CRÓNICA I El Primer ministro británico, David Cameron, y el Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, fueron a Libia hace unos días a darse un baño de masas y dárselas de libertadores. Una cita entre hipócritas, ayer amigos de Muammar El Gadafi, hoy risueños traidores al Coronel. El llamamiento de Nicolas Sarkozy en favor de la paz, la libertad y la democracia en Libia el 15 de septiembre en Trípoli Bengasi ha sonado a hueco. Y es que durante años Francia y Reino Unido, aliados hoy contra Gadafi, toleraron y apoyaron al régimen que acaba de desaparecer. Muammar El Gadafi fue recibido con gran pompa en el Palacio del Elíseo en diciembre de 2007, como antes lo había sido en España por parte del gobierno de José María Aznar. El Reino Unido, cuya opinión pública no olvida que el ex mandatario libio estuvo detrás del fatídico atentado de Lockerbie, no le hizo ascos a la rehabilitación internacional que se efectuó en favor de Gadafi y hasta liberó al autor de los atentados en agosto de 2009, oficialmente por motivos de salud. La UE coopera, desde 2003 con el régimen en cuestiones de control de fronteras y migraciones. Pero la amistad no se detenía ahí. Hasta la caída del régimen de Gadafi, Trípoli exportaba el 80% de su petróleo a Europa. Francia era el destinatario del 10% de esas exportaciones, mientras el Reino Unido consumía el 5%. Los poderosos de este mundo parecían contentos con el coronel Gadafi. Incluso en marzo de 2011, cuando el FMI se dedicaba a alabar las reformas económicas libias. Ninguna actitud hostil, pues, entre quienes más tarde han pedido el boicot a las exportaciones de petróleo libias. Es más, unas recientes revelaciones han sacado a la luz la colaboración occidental con el régimen antidemocrático libio de Gadafi. Los diarios Wall Street Journal y Le Figaro, desvelaron como la multinacional tecnológica Bull y militares franceses en la reserva contribuyeron a reforzar el aparato de seguridad libio desde 2008. Es decir, que ex oficiales franceses se desplazaban hasta Trípoli para ofrecer sus servicios de consultoría en materia de seguridad del Estado acerca de un sistema de vigilancia que reconociera a potenciales disidentes mediante la violación de sus vidas privadas. Aún no ha habido condena de estas actividades en Francia ni entre la comunidad internacional. La resolución 1973 de la ONU, de pronto, despejó la mente de Nicolas Sarkozy permitiéndole ver la verdadera naturaleza del régimen de Gadafi. Y es entonces cuando Francia decidió tomar la delantera diplomática y militar en este asunto: primeros en invitar a los representantes rebeldes al país y primeros en reconocer al Consejo Nacional de Transición libio (CNT). Celeridad enseguida recompensada. Según revela el diario Libération, el CNT habría indicado en una carta dirigida al gobierno de Qatar una promesa de vender el 35% de la producción de petróleo libio a Francia una vez que estuvieran en el poder. Por su parte, Qatar no es ningún ejemplo de estado democrático. Ligado desde los inicios a la rebelión de los insurgentes libios, actuando como intermediario entre los rebeldes y París y Londres, el emir de Qatar, Hamad bin Jalifa al-Tani, también acudió a la conferencia sobre el futuro de Libia que se produjo en París a principios de septiembre. No obstante, Qatar no es una democracia, sino una monarquía absoluta sin partidos políticos, regida por la ley islámica y sin separación de poderes. Son muchas las ONG que condenan la ausencia de libertades fundamentales en este país. También en el plano militar, Sarkozy se ha saltado las reglas. Al cabo de unos meses de combate, la misión de la OTAN dirigida por Francia y Reino Unido decidió saltarse a la torera el mandato de la resolución 1973 de la ONU que preveía limitarse a defender a la población civil de los ataques de Gadafi. El propio ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, lo reconocía: “France ha enviado instructores y armas a Libia”. La intervención en Libia es el triste termómetro de la ausencia de escrúpulos y del oportunismo sin máscaras que rigen las relaciones internacionales. Las profesiones de fé democrática de los mandatarios europeos sólo comprometen a los crédulos y prefiguran a menudo la apertura de nuevos mercados para las economías renqueantes de la UE por encima de cualquier interés democrático. Sergio Marx Europa 451 Fotos: The Prime Minister's Office / FLickr; Abode of Chaos / Flickr Artículos relacionados CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosFebrero 2012 CategoríasAll Mención Legal
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