ENFOQUE I En el nuevo baremo de Reporteros sin Fronteras para 2010, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Noruega y Suecia comparten la mejor plaza de la clasificación. Otros países europeos no tienen este mérito. Sepa por qué. El mapa del mundo de la libertad de prensa está organizado en 5 divisiones según el nivel de respeto de esta libertad. 16 países se encuentran en la división de honor en donde “la situación es buena”. Entre los europeos, están los ya mencionados y los países bálticos junto con Alemania, Austria, Suiza, Reino Unido, Bélgica y Holanda. En la segunda división, la de la “situación más bien buena”, se encuentran países como los Estados Unidos, Francia, España, Polonia, Portugal, Hungría, Chequia, Eslovenia, Luxemburgo, Rumanía o Grecia. Sin embargo, también hay estados europeos en la tercera división, en donde se censan “problemas sensibles”. Estos son Italia, Eslovaquia y Bulgaria. La práctica totalidad del resto del mundo es peligrosa para los periodistas. La pregunta que suele hacerse el ciudadano medio europeo es “qué condiciones determinan que un país esté o no en una división superior o inferior”. Y es que tendemos a pensar que vivimos en sociedades perfectamente libres y respetuosas con la libertad de expresión. El caso italiano de enorme concentración mediática en pocas manos y en la relación entre medios y poder político, suele ocupar las portadas de los diarios nacionales de tanto en tanto. En Bulgaria, la corrupción hace mella en toda la sociedad, y en Eslovaquia se acaba de promulgar una ley que da derecho de respuesta automática a los dirigentes cuando se les menciona en un artículo, un intervencionismo grave a la libertad de prensa. Pero, ¿qué hay de esos países europeos en la segunda división? España es un paradigma. Aún existen aquí periodistas forzados a llevar guardaespaldas, pues están amenazados por grupos terroristas como ETA. Además, medios de comunicación públicos (sobre todo televisiones regionales) son objeto de críticas por su utilización partidista a favor de la formación en el gobierno, como en Madrid, Valencia o Andalucía. Otros motivos recurrentes en los países de esta segunda división son “el uso abusivo de acciones legales contra periodistas u órganos de prensa y el boicot publicitario”. Un ejemplo de país situado en la quinta y última división, con “una situación muy grave”, sería Túnez, un vecino mediterráneo cuyo gobierno recibe el apoyo de la mayoría de las potencias europeas. Fernando Navarro Sordo Europa451 ![]() Víctima del terremoto en Haití (Foto, NNUU) ENFOQUE I Los primeros compases de la UE bajo el tratado de Lisboa siguen siendo tan desconcertantes y sometidos al nacionalismo como lo que hubo hasta diciembre de 2009. Ashton sigue en Babia y Berlusconi no aplaca su incontinencia verbal. Día a día se confirma el error cometido por la UE en nombrar a la socialista británica Ashton como responsable de Asuntos Exteriores y vicepresidenta de la Comisión. “No puedo estar en todas partes”, declaraba hace unos días a los periodistas que le inquirían por su ausencia de Haití. Sin duda, no es cabal exigir el don de la ubicuidad a ningún político, pero sí el de la oportunidad y la solidaridad, por simbólicas que sean. 48 horas tardó Hillary Clinton, su hómóloga estadounidense en bajar las escalerillas del avión en Puerto Príncipe. La UE, la mayor donante de ayuda al desarrollo del mundo, no pudo estar representada y por su responsable de asuntos exteriores en el fragor de la batalla contra el desastre provocado por el terremoto de Haití. Peor aún, Ashton, en vez de enviar a Haití al responsable español de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, ha decidido destacar en nombre de la UE al francés Bernard Kouchner, ministro de Exteriores de la antigua metrópoli colonial haitiana: Francia. Todo ello a pesar de que la presidencia semestral española de la UE está poniendo todo de su parte para darle un protagonismo especial a los nuevos cargos dirigentes de la UE creados por el Tratado de Lisboa. Una vez más, esto huele a paternalismo colonialista encubierto y a más de lo mismo a pesar de la lata que se hadado a los europeos con aprobar el Tratado de Lisboa. Y sobre todo, demuestra que los británicos han optado a uno de los 2 puestos dirigentes de la UE por el mismo motivo de siempre y el único que les interesa: el monopolio de la interlocución con los Estados Unidos. Fernando Navarro Sordo Europa451 |