
Brauch Brener en el rol de Aaron (Hermanos)
CRÍTICA I Llega a SEFF 09 la película Hermanos, del israelí Igaal Nidamm, una cinta excepcional para romper con la tendencia. “Desde hace 30 años, cada vez que se habla de Israel siempre se focaliza sobre el problema palestino”, se lamenta su director, que sella subraya que el verdadero problema de su país es la separación entre religión y Estado.
Con un presupuesto modesto, unos actores en su punto y un guión cargado de razones y emociones, Hermanos, un grito de socorro que advierte contra las graves tensiones religiosas que vive Israel. Narra el desencuentro de dos hermanos hebreos que se reencuentran tras años de incomunicación, uno judío ortodoxo profesor y abogado en Estados Unidos y el otro militante trabajador de un kibutz al sur del país.
Hermanos es sobre todo la radiografía dialéctica y emocional de una sociedad presa del cainismo. “Si la situación sigue así, Israel va camino de la guerra civil”, ha prevenido Igaal Nidamm en la sala de proyección ante un público intrigado antes de que se apagaran las luces y se encendiera el proyector en Sevilla.
“El problema más grave de Israel es el fanatismo religioso, un fenómeno que actúa como una bomba de relojería, pues los movimientos nacionalistas y religiosos crecen y luchan para detener o retrasar la paz con los palestinos y las políticas progresistas”, concluía Nidamm antes de anunciar que en la cinta se proponen soluciones al conflicto interno.
Con una interpretación brillante de Baruch Brener, agigantado por su contención y sus dotes de salmodia, Hermanos es un aviso para navegantes europeos en una era que ve el resurgir de la religión en la esfera pública y la intromisión del Estado en la conciencia religiosa de los ciudadanos.
Fernando Navarro Sordo
Europa451