
Ilustración de Z
Con el 89% de los sufragios, el dictador tunecino Ben Ali ha vuelto a ganar las elecciones y gobernará otros cinco años tras los 22 años después de aquel 7 de noviembre de 1987 en que triunfó su particular “golpe de Estado médico”.
Aquel 7 de noviembre de 1987, la cúpula militar tunecina decidió amalgamar la mística esotérica del número siete con la política. Liderada por el primer ministro Zine el Abidine Ben Ali, derrocó al padre de la patria y jefe del Estado durante treinta años, Habib Bourguiba. “Empezaba a chochear”, anunciaron a la población para justificar el golpe de Estado. Ni la élite política, ni las bases del partido gubernamental RCD, ni la oposición se levantaron contra este atropello antidemocrático. El país llevaba 3 años sumido en los disturbios provocados por una política económica errática y el clientelismo del sistema.

Logo de la compañía aérea tunecina Sevenair
Desde entonces, el número siete, San Siete, se ha convertido en el patrón del proyecto del clan Ben Ali, quien al cabo de este nuevo mandato habrá gobernado durante 27 años. A la fiesta nacional del 7 de noviembre, se unen la compañía aérea Sevenair, el principal canal de televisión Tunisie7, el estadio olímpico 7 de noviembre, los sellos de correos con el 7 estilizado, el aeropuerto internacional de Tabarka 7 de noviembre, y una larga lista de declinaciones obsesivas. Como para no pensar que el régimen de Ben Alí también chochea y requiere de otra operación médica, esta vez más democrática.
El único partido de oposición al que se ha permitido concurrir a las elecciones, el de los ex comunistas moderados Ettajdid, ha obtenido el 1,57% de los votos. Esto en una campaña en la que su líder sólo ha gozado del 0,20% del tiempo empleado por los medios de comunicación legales en informar sobre las elecciones, frente al 92% de tiempo monopolizado por Ben Ali, según la Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas liderada por Sana Ben Achoun.
Fernando Navarro Sordo
Europa451