El futuro ministro de Exteriores alemán, el liberal Guido Westerwelle, sólo hablará alemán en Alemania. La prensa internacional critica su falta de cintura o de preparación, pero la realidad es que una nueva generación de políticos nacionalistas va copando el poder en Alemania. Las elecciones alemanas han aupado al poder compartido al partido liberal FDP, dirigido por el presuntuoso Guido Westerwelle. Es tradición en las coaliciones entre democristianos y liberales en el país teutón que la cartera de exteriores vaya a parar para los liberales. Es sabido por todos que el idioma inglés es la referencia en las relaciones diplomáticas y dominarlo o usarlo cuando otra persona no habla otro idioma es síntoma de flexibilidad y apertura política. No obstante, Guido Westerwelle en Alemania ha decidido contestar sólo en Alemán a preguntas de periodistas, lo cual se puso de manifiesto el 4 de octubre ante un corresponsal de la BBC de Londres. La pregunta en inglés, muy sencilla y fácilmente formulable en alemán incluso para ciudadanos ingleses algo acostumbrados a no hacer esfuerzos en otros idiomas: “¿Qué cambios verá el mundo en la política exterior alemana con usted al frente del ministerio?”. Durante una semana, la prensa internacional se ha dedicado a cuestionar la capacidad negociadora y de representación de Westerwelle como futuro ministro de Exteriores. El análisis es un error por dos motivos. Por un lado, la intención de Westerwelle no era demostrarle al mundo que está pez en inglés, sino decirle claramente al mundo que los alemanes están cada vez más orgullosos de serlo y de demostrar que así es. Desde hace una década, la actitud de Alemania en el exterior, sin dejar de ser constructiva, sí ha abandonado su tradicional pudor identitario. Han pasado 70 años desde los horrores cometidos por este país en la Segunda Guerra Mundial y las nuevas generaciones políticas no necesitan estar de continuo pidiendo perdón con su actitud anacionalista. Por otro lado, los partidos liberales europeos –el alemán a la cabeza- comprenden desde hace décadas que existe para ellos un techo de cristal electoral que no logran superar. Alrededor del 15% de los votos. En cualquier contexto político, favorable o desfavorable, las opciones liberales no seducen a más electorado que ese. Guido Westerwelle lo ha comprendido y no se resigna a haber alcanzado el cénit de su carrera, más aún si cabe por cuanto que es un político joven, de 47 años. De este modo, los liberales deben encontrar un factor nuevo de voto que explotar y que las otras opciones no hayan capitalizado. En el caso alemán, es el nacionalismo o el renacer de un orgullo patrio, que las nuevas generaciones no relacionan en absoluto con el pasado nazi país, sino con el derecho a liberarse de la actitud acomplejada de los alemanes en el exterior. No hay que pasar por alto que en los sucesivos congresos de los liberales alemanes de los últimos años, Westerwelle ha expresado en repetidas ocasiones que el proyecto liberal en Alemania no es ir de comparsa, sino convertirse en una opción hegemónica. Fernando Navarro Sordo Europa451 CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es CategoríasAll ArchivosFebrero 2012 Mención Legal
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