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INFORMACIÓN I Se multiplican en Túnez los actos de agresión y vandalismo por parte de extremistas islámicos: la realizadora Nadia El Fani ha recibido amenazas, mientras su compañero de profesión, Nouri Bouzid, ha sido atacado. En varias ciudades del país surgen las manifestaciones fundamentalistas.
El vandalismo religioso hace mella en Túnez. El caso de la directora de cine Nadia El Fani, es sintomático. Acaba de ganar el “Premio internacional de la laicidad”, un galardón que concede cada año la asociación Laïcité République. Lo ha merecido por su cinta Ni Allah ni amo, en el que aboga por la libertad de conciencia en Túnez. La obra es una declaración de ateísmo por parte de la realizadora (“Yo no creo en dios”), y le ha costado ya varias amenazas de muerte por parte de grupos fundamentalistas. Otro artista, esta vez, ha sido agredido a golpes en mitad de la calle: se trata de Nuri Buzid, uno de los realizadores tunecinos más conocidos en el extranjero, feroz opositor al régimen de Ben Alí.

A esto se vienen a sumar agresiones e intimidaciones diarias a mujeres que deciden no vestir conforme a la moral islámica. 

Especial clamor ha provocado, el pasado 26 de junio, un ataque a la sala de cine Africart en la capital, uno de sus santuarios culturales más venerados. Durante una velada organizada en apoyo de la libertad de expresión, se proyectó, entre otras cintas, Ni Allah ni amo, cuando cincuenta miembros del partido islámico Tahrir (de momento ilegal) asaltaron la sala y a sus manifestantes. Las fuerzas del orden sólo intervinieron al cabo de una hora, asegura el diario francés Le Monde. “Mucha gente, incluso personas muy abiertas, nos acusan de querer provocar proyectando una película sobre la laicidad. ¿Pero en qué estamos? No hemos hecho una revolución para detenernos en este punto”, dice Nohra Sekik, miembro del colectivo Lam Echalm, uno de los organizadores de la velada a los compañeros de la agencia AFP.

Por otro lado, proliferan en varias ciudades de Túnez como Sfax o Sidi Buzid, en el sur, manifestaciones contra el “ataque a los valores del Islam”. No son pocas las voces que denuncian que los actos de agresión  denunciados casi nunca son verificables y que todo es una maniobra para sembrar en el país el pánico anti fundamentalista.

Ennahda, el mayor partido islámico de Túnez –ilegalizado por el ex dictador Ben Alí en los años noventa– ha condenado los eventos, pero según las asociaciones y grupos de defensa del laicismo, utiliza un doble lenguaje. El partido figura entre los favoritos a las elecciones a cortes constituyentes del próximo mes de octubre. Ennahda, además, le ha dado un portazo al famoso Consejo de la Alta Instancia para la Revolución tras conocerse que éste retrasaba las elecciones previstas para el 24 de julio.

En octubre, el pueblo tunecino elegirá a 218 personas encargadas de redactar la nueva Constitución del País. La inestabilidad proseguirá, pues una asamblea constituyente no es un gobierno. Todo hace pensar que el actual ejecutivo de transición permanecerá en activo durante un año. Muchos partidos –hoy se censan de manera informal hasta 80– y asociaciones proponen que en octubre se vote también por un presidente, para que haya al menos un cargo electo directamente por la ciudadanía. El actual Primer Ministro es Beji Caid Essebsi (que ya lo fue en un gobierno de Habib Burguiba, padre de la independencia), mientras  Fuad Mebazaa (que ocupó cargos en gobiernos de Burguiba y de Ben Alí) es el Jefe del Estado.

Francesca Barca
Europa451

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