Por descontado, leyendo el diario oficialista La Presse, no hay modo de hallar mención de este hecho dramático. Peor aún: se abre la edición celebrando el primer aniversario del año internacional de la juventud tunecina, inaugurado por el dictador Ben Alí aplaudiendo la especial atención otorgada por su excelencia al desarrollo regional. Este paroxismo de la hipocresía da fe del desprecio que manifiesta el Estado por el joven suicida en particular, y por la juventud en general.
Sidi Bouzid
Esta terrible historia es una reproducción calcada del drama que ha tenido lugar en Monastir hace un año, cuando el joven Abdesselem Trimeche se roció de gasolina quemándose vivo delante del edificio del ayuntamiento. En ambos casos, fue la indiferencia de la administración quien empujó a estos jóvenes hacia el abismo. Estos suicidios públicos frente a los edificios de la Administración oficial constituyen la más terrible forma de protesta política. Este sacrificio de sus vidas no tiene por único objetivo el de atacar a los símbolos del poder, sino también a alertar a la opinión pública. Misión cumplida, en todo caso, a la vista del estallido popular que vive Túnez desde hace días. El régimen, aterrado por el riesgo de contagio, trató de acordonar la provincia y bloquear Internet en Sidi Bouzid para evitar la propagación de vídeos que mostraran los enfrentamientos con las fuerzas del orden. Pero los vídeos han dado la vuelta al mundo, y es el Gobierno quien ha visto todas sus webs hackeadas por los activistas de Anonymous.
Ilustración y texto publicados en francés por Z en Debatunisie.
















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