La televisión privada de Silvio Berlusconi, Canale 5, se dedica a emitir programas de supuesto carácter informativo en los que lanza su particular caza de brujas contra uno de los jueces que ha osado condenarle.
El pasado jueves 15, el protagonista era Raimondo Mesiano. Este juez es objeto de una oleada de crónicas informativas tras haber firmado, a principios de mes, la sentencia que considera que Silvio Berlusconi es “corresponsable de un delito de corrupción” en el caso de la venta fraudulenta de la editorial Mondadori al grupo Fininvest –propiedad de Berlusconi- en vez de al grupo Cir del empresario Carlo de Benedetti (el grupo editor de L’Espresso).
Este caso está abierto desde los años ochenta. Se trata de un episodio de la guerra fría que mantienen los dos empresarios más poderosos de Italia por el control de la empresa editorial Mondadori. Carlo de Benedetti acusa a Silvio Berlusconi de haber “comprado”, por mediación de Cesare Previti –antiguo abogado personal y ministro de Berlusoconi- a los jueces romanos que “adjudicaron” la venta de Mondadori al grupo Fininvest. Esta versión había sido “confirmada” por el testimonio de Stefania Ariosto en 1995, y por varios movimientos financieros localizados en las cuentas sociedad sita en un paraíso fiscal All Iberian, a favor de una cuenta a nombre de un testaferro de Cesare Previti. El juez Raimondo Mesiano ha rubricado la palabra “fin” sobre este caso hace dos semanas al reconocer a Silvio Berlusconi como “corresponsable” y condenar a Fininvest a pagar 750 millones de euro a Cir.
Esta sentencia le ha valido al juez un programa especial de Mattino Cinque que alimenta el escándalo en Italia. Los periodistas del programa dirigido por Claudio Brachino –director de Videonews, el servicio de información transversal de las cadenas de Mediaset– han seguido a Mesiano por las calles de Milán cuando iba a la peluquería a cortarse el pelo o mientras fumaba un cigarrillo en un banco público. El vídeo insiste en que Mesiano es “un tipo muy raro” porque pasea “yendo hacia atrás y hacia delante, fuma como una chimenea y lleva calcetines azules”, algo que «no le dejarían hacer en el tribunal”. El servicio se pregunta cómo un tipo tan “extraño” pueda firmar “una sentencia tan importante e, incluso, justo después, haberse beneficiado de una promoción interna en el seno de la magistratura italiana”.
La reacción de la Asociación Nacional de la Magistratura italiana ha sido inmediata. Califica como “vergüenza” el vigilar la vida privada de un juez. La Federación Nacional de la Prensa denuncia el “apaleamiento mediático”. El Consejo General de la Magistratura, el órgano constitucional que garantiza la independencia de los jueces, ha hecho saber que abrirá un expediente sobre estos acontecimientos.
Mediaset ha respondido apoyando a Claudio Brachino, quien hoy publica una columna en las páginas de Il Giornale, el diario propiedad de la familia Berlusconi, pidiéndole disculpas al juez e invitándole a su programa para que pueda explicar a qué se debe su promoción profesional.
Sin querer aún hablar de ataque a los jueces, un informativo de esta clase, privado de toda consistencia periodística y centrado –como los peores tabloides británicos- en la estética y los hábitos privados de un juez, tiene todo el aroma a NODO. Todo apunta a la caza de brujas y no al interés periodístico en quienes dirigen este programa que cualquiera diría que ha sido elaborado por encargo.
El ministro italiano de Justicia, Angelino Alfano, ha intervenido hoy sobre el asunto. Para Alfano, “las disculpas de Brachino cierran un caso y abren otro, el del derecho a la privacidad, que parece que vale sólo para un magistrado y no para un ciudadano normal o un jefe de gobierno”. Toda una alusión al debate sobre la ley de interceptaciones telefónicas que Berlusconi quiere invalidar en el ámbito de procesos judiciales.
Francesca Barca
Europa451