![]() REPORTAJE I Domingo 20 de junio. París. Escenario por un día de la mayor manifestación de la comunidad china local de su historia. ¿El barrio? Belleville, un área repartida entre cuatro de los distritos parisinos al este de la ciudad. Después de Tolbiac, se trata de la zona más habitada por orientales de toda Francia. 10.000 manifestantes, según cifras de AFP, recorrieron las calles al grito de “Amo Belleville. ¡Seguridad para todos!”, con el objetivo de denunciar la violencia de la que es víctima esta comunidad. La manifestación se inició de manera pacífica, pero degeneró más tarde en agresiones y hurtos a manifestantes al final del cortejo. Entre los días 17 y 21 de junio, Belleville ha visto volar y explotar numerosos cócteles molotov, estallar coches incendiados y respirar gases lacrimógenos. En palabras de Taki Zhang, portavoz del colectivo de asociaciones sino-francesas organizador de la manifestación, “los ciudadanos del barrio desean vivir tranquilamente tras 20 años de laxismo. O nos vamos de aquí, o nos manifestamos por nuestro derecho a la seguridad”. Zhang, un comerciante de la zona, cuenta su experiencia en las páginas de Rue89: “Vivo por la calle Menilmontant [a una parada de metro de Belleville, ndr] y cuando regreso a casa por las tardes me muero de miedo. Llevamos años así. Casi todos los días soportamos las agresiones de bandas de jóvenes contra mujeres o personas ancianas para robarles lo poco que tengan. Los clientes se esconden para comprar”. Esta “exposición pública” es una novedad para una comunidad que acostumbra a comportarse con extremada discreción: “Somos una comunidad muy reservada; si no se tratara de pérdidas de calado no nos movilizaríamos tanto. Es más, no pasaríamos horas perdidas en las colas de las comisarías”. Hu Juango, camarero del Nouveau Palais de Belleville, uno de los mayores restaurantes chinos de la zona, añade: “Si reaccionamos ahora es porque la cosa es muy grave. Hace falta revolverse. Y si las autoridades no nos ayudan, recurriremos a servicios de seguridad privada”. El diario francés Le Monde publica las declaraciones de Fréderique Calandra, quien explica que se habla mucho de los chinos en la calle: “Que si guardan enormes cantidades de dinero líquido en las tiendas, que si no pueden denunciar los robos porque no tienen papeles en regla…”. La voz se ha extendido y ahora muchos de estos ciudadanos de origen oriental son víctimas de agresiones por parte de bandas locales. Las autoridades subrayan en todo caso que no se trata de agresiones racistas, sino ligadas al robo de dinero. China: principal origen de las amenazas a los consumidores europeosLo que sorprende a los analistas es la compacta reacción de una comunidad que no es tan homogénea. De ahí que se hable en los medios franceses de "manifestaciones asiáticas" en vez de “chinas”. Los “chinos” de Belleville son una comunidad extremadamente variada, con orígenes y lenguas muy diversas: desde exiliados vietnamitas de los años setenta, a inmigrantes recientes o refugiados y hombres de negocios que recalan en la capital francesa y no desean integración alguna. Según estimaciones oficiales, en Francia residen entre 600.000 y 700.000 ciudadanos de origen sino-asiático, concentrados en la capital y sus suburbios. Una anécdota de tipo gente bien: Anh Dao Traxel, la hija adoptiva de Jacques y Bernadette Chirac, de origen vietnamita, se ha declarado solidaria con los manifestantes del pasado fin de semana. Francesca Barca Europa451 Fotos limagirapge/Flickr ![]() Moncef Marzouki está exiliado en Francia (F. Europa451) Túnez celebra el 25 de octubre unas elecciones presidenciales y generales calificadas como “farsa” por una disidencia que agrupa tanto a los partidos de oposición -legalizados o no-, como a los líderes en el exilio o perseguidos por el régimen de Ben Ali. Este último se presenta a la reelección como Jefe del Estado para un quinto mandato, tras 22 años de férreo ejercicio del poder y una enésima reforma constitucional que le permitirá gobernar hasta los 78 años. La precaria situación de las libertades en Túnez ha forzado a la oposición a desplazarse hasta Europa para exponer su crítica a la dictadura de Ben Ali. París ha asistido a un debate abierto en el que también han estado presentes militantes del partido gubernamental tunecino, el Agrupamiento Constitucional Democrático (RCD), amén de los informadores infiltrados por el régimen. Disgregada y presa de su pasado conforme con el golpe de Ben Ali en 1987, la disidencia carece de una voz de prestigio que la encarne dentro y fuera del país. Sólo una joven personalidad anónima, el caricaturista Zeta, surgido hace dos años sin padrinos ni veleidades políticas, parece suscitar la ilusión por recuperar la dignidad perdida entre los demócratas de Túnez. “Pido a todos los asistentes que reflexionen durante un minuto sobre la historia de Alaya Kouki. Este ingeniero de Teburba, leyó en enero las normas electorales que permiten a todo ciudadano tunecino presentarse a las elecciones presidenciales y se lo tomó al pie de la letra. Informó por carta al Presidente del Parlamento acerca de su intención de ser candidato y se echó a la carretera por todo Túnez en busca de los treinta avales de alcaldes o diputados necesarios para oficializar su candidatura. Al cabo de dos meses, fue detenido en un control policial e internado en un hospital psiquiátrico. Allí se le declaró ‘deficiente mental’. Cuando le soltaron, meses más tarde, el idealista Kouki era ya un individuo destrozado”. Quien habla es Sihem Bensedrine, la directora de la revista Kalima, censurada en Túnez como toda la prensa libre. Estamos en París. El salón de actos de la facultad de Sciences Po es un santuario del libertarismo estudiantil sesentayochista que se ha ofrecido a la disidencia política de Túnez para manifestarse en vano ante la opinión pública tunecina, una entelequia que no tiene interés ni medios para conocer alternativas a la figura del dictador Zine el Abidine Ben Ali. Bensedrine ha sido acusada de venderse a Occidente y ha sido detenida varias veces por ejercer la crítica periodística al régimen de Ben Ali y su omnipotente mujer Leila. Cuando apela a la conciencia de los asistentes, estamos alcanzando el clímax de la jornada. Las cerca de 400 personas apiñadas en la bancada se agitan, nerviosas, a la espera del discurso del médico y escritor Moncef Marzouki, el más carismático de los líderes de la disidencia exiliada. A sus 64 años, Marzouki, jefe de filas del Congreso por la República, aún es el que levanta pasiones. Todos están listos para jalearle o abuchearle. ![]() Markouki, líder del Partido de la República (F. Europa451) Una oposición perpetua a Ben Ali, el presidente crónico “Nosotros no somos la oposición tunecina. Somos la resistencia, pues en una dictadura no hay oposición, sino resistencia”, se anima Marzouki. Subraya que Ben Ali y su partido, el RCD, controlan las 216 alcaldías del país, el 98% del parlamento y las 24 gobernaciones en que se divide este territorio de 10 millones de habitantes, cuya estructura social y económica los expertos comparan con el Portugal de hace 40 años. ![]() El dictador Ben Ali (F. Wikipedia) Al igual que Rafael Alberti se sacó aquello del funeralísimo para referirse al generalísimo Francisco Franco en España, la disidencia al poder omnímodo de Ben Ali se refiere a él como “presidente crónico”, en vez de perpetuo, cual de una enfermedad se tratara. “Mi diagnóstico es que ninguna familia política abandona el poder por voluntad propia, así que la estrategia que propongo es el boicot a las elecciones del 25 de octubre”, prosigue el doctor Marzouki. Este hombre de apariencia hierática y discurso mesiánico acusa a las “potencias extranjeras” de apoyar al régimen de Ben Ali, entre ellas España y sus intereses económicos en la región. “Lo perverso en Túnez es que el régimen utiliza la democracia para legitimar la dictadura. Por eso, presentarse a las elecciones es participar en el decorado del régimen.” Marzouki, ha decidido no presentarse a las elecciones presidenciales. “Las dictaduras no se reforman, se abaten. Sobre todo las dictaduras mafiosas como la del clan Ben Ali”, concluye en una velada acusación de colaboracionismo dirigida a los partidos y líderes que participan o tratan de hacerlo en las elecciones. ![]() Sana Ben Achour responde a la prensa (F.Europa451) La disidencia es una jaula de grillos Por carismáticos que sean sus líderes, la oposición es incapaz de conectar con la sociedad tunecina y de unirse para provocar un cambio de régimen. “Ello se deba quizá a que está liderada por una generación de políticos de avanzada edad que en su día dieron por válido el golpe de Estado de Ben Ali en 1987”, explica Sana Ben Achour abogada urbanista y presidenta de la Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas. Toda una generación política que no protestó a su debido momento paga hoy la factura de su propio descrédito. El único partido de la oposición con representación en el Parlamento –aunque insignificante- es el Ettajdid, un movimiento de ex comunistas moderados que, en boca de de su secretario general adjunto Samir Ettayeb, considera que “la oposición tunecina es pacifista y no debe apelar al boicot de las elecciones”. “Lo que hay que hacer”, en opinión de Ettayeb, “es presentar un programa radical de cambios”. “El poder no sabe cambiar y la oposición es incapaz de cambiar las cosas. Esto sólo puede implosionar o explotar”, retoma Marzouki en una sala tronante, entre peticiones elevadas a gritos por parte de otros líderes para replicar a sus palabras. Es el momento en el que, Ahmed Nejib Chebbi, de 65 años y líder histórico del Partido Democrático Progresista (PDP, centro laicista), alcanza el micrófono. Su partido se ha retirado de la liza presidencial pero no de las elecciones legislativas y explica, con voz arenosa tras 8 horas de debates, su postura. “¡Resistir dentro del país significa oponerse! No acepto lecciones de un autoexiliado”, refiriéndose a Marzouki. “Yo reclamo el trabajo clandestino de los partidos políticos en Túnez. La política debe ser coherente y portadora de la voz del pueblo, tender puentes hacia el pueblo. ¡Hacer lo contrario es dimitir de la política!”, exacerba Chebbi, cuyo PDP ha visto cómo sólo 9 de sus 26 listas presentadas a las elecciones legislativas han sido aceptadas por la autoridad. Ninguna en las grandes ciudades como Túnez capital o Sfax. “Es la prueba de que el régimen ya ha precocinado los resultados del 25 de octubre”, apoya Moncef Ben Jaffar, veterano dirigente del socialdemócrata Foro Democrático por el Trabajo y la Libertad (FDTL). Ben Jaffar se había presentado a las elecciones presidenciales, pero su candidatura ha sido rechazada por “no presidir su partido desde hace al menos dos años”. Para Ben Jaffar, “en Túnez sólo existe una forma posible de resistencia y disidencia: estar en contacto con la gente de a pie, pues toda la estrategia del régimen de Ben Ali se concentra en separar y aislar a unos de otros”. “Este tipo de encuentros se convierte a menudo en un muro de las lamentaciones”, comenta Ben Jaffar en los corros que se forman al término de la jornada. Sana Ben Achour lo secunda: “Yo me declaro desesperada. La oposición es una jaula de grillos y no hay perspectivas reales de alternancia política en 2009. La verdadera cita electoral para la oposición son las elecciones municipales de 2010 o, más bien, las elecciones generales de 2014”. Fernando Navarro Sordo Europa451 |