
El cartel robado en Auschwitz (F. Alflickr/Flickr)
ENFOQUE I Por fin ha sido detenido el autor intelectual del cartel de la entrada del campo de exterminio de Auschwitz. Se trata del militante neonazi sueco de 34 años, Anders Hogstrom, según la policía de dicho país. Ante las críticas por la gestión de espacio ocupado por el campo de Auschwitz, el polaco Jerzy Buzek, Presidente del Europarlamento, niega las tensiones que hubo entre Alemania y Polonia.
“Arbeit macht Frei.” El trabajo os hace libres, reza con inmoral cinismo la placa de hierro de entrada al campo de exterminio que los nazis construyeron a las afueras del poblado polaco de Oswieçim (Auschwitz). La habían mandado forjar de modo rudimentario a los propios prisioneros destinados a la cámara de gas entre 1940 y 1941. Fue robada en diciembre de 2009 por un grupo de vándalos neonazis, poniendo en solfa el sistema de seguridad de este centro de memoria histórica no sólo polaca sino europea.
Un mantenimiento incierto
El descubrimiento de los horrores del nazismo atizó los remordimientos de los europeos al término de la segunda guerra mundial. Centros como el campo de Auschwitz pueden hoy ser considerados como lugares fundacionales de la actual conciencia europea. No obstante, y a pesar de que su manutención y cuidado para conocimiento de las posteriores generaciones dejó que desear durante décadas, la Unión europea nunca ha solicitado para sí la gestión de un espacio memorial casi sacro que no pertenece en exclusiva al patrimonio histórico ni de Polonia ni de Alemania y que fue declarado patrimonio histórico de la Humanidad en 1979 por la UNESCO.
Los barracones, el cementerio, las pistas de trabajo y el museo del horror del campo de exterminio de Auschwitz se extienden sobre 200 hectáreas. Según Jarek Mansfelt, portavoz del museo, “no basta con aportar dinero” para que dentro de 20 años no desaparezca este templo de la memoria. No obstante, el primer ministro polaco, Donald Tusk, hace menos de un año estimó en 120 millones de euros las necesidades financieras para su mantenimiento en lo inmediato. Muchos de sus edificios de ladrillos están cerrados al público por su deterioro y peligrosidad de derrumbe. Otros campos de concentración ya han desparecido por la desidia de los gobiernos de Europa, como por ejemplo el de Westerbork, en Holanda, abandonado y arrasado en los años sesenta. Westerbork fue el primer campo en el que se confinó a Anna Frank.

Westerbork es hoy un campo de radiotelescopios espaciales (F. Pieter Muesterd / Flickr)
Una financiación disputada
El gobierno polaco siempre ha solicitado ayuda financiera a los países de la UE, y en particular a Alemania, quien sin dejar de ayudar económicamente al sostenimiento del espacio, ha declarado que no puede aportar mayores cantidades de dinero de lo que ya aporta. Esta reacción se debe, según varias fuentes polacas consultadas, a que el gobierno polaco quiere que le ayuden sin por ello permitir que los demás países tengan derecho de palabra a la hora de decidir qué forma y qué contenidos darle al Museo del Horror y los demás espacios sorprendentemente monopolizados por las víctimas polacas y de religión judía, y gestionados desde un punto de vista bastante nacionalista a la vista de muchos visitantes consultados. En este campo fue asesinado un millón de personas. El 85% lo conformaban europeos de religión judía, el resto eran ciudadanos de etnia gitana, minusválidos y disidentes, por lo general comunistas.
Hemos preguntado sobre estas tensiones a Jerzy Buzek, flamante nuevo presidente del Parlamento europeo y ciudadano polaco. “Estoy en contra de la teoría de que hubiera un contencioso entre Polonia y Alemania a este respecto”, reacciona. Es cierto que en 1999 se puso en marcha un programa bilateral para proteger este sitio excepcional. Además, Buzek insiste en que trata de que Auschwitz “no sólo sea un lugar de conciencia europea, sino de responsabilidad por la protección de los derechos humanos en todo el mundo”. A finales de enero de 2010, Buzek acudió junto con 25 europarlamentarios a la celebración del 65º aniversario de la liberación de Auschwitz y se propone invitar a los 26 ministros de educación europeos no polacos “para que reflexionen sobre cómo comunicar el holocausto”. Para Buzek, Auschwitz supera el marco de Europa: “Por encima de todo esto existe la obligación de pronunciarse a favor de los derechos humanos en todo el planeta, también en países como China, Cuba, Rusia o Irán”.
Fernando Navarro Sordo
Europa451