Borghezio, quiere que esos capitales, cuya fuga acogieron los bancos europeos en contra del interés de las poblaciones del Magreb, permanezcan por siempre y se consuman en Europa o al menos los gestionen los europeos. ¿Cómo? Con la excusa de una aparente buena acción: usarlos para acoger mejor a los 20.000 refugiados que han arrimado a las costas italianas en los últimos meses y de los que siguen en el norte de África. Es decir, después de que Europa haya cerrado las fronteras y deshabilitado el sistema Schengen, expoliaría a los países que más sufren la pobreza y la inestabilidad política.
El válido precedente anti-mafia
El mecanismo que propone Borghezio ya existe en Italia. En el país de la Mafia, la Camorra o la N’drangheta existe un dispositivo que permite usar los fondos requisados a estas organizaciones de delincuentes para fines sociales. El leguista italiano sugiere que el fin social en este caso sea subvenir a las necesidades de los refugiados en el Magreb y en Europa y “financiar su situación de urgencia”.
Enfrente, la liberal sueca Cecilia Malmström, Comisaria europea de Interior, considera esta práctica de manera positiva, porque “permite al Estado reafirmar su autoridad frente a las organizaciones criminales, así como una redistribución de la riqueza entre las comunidades que han sido víctimas de los malhechores”. Por ello, anima al intercambio de información entre las distintas administraciones públicas acerca de esta costumbre.
No obstante, de momento ha resuelto no prever propuesta legislativa europea alguna para aplicar el concepto italiano en todos los países de la Unión, asegurando que existen medios legales internacionales que permitan repatriar dichos capitales a sus países de origen.
Europa451
Imagen: Gianlucacostantni / Flickr















RSS Feed