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Mark Rutte, vencedor liberalconservador de las elecciones holandesas
CRÓNICA I Mark Rutte, líder de los liberal-conservadores holandeses, ganó por la mínima el 9 de junio las elecciones holandesas más polémicas de los últimos años por el vertiginoso ascenso del la ultraderecha a tercera fuerza política. La paradoja es que el gobierno que salga de las urnas será seguramente de izquierdas. El riesgo sigue siendo que haya más partidos en el gobierno que en la oposición.

A pesar de que el líder xenófobo Geert Wilders tocara el cielo el 9 de junio en Holanda al pasar de 9 a 24 escaños en una cámara de 150, lo más probable es que el vencedor Mark Rutte (liberal de derechas) tenga que dirigir un gobierno dominado por socialdemócratas, verdes y liberales de izquierdas.

La reina Beatriz había encomendado el 12 de junio a Uri Rosenthal, del partido vencedor PVV, sondear las diferentes fuerzas políticas para comprobar las posibilidades de formar un gobierno. Mark Rutte, de hecho, se ha mostrado siempre optimista de cara a formar gobierno antes del 1 de julio. El informe de Rosenthal, en cambio, arroja ciertas complicaciones visibles. Las mayorías absolutas sólo se alcanzan uniendo los escaños de cuatro partidos, pues los democristianos del primer ministro saliente –Jan Peter Balkenende- no desean en principio aparecer en las quinielas, lo cual impide un tripartito formado por los tres clásicos: socialdemócratas y democristianos bajo la batuta de los liberal-conservadores que regresarían al poder tras casi un siglo alejados de la presidencia del gobierno.

Lo curioso es que todas las fuerzas políticas susceptibles de evitar que la ultraderecha de Wilders llegue al poder desean que los democristianos se sumen a la gran coalición a la holandesa que ellos denominan “coalición violeta plus”. El Plus por los democristianos. El violeta por la mezcla de colores verde, rojo, amarillo y naranja de los demás partidos. Es posible que el 1 de julio no haya en Holanda aún nuevo gobierno, pero no tardará en formarse, pues como sugiere Alexander Petschold (D66, o liberales de izquierdas), la posibilidad de que Wilders entre en el gobierno mediante un acuerdo con democristianos y liberal-conservadores actúa sobre los partidos de izquierda “como una espada de Damocles”.


En Holanda ganan los jóvenes que no han dimitido de la política

El joven Wilders pone contra las cuerdas al sistema político de Holanda


Tanto la refrescante ecologista Femke Halsema como el veterano socialdemócrata Job Cohen están por la labor de abrir el gobierno a los democristianos. Lo que no explican es cómo se repartirán las reducidas carteras en época de crisis nada menos que cinco partidos dominantes y quién capitalizará con el tiempo el desgaste de una coalición casi a la italiana. De ahí que los democristianos se lo piensen antes de aceptar quedarse en el gobierno, pues el riesgo es que Wilders y otros extremistas sigan arañando simpatías entre los votantes de un sistema de partidos que parece haber llegado a su último capítulo antes de estallar del todo, coincidiendo con el final del reinado de Beatriz y su abdicación a favor de su hijo Guillermo y su nuera Máxima.

Fernando Navarro Sordo
Europa451
 
 
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FICCIÓN I Tal y como preveían las encuestas, la resaca electoral belga va a ser dura tras el ascenso de los independentistas flamencos. Paradójicamente, tras treinta años, un socialista, Elio di Rupo, puede verse aupado al puesto de Primer Ministro con la cuadratura imposible de aplicar unas promesas de estabilización difíciles de compaginar con las aspiraciones de los flamencos. Hoy, os traducimos e chiste que más corre de boca en boca entre los belgas, un pueblo que sabe reírse de sí mismo y contemporizar sus crisis recurrentes.

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Elio di Rupo, a la izquierda, presumible próximo Primer Ministro belga
Vamos allá:

Elio Di Rupo (dirigente socialista) se muere y...

Aparece en el paraíso, en donde San Pedro le dice:

“Eres el bienvenido. Sin embargo, debemos solventar antes un pequeño problema. Se ve tan pocas veces por aquí a los jefes de los partidos políticos, que no sabemos muy bien qué hacer contigo. El Gran Jefe desea que pases un día en el Infierno y otro en el paraíso. Luego, tú mismo elegirás dónde deseas pasar la eternidad”.

“No, si yo lo tengo claro: me quedo en el Paraíso”, interviene Di Rupo

“Lo siento, pero tenemos nuestra reglas”, zanja San Pedro insistiendo.

De este modo, San Pedro conduce a Elio di Rupo a un ascensor que le conduce al infierno.

Cuando se abre la puerta, desembarca en un magnífico terreno de golf verde y fresco, bajo un sol brillante y sin nubes a una temperatura ideal de 25 grados. A lo lejos puede percibirse una casa-club. En su porche ya se encuentran Jean-Claude VanCauwenberghe, Michel Daerden, Anne Marie Lizin, Marc Uytendaele, su mujer y muchos otros camaradas, todos ellos compañeros de profesión política.

Gran parte del Movimiento Republicano (liberales de centro) festejan alrededor de sus líderes, Didier Reynders y Kubla; toda esta gente guapa se deivierte, feliz y elegantemente ataviados en un ambiente relajado y opulento (Dior, Versace, Armani, etc.).

Todos corren a su encuentro, le abrazan y se dedican a barajar recuerdos del pasado, de sus debates homéricos.

Deciden jugar un partido de golf entre amigos y luego cenan con caviar y bogavantes.

El Diablo accede incluso a correr con los cafés y las copas.

“¡Bebe este delicioso digestivo y relájate, Elio!”

“Ah, lo siento, ya no puedo beber, he hecho una promesa...”, retrocede nuestro político tímidamente.

“Vamos, amigo meto es el Infierno. Aquí puedes comer y beber lo que desees, sin preocupaciones. ¡A partir de ahora las cosas no pueden sino ir a mejor!”

Elio Di Rupo se bebe su cóctel y empieza a encontrar al Diablo hasta simpático. Un tipo correcto que hasta cuenta buenos chistes, suelta bromas, y esas cosas. Se divierten tanto que no ven el tiempo pasar. No obstante, enseguida llega el momento de marcharse al paraíso de nuevo. Todos sus amigos le abrazan y  Elio toma de nuevo el ascensor que sube hacia el Cielo.

San Pedro le espera a la salida.
“Ha llegado el momento de visitar el Cielo”, le comenta el anciano mientras le abre las puertas del Paraíso.

Durante 24 horas, Elio Di Rupo se cruza con gente del tipo del Rey Balduino, el cardenal  Daneels, Sor Emmanuelle y toda una cofradía de gente de bien que conversan sobre temas mucho más interesantes que el dinero y que se tratan unos a otros con extremada cortesía. Nada de bromitas o chistes procaces; nada de "club house" espejeante, sino un restaurante ordinario.

¡Como todos ellos son pobres, no conoce a nadie, y nadie le trata como a alguien importante o especial! ¡Aún peor!, Jesús es una especia de hippie, un charlatán que sólo sabe hablar de “paz eterna” y no cesa de repetir sus historias de siempre: “Echar a los mercaderes del Templo”, “Antes pasa un camello por el ojo de una aguja que un rico por la puerta del cielo”, etc.

Una vez concluida la jornada, San Piedro regresa a él...

“Bueno, Elio, ahora debes decidirte”.

Elio Di Rupo se lo piensa durante un minuto y contesta:
“Bien, nunca hubiera imaginado efectuar esta elección... ¡Ejem! Pero bueno, el Paraíso me parece “interesante” y lleno de gente de calidad. No obstante, creo que voy a estar más a gusto con mis amigos en el Infierno”.

San Pedro le escolta, pues, hasta el ascensor y Elio desciende de nuevo a los infiernos.

Al abrirse las puertas, se encuentra en mitad de una vasta llanura abrasada y estéril parecida a Valonia (la región francófona belga), cubierta de nifos de gallina, de ruinas industriales de basura tóxica y papeles volanderos.

Descubre, horrorizado, a sus amigos envueltos en harapos y encadenados todos juntos, recogiendo deshechos del suelo para meterlos en unas bolsas negras. Gimen de dolor, lamenta su suplicio, sus manos y sus rostros negros de mugre.

El Diablo se acerca y coloca su brazo velludo y apestoso de nuevo sobre sus hombros.

“No entiendo nada, articula Elio Di Rupo en estado de  choque, cuando estuve ayer aquí había un campo de golf y un “club  house”; almorzamos bogavante y caviar, y bebimos hasta la saciedad. Habíamos follado como conejos y nos habíamos divertido como críos. Sin embargo, ahora, no veo mas que este desierto repleto de inmundicias y de gente de aspecto miserable”.

En ese instante, el Diablo le mira, le sonríe con aire de pícaro y le susurra al oído:

“¡Ayer estaba en campaña electoral; hoy, tú has votado por mí!”

Nota bene: este relato es una ficción para divertir. E451 no deriva del mismo ninguna toma de partido política.

 
 
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ANÁLISIS I Bélgica vuelve a las urnas de modo anticipado el 13 de junio con la perspectiva de un ascenso de los partidos extremistas y separatistas perpetuando la ingobernabilidad de este Estado. El 22 de abril, la enésima crisis de gobierno propiciada por los enfrentamientos lingüísticos entre neerlandófonos y francófonos en la última década parece haber sellado para siempre la división del país que debe hacerse cargo de la presidencia europea de turno el 1 de julio. El complejo sistema político federal belga y la composición híbrida –pero cada vez más segregada- de su población dificultan las políticas y los acuerdos de Estado. En ausencia de un diccionario que explique el funcionamiento de sus crisis de gobierno, la desorientación cala entre los propios ciudadanos belgas, cada vez más insensibilizados ante la falta de compromiso de sus representantes.

“Los políticos flamencos saben que el primero de ellos que acepte el ensanche de la región de Bruselas terminará linchado por los demás”, sugiere Ludovic Bol, parlamentario federal belga de Los Verdes. La cuestión lingüística en Bélgica alcanza temperaturas de crispación política inéditas en un país que no es bilingüe y cuyas comunidades lingüísticas se dan cada vez más la espalda.

Bélgica está siendo víctima de una subasta para demostrar quién tiene más pedigrí flamenco, y lo paradójico es que la principal víctima política de la última crisis, el primer ministro en funciones Yves Leterme, flamenco y democristiano, había sido su primer propulsor. Fue él quien en 2007 había declarado que “bastarían cinco minutos de valentía política” para terminar con los derechos lingüísticos de la minoría francófona en Flandes.

Comprender el laberinto federal belga

Bélgica se divide tres en regiones federales: la Walonia francófona que incluye cantones germanófonos, el Flandes neerlandófono, y la Bruselas bilingüe aunque muy francófona. Cual un condado español de Treviño, Bruselas se encuentra encajada como una pieza de puzle dentro de Flandes. Le separan de Walonia apenas 30 kilómetros flamencos moteados de ciudades –el extrarradio de la capital- en las que el idioma francés se extiende poco a poco como una “mancha de aceite”. Es lo que a pie de calle se conoce como el corredor BHV o Bruselas-Halle-Vilvoerde.

Las autoridades flamencas exigen que los francófonos en Flandes hablen, estudien, trabajen o realicen sus trámites administrativos en flamenco, mientras que Bruselas y Walonia proponen que ese extrarradio bruselense en territorio flamenco se agregue a la región de Bruselas. Tal es la disputa que ha tumbado a finales de abril al segundo gobierno de coalición liderado por el democristiano Yves Leterme tras seis meses desde su formación. Tal es el nudo gordiano que impide desde hace un lustro la existencia de gobiernos estables en Bélgica. Tal es el oráculo que anticipa la inestabilidad tras las nuevas elecciones.

Esta tendencia al desgobierno viene reforzada por la fragmentación política del paisaje de Flandes. Más de media docena de partidos se reparten a partes casi idénticas el pastel electoral. “No hay espacio para concesión política alguna, pues la presión por parte del parlamento flamenco es enorme. Demasiadas elecciones cada año, demasiados partidos en la oposición deseando que caiga el gobierno. Un par de puntos más o menos en las estimaciones de voto cuentan una barbaridad”, apostilla Ludovic Bol.

Los que salen ganando

El partido qué más avanza en los sondeos es el NVA, el partido separatista flamenco que, por vez primera en la Historia belga, se sitúa a la cabeza de las intenciones de voto en Flandes con más del 22% de intenciones declaradas. No es casualidad que esté en el gobierno de Flandes y en la oposición del parlamento federal. Su aspiración es entrar en el gobierno federal para promover un Estado belga Confederal. Frente al NVA, los liberales flamencos del Open VLD –presentes en la coalición saliente- han hecho saltar por los aires el gobierno tras pasar del 24% al 14% en intención de voto. Si bien han pretextado su oposición frontal a que el corredor BHV se anexe a la región de Bruselas, su objetivo inconfeso es pisarle el territorio ideológico al NVA para que no alcance su supremacía.

Otra victoria, pues, del NVA, que logra así extremar las posiciones de los partidos flamencos a su imagen y semejanza. “Esta operación política, en cambio, me deja perplejo”, explica Pascal Delwitt, politólogo titular de la Universidad Libre de Bruselas. “El tema de las luchas identitarias no es el espacio ideológico predilecto de los liberales flamencos, ni de su electorado, más bien urbanita, licenciado universitario y de profesión liberal. Los liberales nunca podrán rivalizar en unas elecciones con los partidos de la derecha nacionalista, mucho más creíbles en la materia. Además, al abandonar el gobierno, el Open VLD se ha convertido en una mala compañía y ha perdido toda credibilidad como socio serio de coalición.”

Un país y dos lenguas para no entenderse

La cuestión BHV seguirá encima de la mesa y las dos comunidades lingüísticas continuarán con su lógica de confrontación. Sobre todo ahora que todos se han lanzado a la carrera de las promesas electorales a uno u y otro lados de la frontera lingüística. “Uno de los principales problemas de Bélgica es el monolingüismo de las regiones y de la política, que ha conducido a una escisión del espacio público. Cada región, por ejemplo, posee su partido socialista independiente, o su partido democristiano o liberal o ecologista. Los políticos sólo se deben a una parte de los belgas, en vez de a todo el país. Así es casi imposible llegar a acuerdos a nivel federal”, precisa Pascal Delwit. “En Bélgica, los jefes de los partidos concentran mucho poder a causa del sistema parlamentario y de las coaliciones frágiles, de modo que puede afirmarse que Bélgica vive bajo una especia de partitocracia”. Se trata de una opinión refrendada por el parlamentario verde Ludovic Bol, quien considera que en Bélgica “hay una dictadura de los partidos”.

Reformar en tiempos revueltos

Para muchos observadores de la vida política belga, la única solución a este círculo vicioso es reformar en profundidad las instituciones. BHV es sólo el símbolo de la profundización o aceleración del conflicto identitario en un sistema que favorece la lucha bilateral entre francófonos y neerlandófonos.

El renombrado filósofo y economista belga Philippe Van Parijs preconiza un federalismo basado en cuatro regiones (en vez de las tres actuales): Flandes, Walonia, Bruselas y la región de los cantones germanófonos, a la vez que se suprimirían las comunidades lingüísticas. En paralelo, considera necesaria la creación de una circunscripción electoral federal a través de la cual elegir a un porcentaje determinado de diputados. “La ventaja de este sistema radica en que se obliga a una parte de los candidatos a hacer campaña electoral en todo el país y no sólo en su zona lingüística o región. Es así como emergerá de nuevo una dinámica de proyectos comunes y de vida política federal”.

Herman Van Rompuy, ex primer ministro belga y actual Presidente del Consejo Europeo ya se ha mostrado favorable a tal reforma, lo mismo que los partidos liberales y los ecologistas. “El único obstáculo consiste en demostrar a los políticos que estas reformas son también de su interés.”

A todo esto, el 1 de julio de 2010, Bélgica sucede a España en la presidencia de turno de la Unión Europea, dando al traste con las reformas impulsadas en estos seis meses por nuestro país y con la imagen de unidad en las instituciones que el José Luís Rodríguez Zapatero ha tratado de dar desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. La nueva crisis belga corre el riesgo de durar hasta la formación del próximo gobierno apoyado en la mayoría que surja de las urnas. Es muy posible que no haya gobierno durante la presidencia belga de la Unión, puesto que tras las últimas elecciones federales, celebradas en 2007, hicieron falta 148 día a Yves Leterme para formar gobierno. Un récord que ahora puede quedar pulverizado.


Jean Sébastien Lefèbvre
Europa451
Foto:
historic.brussels/Flickr

 
 
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El socialdemócrata Job Cohen, favorito para en cabezar el gobierno
REPORTAJE I Wouter Bos y Camiel Eurlings eran jóvenes guapos, atléticos, elegantes, grandes oradores y experimentados políticos. Lo tenían todo para ganar las inminentes elecciones en Holanda o presentarse como el relevo que, en la izquierda y la derecha, necesita el país. Sin embargo, en lo que parecía el clímax de sus carreras, han salido corriendo. Han hecho mutis por el foro. Quieren casarse y ver crecer a sus hijos en un Estado en el que las mujeres empiezan a tomar el relevo y en el que la ambición no lo es todo.

El espectacular avance de Wilders es también el resultado de la mala planificación de estas elecciones por parte de los partidos tradicionales, cuyos jóvenes delfines dimitieron de sus carreras políticas a dos meses de las elecciones. El partido socialdemócrata, aunque haya quedado en cabeza, ha perdido terreno liderado por un Job Cohen falto de carisma y de conexión con los jóvenes. Balkenende era más de lo mismo.

Hace dos meses, Holanda, país de tradición liberal y tolerante, volvía a sorprender al mundo con su nueva versión post-materialista del progresismo social y político, y de paso se erigía en paradigma del doloroso oxímoron que representan dedicación política y tareas familiares. Corría de boca en boca, no sin malicia, por todo el país, el chiste más celebrado de la temporada: “¿Sabía usted que el Papa acaba de presentar su dimisión? - ¡No me diga!, ¿por qué motivo? – Por lo visto ha decidido dedicarse de lleno a sus niños.”


El joven Wilders pone contra las cuerdas al sistema político holandés

Elecciones en Holanda como quien va a un restaurante

Crisis de gobierno holandés para tontos


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Bob van den Bos, politólogo y militante de D66
“¡Si estás casado, ni pienses en meterte en política!”, nos recomienda entre carcajadas Bob van den Bos, veterano sociólogo y miembro del partido liberal de izquierdas holandés D66. Antiguo eurodiputado y diputado nacional de acendrada experiencia, a sus sesenta y tantos, enfundado en un traje de color madera vintage a juego con su cabellera aún dorada, reflejo de una más que probable coquetería y buena forma física, trata de explicarnos el fenómeno político que tiene boquiabiertos a sus compatriotas desde hace un par de meses. Los jóvenes tenores se han marchado a casa y le han vuelto dejar el poder a los elefantes de siempre. “No me perdonaría no ver crecer a mis hijos. Tengo también una responsabilidad para con mi mujer y mi familia”, sentenciaba el socialista Wouter Bos, de 47 años de edad y candidato a llevarse el primer premio del Día del Padre 2010. “No quiero esperar a tener 50 años para fundar una familia”, anunciaba horas antes el presumible delfín democristiano Camiel Eurlings, de apenas 36 años y casado con la jovencísima húngara Enikö Borbely.

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El liberal conservador Mark Rutte, vencedor electoral por la mínima
Ahí estaban los radicales xenófobos de Geerd Wilders y los liberales de la derecha algo islamófoba de Mark Rutte, esperando dar el sorpasso a socialdemócratas y democristianos. Y lo han logrado. Han ganado las elecciones los partidos que han presentado caras jóvenes: Wilders, Rutte, la ecologista Femke Halsema…

Aprisionados por la política

Dicho esto, la conciliación de la vida familiar y la actividad política sigue siendo una imposible cuadratura del círculo. “Por mi experiencia y la de mis colegas una cosa y la otra son incompatibles”, retoma van den Bos. “La gente debe saber que la política es muy absorbente. Nos imponemos jornadas de entre 70 y 80 horas semanales. Yo terminaba de trabajar los sábados por la mañana resumiendo los documentos de la semana en curso y retomaba el domingo por la tarde los papeles para preparar la tarea de la semana siguiente”. Esto es en términos cuantitativos. En los cualitativos, el grado de alienación es aún mayor. “Yo no podía ni siquiera irme de vacaciones con mi mujer, o al cine o a cenar a un restaurante, sin tener todo el día la mente ocupada en asuntos políticos”, confiesa de nuevo van den Bos.

“Aprisionados por la política, siempre andamos tratando de anticipar la réplica a una crítica de los adversarios, o de reaccionar cuanto antes a cualquier evento.” Una de las obsesiones más asfixiantes para un político es el flujo informativo. Toda la información nunca es suficiente. Su apetito por obtener más información es insaciable e imposible de restringir, pues los diarios, los informes, las llamadas de teléfono, las confidencias en los pasillos, las advertencias y los mensajes codificados o de intención críptica llueven sin censar sobre la agenda de cualquier representante electo.
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Femke Halsema, líder del partido Los Verdes, estará en el gobierno
La hora del relevo femenino

Ahora bien, esta incorporación simbólica pero tendente de los hombres al cuidado de sus familias, es también posible porque la Mujer está ocupando el espacio político que los hombres pueden liberar. “Holanda nunca ha sido un país pionero en la incorporación de la mujer al mundo laboral, y nunca ha habido mujeres a la cabeza de los partidos”, sostiene Kees Aarts, director científico de la facultad de Ciencias Políticas de la universidad de Twente, “pero ahora es su oportunidad. No en vano, desde la presente legislatura europea, Holanda es el primer y único miembro de la Unión que ha llevado a sentarse en el Europarlamento a más mujeres que hombres, y lleva dos legislaturas nombrando a una mujer –Neelie Kroes- para una de las comisarías europeas.

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Arrie Vies, portavoz de las juventudes democristianas holandesas
El portavoz de las juventudes democristianas, Arrie Vies, no se anda con medias tintas: “Nuestra cultura política ha sido siempre machista, pero ahora las mujeres están gobernando en muchas ciudades, sobre todo en las áreas rurales en las que es más sencillo compaginar familia y trabajo. Tengo la impresión de que esta compatibilización los hombres no la saben hacer. Además, hoy por hoy, la política es cada vez menos una cuestión ideológica y más de imagen y de personas: ser mujer y encima rubia es un plus en los carteles electorales”. Bob van den Bos lo explica de otra manera: “Hoy por hoy es una gran ventaja introducir mujeres en los partidos, pues hay una enorme discriminación positiva en su favor”.

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Los ex delfines políticos Wouter Bos y Camiel Eurlings
Nada de prejubilarse
    
En ningún caso habría que dar por sentada la prejubilación de Wouter Bos y de Camiel Eurlings. No se van a dedicar a darles el biberón a sus críos todo el día. “A ambos les espera un futuro profesional estimulante, pero no en la política. Por ello, antes de las elecciones, por prudencia electoral, no comunicarán sus respectivos destinos”, sugiere Aarts. “Eurlings se quedará en el sector privado, mientras Wouter Bos puede regresar a la multinacional petrolera holandesa Shell, en donde ya trabajó en el pasado, o bien postularse para el puesto de Gobernador del Banco de Holanda, lo que le vendría como anillo al dedo”.

Ambos delfines auto defenestrados, se procurarán, estiman los expertos, atalayas desde la que estar en contacto con la primera línea de batalla política sin recibir una sola lasca de metralla. Por si fuera conveniente su vuelta al ruedo político. ¿Ha sido su decisión, pues, realmente sincera, o tan sólo el resultado de un cálculo político? No habría nada más ventajoso que presentarse dentro de 10 ó 15 años ante los electores con el recuerdo de aquellos jóvenes desapegados del poder, respetuosos de los valores familiares y sensibles con sus respectivas mujeres para arrastrar para sí el voto de los mayores, de los miembros de su generación y de las féminas encandiladas ante tanto gen de padrazo desaforado. “Es posible que en su decisión pesen motivos personales y cálculos políticos al 50%. La política es una de las actividades más adictivas de la vida”, resume Bob van den Bos.

Fernando Navarro Sordo
Europa451
Fotos: Europa451, NewsPhoto!/Flickr & zilverbat/Flickr

 
 
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Geert Wilders en campaña electoral
INFORMACIÓN I Las elecciones holandesas han aupado al populista xenófobo Geert Wilders al estrellato al pasar de 9 a 24 escaños. Nadie quiere gobernar con él. Socialdemócratas y liberal-conservadores llegan en cabeza con 30 y 31 escaños, pero necesitan de otros dos partidos más para formar gobierno. Los partidos tradicionales, aferrados a sus elefantes, pierden peso.


En Holanda ganan los jóvenes que no han dimitido de la política

Elecciones en Holanda: votar como quien va a un restaurante

Crisis de gobierno holandés para tontos


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Mar Rutte, vencedor liberal conservador por la mínima
En los Países Bajos habrá casi más partidos en el gobierno que en la oposición a partir del 1 de julio, fecha marcada por Mark Rutte, líder victorioso liberal conservador de las elecciones del 9 de junio, para que un nuevo gobierno entre en funciones. Ni los cuatro partidos de izquierda obtienen mayoría absoluta juntos, ni la derecha reticente con el ultraderechista Geert Wilders tiene medios para gobernar por sí sola. Los democristianos del primer ministro dimisionario Jan Peter Balkenende se ha desplomado desde sus 41 escaños anteriores a las elecciones a los 21 de ahora y aparece como el gran perdedor y sacrificado de la crisis de gobierno y económica.

Garantizada la inestabilidad

Algunos simpatizantes del partido por la libertad (PVV) del islamófobo Geert Wilders, mayormente adultos cercanos a la edad de jubilación, festejaban anoche en las calles de las principales ciudades holandesas un resultado histórico en este país para una ultraderecha que también pesca en caladeros de la izquierda al oponerse de manera frontal al aumento de la edad de jubilación o a muchos de los recortes presupuestarios que los partidos tradicionales propugnan para sanear las cuentas públicas. Este resultado extraordinario puede anteceder un crecimiento de los partidos abiertamente nacionalistas y antieuropeos en Europa occidental y habrá que estar atentos a lo que suceda en las próximas elecciones belgas del domingo 13 de junio.

La coalición que se avecina tiene todas las papeletas de ser inestable. Ya se la llama “coalición púrpura” y tendría una etiqueta marcadamente liberal: los liberales de derechas (PVV), los liberal-demócratas de izquierdas (D66), los Verdes librepensadores y los socialdemócratas. Sólo en una cosa tienen por seguro ponerse de acuerdo: la religión se quedará fuera por completo de la política, en contra de lo que sucedía con el gobierno anterior de socialdemócratas, democristianos y calvinistas.

Fernando Navarro Sordo
Europa451

 
 
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INFORMACIÓN I Desde hace un año proliferan toda clase de programas en línea para poner a prueba la tendencia ideológica o las preferencias electorales de los votantes. En Holanda hace furor estos días una pequeña aplicación que pone a los candidatos a pedalear para hacerse con el maillot amarillo del patinente. Una manera divertida de acercarse a los programas electorales de cada partido y de desdramatizar la participación electoral.

Once partidos se disputan el poder en los Países Bajos el 9 de junio. Cada líder está representado en Stepwijzer, un programa de simulación ideológica ilustrado por una carrera en patinete entre los once líderes de estos partidos. Contestando a siete preguntas entre una panoplia de 7 respuestas cada vez, el usuario puede obtener una previsión de los programas electorales que más se acercan a sus preferencias personales.


Holanda: votar como quien va a un restaurante

Crisis de gobierno holandés para tontos


A una semana de la contienda electoral, en cabeza de las intenciones reales de voto se sitúa de manera sorpresiva el partido liberal conservador de Mark Rutte, quien con 37 de 150 escaños podría gobernar en coalición con los democristianos del actual Primer Ministro Jan Peter Balkenede (21 escaños) y los islamófobos del Partido por la LIbertad (17 escaños). La alternativa la constituye el veterano socialista y ex alcalde de Ámsterdam Job Cohen (31 escaños según los últimos sondeos), quien de ganar las elecciones tendría varias opciones de gobierno: o bien aliarse de nuevo con los democristianos, o bien apostar por una colaición de progresistas junto con los Verdes, los Liberales de izquierda del D66 y los miembros del Partido Socialista, situado muy a la izquierda. Sin embargo, no hay que desdeñar el empuje de los xenófobos del Partido por la Libertad (PVV) del rubio oxigenado Geert Wilders, adicto a la islamofobia y al anti-europeismo.

Ferando Navarro Sordo
Europa451
 

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    Pedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es
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    Un colectivo de periodistas europeos, que investigan y teclean desde Bruselas hasta los confines de Europa en varios idiomas. Leer más.


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