el mercado único, la moneda única y el riesgo de tener que aumentar el presupuesto de la Unión europea destinado a la solidaridad entre países y territorios. Unos aliados con intereses que negociar En cierta medida, Thatcher tenía Razón. Apenas un año más tarde de la caída del muro, Alemania ya estaba reunificada y lo más significativo de esta operación histórica era la enorme factura que había que pagar para financiar las cicatrización del desplome económica de los seis nuevos estados del este federados a la Alemania del oeste. En medio de la desconfianza de los “grandes” de la Unión, de la descomposición de la Unión soviética y la perestroika del defenestrado Mijaíl Gorbachov, Helmut Kohl tuvo que buscar aliados para avalar e impulsar una rápida unificación. Kohl los halló por un lado en el trío de Estados fundadores de la UE agrupados en el Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), en el Presidente republicano de los Estados Unidos George Bush padre y en el país que necesitaba más que nadie incluir en el Tratado de Maastricht una política de redistribución de riquezas a nivel europeo para poder competir en el futuro mercado único reforzado: la España del socialista Felipe González. Éste último negoció su apoyo a la unificación y a la instalación de un sistema de misiles en Alemania para defenderse del riesgo soviético a cambio de que Alemania no sólo se costeara gran parte de la unificación sino también de los Fondos de Cohesión que González, el entonces presidente de la Comisión europea Delors y el presidente portugués Soares –todos socialistas- defendían para la nueva UE. Con los años ha quedado demostrado que la unificación, lo que ha hecho ha sido retrasar la hegemonía económica de Alemania en Europa, mientras los nacionalismos han venido más bien del este europeo y de países como Reino Unido o Irlanda, obsesionados con defender su soberanía nacional frente al avance de la construcción europea con el actual Tratado de Lisboa. El presupuesto comunitario sigue retenido en el 1% del PIB de la Unión y después de todo es en Italia donde realmente existen dos Italias. Será por lo simpáticos que son. Fernando Navarro Sordo Europa451 CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosEnero 2012 CategoríasAll Mención Legal
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