Ben Alí, jefe del Estado de Túnez, gobierna con mano de hierro (F. Wikipedia)
Ben Alí, jefe del Estado de Túnez, gobierna con mano de hierro (F. Wikipedia)
Túnez celebra elecciones el 25 de octubre para elegir al Presidente y los diputados del Parlamento. Figúrese que el ministro del Interior, Rafik Belhay Kacem, es también el elegido por el gubernamental RCD para el puesto de presidente del comité de movilización del partido para las elecciones. “Las elecciones no son un asunto político, sino administrativo”, resume el socialista disidente Moncef Ben Jaffar.
Sana Ben Achoun, líder feminsta de Túnez (F. europa451)
Sana Ben Achoun, líder feminsta de Túnez (F. europa451)
“Me declaro Desesperada”, nos cuenta Sana Ben Achour, presidenta de la Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas. “Las mujeres no se movilizan en política, salvo a favor del partido de Ben Ali. Éste, a través de su mujer Leyla, se ha jugado mucho su imagen en la promoción de las mujeres”.

La oposición en Túnez es una escombrera a todas luces, que además debe hacer frente a prácticas demoledoras por parte del régimen clientelar de Ben Ali. Para empezar, ahora que se ha rebajado la edad legal para votar a 18 años, el gobierno está enviando a todos los nuevos inscritos en el registro electoral, una carta invitándoles a afiliarse al partido de Ben Ali, el RCD. Este partido cuenta con casi dos millones y medio de militantes, es decir, el 25% de la población, según cifras de la Federación Internacional de Ligas por los Derechos Humanos (FIDH). Resulta útil compararlo con el régimen chino, cuyo partido único, el PCCh, registra 70 millones de afiliados: el 7% de la población. La administración pública no tiene ningún sentido de la neutralidad política.

En teoría, la campaña electoral dura 13 días. Son los únicos durante los cuales los partidos de la oposición pueden hacer algo. “Esto penaliza a los candidatos sin acceso a los medios de comunicación, sin apoyo de la administración o sin medios para recorrer el país en menos de dos semanas”, según nos aclaran desde la Federación de Ligas por los Derechos Humanos (FIDH).

Sin embargo, la campaña del actual Jefe del Estado y candidato a su propia sucesión comenzó hace dos años. En 2007, Ben Ali, hizo un llamamiento a todas las asociaciones para que le conminaran a presentarse a la reelección. En Túnez hay registradas más de 9.000 asociaciones, lo que permite al régimen ufanarse de la total libertad reinante en el país. Eso sí, una ley de 1992 permite la imposición de socios obligatorios a las asociaciones. Basta con que una persona adhiera en público a los principios y el objeto de la asociación en cuestión y esta se ve obligada a aceptarlo entre sus miembros. Ni que decir se debe que el régimen infiltra todas las asociaciones de Túnez.

Desde hace meses, se multiplican como setas por las carreteras del país grandes pancartas con declaraciones de apoyo a Ben Ali, o con su imagen retratada en medio de muchedumbres adoradoras. No hay obra civil que no se cubra con el color malva –el color del partido de Ben Ali- el día de su inauguración.

Según la periodista Sihem Bensedrine, en 2004, los medios de comunicación gubernamentales dedicaron el 89% de su tiempo informativo a tratar la elección presidencial, mientras que sólo emplearon el 11% en relatar la campaña para las legislativas que se desarrollaba en simultáneo. “Es la prueba de la vehemencia personalista del régimen que también se repetirá durante esta campaña electoral”, señala Bensedrine. Durante toda la campaña presidencial, frente a la omnipresencia  de Ben Ali y su partido, los otros candidatos –Mohamed Bouchiba y Ahmed Inoubli representando a falsas formaciones opositoras, y Ahmed Brahim a la cabeza de los ex comunistas del Ettajdid- sólo disponen de 20 minutos de antena en Televisión.

En Túnez, la ley prohíbe a los candidatos hacer declaraciones en los medios extranjeros. Dentro, el espacio mediático está dominado por el clan de los Ben Ali. El mes pasado, cuando todavía no había empezado oficialmente la campaña, se distribuyeron a la salida de las mezquitas centenares de miles de bolsas de plástico con la marca Radio Zitouna, propiedad de Imed Trabelsi, el nuero del Jefe del Estado, impresa en una cara, y la inscripción “Ben Ali 2009” en la otra.

El único grupo de prensa independiente, Cheikh Rouhou, al cual pertenecen cabeceras como Le Temps o Essabah, es propiedad de otro familar de Ben Ali. Exceptuando todas las televisiones, controladas por el régimen, sólo Hannibal TV está participada por capital extranjero, en concreto por el grupo Finninvest propiedad de Silvio Berlusconi. Un panorama desolador.

En las elecciones legislativas del 25 de octubre se elegirán los 214 diputados de la cámara baja. Estos se dividen en dos grupos. El primero es de 161 escaños elegidos mediante un sistema electoral mayoritario que otorga el 100% al RCD, gracias al control que los 24 gobernadores ejercen sobre las listas electorales que presentan los partidos. El otro grupo, de 53 diputados, “se reserva” para los partidos independientes que en realidad operan de coartada para el régimen y no ejercen en modo alguno labor de oposición parlamentaria. Otra anomalía es el número excesivo de colegios electorales, más de 10.000, uno por cada seiscientos votantes. “La finalidad”, de nuevo según el FIDH, “es impedir a los partidos de oposición la vigilancia de las operaciones de voto, pues ninguno dispone de militantes suficientes para estar presentes en todos los colegios”.

El RCD no sólo controla las instituciones políticas de Túnez. En el Consejo Superior de la Comunicación, el Comité Superior de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, y el observatorio de las elecciones, no figura un solo miembro representante de la oposición.
Viñeta cómica del dibujante disidente Z
Viñeta cómica del dibujante disidente Z
Ben Ali, el ausente de la Wikipedia

La censura en Túnez es la regla. Ni siquiera You Tube, inaccesible desde este país, se libra. La página que Wikipedia dedica a Ben Alí sólo se puede visitar desde el extranjero, pues su neutralidad objetiva hiere la sensibilidad del régimen tunecino hasta el punto de bloquear su acceso a los ciudadanos del interior.

A pesar de todo, el ex Coronel golpista Ben Ali presenta a su país como una democracia. ¿Qué es Túnez en realidad? ¿Cuál es la ideología del partido gubernamental? “El de Ben Ali es un partido malva”, resume, lacónico, el vitriólico caricaturista “Z” en el salón del apartamento en el que prepara sus tiras cómicas. Es su manera de asentar que el RCD no tiene ideología, sino envoltorio. El malva es el color que lo caracteriza.

A través de su web Debat-Tunisie, Zeta, el primer dibujante de sátira política de la historia de Túnez, por increíble que parezca, se consagra a la máxima de la “imagen que vale más que mil palabras”. Desde hace dos años, es la estrella de la disidencia. De las pocas personas que encarna la esperanza democrática tunecina por encontrar figuras que aporten libertad y sensatez al pensamiento político en Túnez.

Ahmed Nejib Chebbi, fundador del laicista PDP
Ahmed Nejib Chebbi, fundador del laicista PDP
Ahmed Nejib Chebbi, líder del Partido Democrático Progresista (PDP, centro laicista), contesta sin matices a nuestra pregunta: “Túnez se rige por un sistema autoritario que se caracteriza por la confusión de los poderes”. Ben Ali, no sólo es el Jefe del Estado, sino también jefe de la magistratura. El Consejo constitucional, órgano cuyos miembros eligen el RCD y Ben Ali, sólo puede ser solicitado por el propio Ben Ali. “Los gobernadores, nombrados por el RCD, controlan hasta tal punto el proceso electoral, que son quienes deciden el emplazamiento de cada uno de los carteles electorales de los partidos opositores”, apostilla Chebbi.

Este veterano político suele agradecer la escucha que recibe la oposición tunecina por parte de las autoridades de la UE, pero admite resignado que “son demasiados los intereses económicos de países como Francia, España o Italia en este país considerado ‘amigo’, como para fragilizarlo criticando al régimen de Ben Ali”. “Occidente teme el ascenso de los islamistas radicales si Ben Ali se marcha. Pero es una falacia, pues Marruecos ha demostrado que se puede integrar al islamismo moderado en el sistema democrático”, remata Chebbi, para quien las “transiciones pacíficas de España, Portugal o Grecia son una inspiración”.

Los representantes del RCD, a menudo enarbolan cifras macroeconómicas surgidas de instituciones internacionales para ilustrar las bondades del gobierno presidido por Ben Ali. “Ya hemos superado en competitividad a África del Sur”, podemos leer en las páginas de La Presse, un diario controlado por el RCD y en cuya portada todos los días figura una imagen y una noticia hagiográfica acerca del Jefe del Estado.

“Las cifras del Banco Mundial confirman que Túnez ha crecido en los últimos veinte años a un ritmo anual del 5% del PIB, mientras el 80% de la población es propietaria”, subraya Chedli Ben Younes, un famoso presentador de telediarios en la cadena pública Canal 7, que ha acudido a la cita de la oposición a justificar la acción del régimen.

“Para mí es perfectamente concebible que Ben Alí y el RCD ganen las elecciones con el 95% de apoyo, porque el sistema es transparente y se respeta la ley”, insiste quien tiene una audiencia en Túnez comparable a la de un Matías Prats, o un Pedro Piqueras en España.

“Lo que no dice es que los sobres en los que se insertan las papeletas de voto son translúcidos en Túnez, y a cada partido le corresponde una papeleta de un color vivo distinto”, nos comenta el cantante protestatario Beyrem Kilani, más conocido como Bandirman en Colombia City, el barrio depauperado de las afueras de Túnez capital.
(Sana Ben Achoun responde a la prensa en París (F. europa451)
Sana Ben Achoun ante la prensa en París (europa451)
La oposición tunecina esgrime la “indignidad” de justificar con datos económicos la perpetuación de una dictadura. “Datos incompletos”, clama Ettayeb, “que obvian que el 17% de los diplomados universitarios están en el paro”. Dicho esto, como resume sin concesiones la opositora feminista Sana Ben Achour, “la disidencia organizada en protopartidos no posee aún un plan creíble como alternativa política y económica a Ben Ali. Sus líderes, son gente respetada por la sociedad que comprende que llevan a cabo una ardua lucha, pero carecen de medios para que sus mensajes lleguen a todos los ciudadanos”.

Fernando Navarro Sordo
Europa451

 


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