
Víctima del terremoto en Haití (Foto, NNUU)
ENFOQUE I Los primeros compases de la UE bajo el tratado de Lisboa siguen siendo tan desconcertantes y sometidos al nacionalismo como lo que hubo hasta diciembre de 2009. Ashton sigue en Babia y Berlusconi no aplaca su incontinencia verbal.
Día a día se confirma el error cometido por la UE en nombrar a la socialista británica Ashton como responsable de Asuntos Exteriores y vicepresidenta de la Comisión. “No puedo estar en todas partes”, declaraba hace unos días a los periodistas que le inquirían por su ausencia de Haití. Sin duda, no es cabal exigir el don de la ubicuidad a ningún político, pero sí el de la oportunidad y la solidaridad, por simbólicas que sean. 48 horas tardó Hillary Clinton, su hómóloga estadounidense en bajar las escalerillas del avión en Puerto Príncipe. La UE, la mayor donante de ayuda al desarrollo del mundo, no pudo estar representada y por su responsable de asuntos exteriores en el fragor de la batalla contra el desastre provocado por el terremoto de Haití.
Peor aún, Ashton, en vez de enviar a Haití al responsable español de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, ha decidido destacar en nombre de la UE al francés Bernard Kouchner, ministro de Exteriores de la antigua metrópoli colonial haitiana: Francia. Todo ello a pesar de que la presidencia semestral española de la UE está poniendo todo de su parte para darle un protagonismo especial a los nuevos cargos dirigentes de la UE creados por el Tratado de Lisboa. Una vez más, esto huele a paternalismo colonialista encubierto y a más de lo mismo a pesar de la lata que se hadado a los europeos con aprobar el Tratado de Lisboa. Y sobre todo, demuestra que los británicos han optado a uno de los 2 puestos dirigentes de la UE por el mismo motivo de siempre y el único que les interesa: el monopolio de la interlocución con los Estados Unidos.
Fernando Navarro Sordo
Europa451