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DEBATE I Los conservadores británicos juegan al “yo la tengo más grande” dos días después de la aprobación por el Parlamento europeo del Servicio Europeo de Acción Exterior. Se trata de lo que vulgarmente se conoce como un cuerpo diplomático, y está a punto de echar a rodar tras las vacaciones de verano. Es uno de los escasos logros rotundos de la presidencia semestral española de la UE.

Al gobierno del Reino Unido le ha faltado tiempo para salir a la palestra a contrarrestar con su propaganda nacionalista habitual el efecto positivo generado en la imagen de la UE de su pronta puesta en marcha del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE). Tres días después de que el Europarlamento haya dado luz verde al cuerpo diplomático europeo, el ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, trata de movilizar a todos sus voceros mediáticos y demás sistemas de hi-fi propagandísticos para que no cuajen demasiado las susceptibilidades nacionalistas en su propio patio.

No aceptan perder ni a las canicas

La intención de los Tories es a toda vista tranquilizar a los irredentos del espíritu independiente británico acerca del poder que el SEAE podría restarle a la diplomacia nacional de cada Estado de la UE. Nada de dejar las relaciones con otras potencias en manos de los burócratas de Bruselas, aunque nunca digan que lo que más hay en la capital belga son funcionarios y lobistas británicos. Londres lo presenta como un “cambio estratégico” en su política diplomática con vistas a desarrollar una dinámica “de networking” o de redes, pero a lo que se refieren en realidad es a una nueva apuesta por las relaciones bilaterales con las potencias emergentes como India, China, Brasil o Tailandia, y de reforzamiento de su “relación más importante” con los Estados Unidos.


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Todo esto sucede cuando la británica baronesa Catherine Ashton, vicepresidenta de la Comisión y responsable de Exteriores de la UE, por fin va a gozar de un cuerpo diplomático que le de eficacia a su función recién creada y lustre a su imagen pública deteriorada por insignificante. Los británicos no se contentan con tener a una de las suyas al frente de la diplomacia comunitaria con el resto del mundo y así controlar bajo cuerda los flujos principales y sensibles de información geoestratégica y geocomercial, sino que de puertas para afuera siguen considerando la UE como accesorio y potencialmente amenazante para los intereses relacionales del Reino Unido.
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Los ministros de Exteriores inglés y francés: W. Hague y B. Kouchner
El SEAE: un gol de la UE a los nacionalismos

Con todo, Catherine Ashton gozará de total autonomía para efectuar sus nombramientos, y de un presupuesto consecuente y controlado por el Parlamento europeo en vez de someterse a las veleidades de los ministerios nacionales.

El Parlamento europeo ha jugado un papel crucial que la Historia logrará algún día valorar al negociar con éxito y sin concesiones la naturaleza del SEAE “para que no sea un lobby intergubernamental con el que España o Portugal avancen sus peones en América Latina, Italia los suyos en Grecia y los Balcanes, Alemania los suyos en África o Polonia lo suyos en Europa Oriental y Rusia, de la mano del Foreign Office y el Quai d’Orsay como principales almirantes de su Historia diplomática”, declara hoy mismo Guy Verhofstadt, ex primer ministro belga y jefe de filas de los liberales europeos en una carta abierta dirigida al periodista francés Jean Quatremer.

Quizá sea esa la explicación de por qué Londres anuncia a todo trapo ahora que desea “volver a aprovechar una de las redes más antiguas del mundo: la Commonwealth” de los británicos de toda la vida. William Hague tiene al menos el don de la sinceridad: “También dentro de la UE hay que recuperar la bilateralidad y tratar con más flexibilidad las relaciones con países pequeños”. Eso sí, lo que  nunca veremos criticar a los británicos es que el idioma de comunicación exterior de la UE siga siendo en exclusiva el inglés.

Fernando Navarro Sordo
Europa451
Foto: Foreign Office; Toban Black / Flickr; Talke Photography / Flickr