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Para Tsvetkov, que se halla preparando un libro sobre cómicos sus mapas de prejuicios en el mundo –adquiribles en forma de cartel aquí- “cualquier prejuicio debe ser combatido sin piedad, como si fuera una célula cancerosa. En el 99% de las ocasiones es una estrategia eficaz.”
Pero desde que se vino de Londres hace unos meses, en España se ha dado de bruces con el otro 1%. Esto es lo que nos cuenta: “Hace un año, mi desencanto con Londres alcanzó cotas que ni una nave espacial soñaría con abordar, así que decidí venirme a España. Por entonces, una amiga en Facebook me hizo un comentario arrogante sobre algo así como que España pertenece al Tercer Mundo.
Me sentí herido. La chica que insistió en emitir dicho comentario vivía en Bélgica, así que tiré de inmediato su opinión a la basura con la etiqueta de ‘xenófobos arrogantes del norte’. Pero ella contraatacó con que su parecer se basaba en la indolencia e ineficacia de la burocracia española.
No es que no estuviera algo al tanto de ello, sino que pensé que se trataba sólo de una observación exagerada sobre un problema que existe en todas partes. La burocracia de Londres tampoco es una pera en dulce. Recuerdo que la última vez que quise comprar euros en la oficina de Natwest me dijeron que debía notificarlo con 24 horas de antelación. Y tampoco me hago ilusiones sobre la administración belga, un país que existe sólo sobre el papel.
Un año más tarde, ya en España, escribo esto desde mi iPhone a las cuatro y media de la madrugada debido al insomnio. ¿Que qué me lo provoca? Adivinen: mi íltimo y más intenso encontronazo con ese monstruo llamado burocracia española que me tiene hirviendo la sangre. Es más, le dedicaré un libro aparte. Decidido.
| Soy búlgaro, y por lo tanto acostumbrado a la ineficacia burocrática. Cualquier Estado post-totalitario tiene que vérselas con el lento aparato administrativo poblado de ‘espléndidos’ agentes imbuidos de sí mismos que se sienten autorizados a ejercerse con arbitrariedad y ánimo humillante. No es sencillo luchar contra estos poderosos parásitos. Pero lo que convierte a España en un líder entre los países de podrida mentalidad post-totalitaria, es que posee una untuosa capa de conservadurismo pasivo-agresivo contaminada con los frutos mutantes de uno de los sistemas educativos más ineficientes de Europa. Además, hay que añadir el ingrediente de una ética profesional muy laxista. Una vez que pruebas del cáliz, te acuerdas para toda la vida, aunque atravieses las puertas del cielo”. Tsvetkov se ha convertido en un icono moderno de cosmopolitismo irónico y antiprovinciano. Medios como el español El Mundo, el italiano Il Corriere della Sera, el británico The Guardian o el alemán Der Stern, le han dedicado reportajes completos a sus mapas, y prepara nuevos proyectos para desmontar el "nacionalismo rampante" que campa por el planeta. Fernando Navarro Europa451 | |


















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