VÍDEO I Francia juzga por corrupción a su ex Presidente Jacques Chirac. Italia vive absorta en un desmadre de corrupción y proxenetismo que lleva la marca Berlusconi. España asiste impasible a las tramas de cohecho Gürtel, o el Caso Palau. En cambio, en Noruega, los ministros, primero deben avanzar el dinero de sus gastos diarios, y sólo después, contra presentación de facturas, les serán reembolsados hasta un límite ajustado. Rescatamos un vídeo difundido en 2007 en la cadena France2 con los detalles de una cultura política severa con los desmanes públicos.
A sus 42 años, Knut Strozberget, era el ministro de Interior y Justicia en el gobierno socialdemócrata de Noruega en 2007, es uno de los puntales del ejecutivo nórdico. Al mostrar su espartano despacho en el ministerio de justicia, se sorprende de que al periodista le llame la atención la sencllez y parquedad de la decoración y los medios. “¿De verdad le parece un despacho simple? Yo lo encuentro magnífico y tengo todo lo que necesito”, reacciona.
Este reportaje difundido en la televisión pública pone al descubierto el foso que separa a los países latinos y los escandinavos en la cultura política y el uso del denario público. Para evitar gastos innecesarios, los ministros noruegos no disponen de coche oficial propio, sino que usan –sólo cuando les resulte indispensable para desplazarse- uno perteneciente a una pequeña flota que comparte con sus colegas del ministerio. “Indispensable” en Noruega significa que si un ministro puede acudir en transporte público a una reunión o cita de trabajo, debe, pues, optar por este medio. Y si basta con ir a pie, sus piernas serán su recurso. Sobre todo, ¡nada de taxis a contra reembolso! Eva Joly, una famosa juez franco-noruega conocida por encausar por delitos de corrupción a la cúpula de la multinacional petrolera Total-Fina-Elf, hoy eurodiputada ecologista, por poco liquida su propia carrera hace unos años, cuando la prensa descubrió que viajaba en taxi a expensas del presupuesto público en Noruega.
Knut Strozberget, además, no tiene derecho a una vivienda de función, pues es originario de Oslo, la capital del reino, y no ha requerido mudarse de ciudad para ocupar su cartera en Interior y Justicia. En paralelo, tampoco renuncia a su vida privada y, sobre todo, la familia: “No se lo digáis al primer ministro, pero son las tres de la tarde y yo me voy a recoger a mis hijas a la guardería y al colegio”, avisa, socarrón. Su jornada laboral se ha acabado y ahora comienza su vida real. Por cierto, sin guardaespaldas.
En una cultura protestante como la noruega, están muy mal visto los elitismos. Incluido el político. Para tomar un avión, un ministro debe hacer la cola como cualquier otro. Y si deben hacer noche fuera de Oslo, disponen solamente de 120 euros al día para pagar el hotel y 50 euros para el almuerzo y la cena juntos. Es más, el dinero lo deben adelantar de su bolsillo, y si se pasan, los gastos corren de su cuenta. “Es una barrera psicológica muy eficaz para evitar cualquier tipo de derrape presupuestario”, justifica la propia Eva Joly, quien dice haber “aprendido la lección de una manera muy ingenua”, al haber hecho carrera anteriormente en Francia. “El desprecio por la política en los países del sur”, concluye, “se debe a los enormes excesos cometidos por los políticos y nunca reprimidos”.
Europa451
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