Polonia no se ha estrellado 04/13/2010
![]() Imagen de Tajchert /Flickr ANÁLISIS I Al estrellarse en Smolensk, el avión del Presidente de la República de Polonia, Lech Kaczynski, reactiva en el pueblo polaco un doloroso recuerdo, el de las desapariciones de sus élites, engullidas por la Historia. Dicho esto, aunque el paralelismo con 1940 pueda hacerse, Polonia, entretanto, ha cambiado mucho. Las cifras nunca han estado del todo claras: entre 83 y 132. Entretanto se ha fijado en 96 el número de personas fallecidas en el accidente del avión presidencial polaco el 10 de abril de 2010 en Smolensk. Perder a un presidente en ejercicio es siempre una situación delicada para un Estado. La desaparición de Lech Kaczynski no es una excepción. Veinte años después de la transición polaca, este país tiene que confirmar la solidez y estabilidad de sus instituciones democráticas. Una comparación sencilla Lo que más impacta en este episodio trágico es la lista de las demás víctimas mortales, que incluye los mayores cargos del ejército, así como personalidades de primera fila del mundo financiero y político de Polonia. El Gobernador del banco central polaco, el Jefe del Estado Mayor, candidato a las elecciones presidenciales que se avecinaban, dignatarios religiosos, personalidades históricas, etc. Ironía del destino que ahonda en la llaga abierta por la tragedia, todo ha sucedido a unos kilómetros de Katyn, el lugar en el que en 1940 miles de oficiales polacos fueron asesinados por la NKVD (la policía política soviética). Pareciera que la élite polaca estuviera condenada a ser decapitada cada cierto tiempo. Hoy, los comentaristas de todos los países hablan de este “nuevo Katyn”. La comparación es inevitable, pero populista y carente de sentido. Es una respuesta desde las emociones, que no refleja la verdadera situación en la que se encuentra hoy Polonia. ![]() Lech Kaczynski durante su firma del Tratado de Lisboa (Foto, CE) Kaczynski o la Polonia de antes de la guerra Al asesinar en 1940 a cerca de 22.000 oficiales, los soviéticos habían alcanzado uno de sus objetivos principales: arrodillar a la élite de un Estado recién nacido tras 123 años de partición (entre 1795 y 1918, Polonia no existió como tal, y hasta entonces sólo había sido independiente hasta 1939, cuando acaeció la invasión germano-soviética). Las consecuencias para este país de 30 millones de habitantes y con un 80% de población rural, que además perdería durante la 2ª Guerra Mudial cinco millones y medio de ciudadanos, fueron devastadoras. Habrán hecho falta 40 años y Solidarnosc para que una élite independiente del comunismo pudiera emerger con fuerza. Ahora bien, la Polonia de 2010 tiene medios para hacer frente a la catástrofe. Su élite no puede sentarse entera en un avión y su población goza de un nivel educativo mucho mayor que hace 70 años. Por último, ninguna potencia extranjera amenaza con invadir su territorio. Esta tragedia sirve a los placos para hacer balance del camino recorrido entre 1945 y 1989, asi como para reajustar su sistema de pensamiento colectivo, su manera de ver a Europa, al Mundo. En este sentido hay que decir que Lech Kaczynski simbolizaba el espíritu de la Polonia de antes de 1939: católica, nacionalista, conservadora, contraria a los derechos de los homosexuales, anti rusa y anti alemana, y desconfiada con respecto de Europa occidental. Su visión de las cosas se había quedado anclada en el siglo XX. Cabe recordar que en 2007, durante las negociaciones del Tratado de Lisboa, Lech Kaczynski osó solicitar junto a su hermano –a la sazón primer ministro- un aumento de los escaños y los votos para Polonia en el Europarlamento y en el Consejo, en detrimento de Alemania, apoyando su argumentación en un deber de reparación por lo sucedido durante la 2ª Guerra Mundial y calculando que, si no hubiera habido guerra, Polonia hoy tendría 66 millones de habitantes en vez de 40. Varsovia, la puerta del EsteTratado de Lisboa: la Europa2.0 con riesgo de virusLa pifia que multiplicó nuestras visitasModernizar su élite Con su ambición de convertirse en una potencia regional y en uno de los Grandes de la Unión Europea, Polonia debe ahora entrar de pleno en la “nueva Europa”. No puede seguir reclamando su lugar en la UE como gran nación europea mientras permanece bloqueada en su esquema mental anterior a la declaración de Robert Schuman. El reconocimiento de los asesinatos de Katyn por parte de las autoridades moscovitas es un primer paso en el largo proceso de reconciliación entre Polonia y Rusia. La reacción rápida, clara y sin ambigüedad del Presidente Medvedev, decretando que el lunes 12 de abril sería jornada de luto nacional, da muestra del cambio de actitud. Ahora resta disociar del imaginario nacional et del discurso político la fantasmada de una posible implicación de los rusos en el accidente del avión presidencial. Aunque tal cosa parezca peregrina, una fracción del partido de Kaczynski, Derecho y Justicia (PiS), está deseando lanzar el debate. En paralelo, no hay que olvidar al otro vecino: Alemania, a quien el Presidente polaco difunto acusaba de intenciones hegemónicas en Europa. Siguen abiertos muchos frentes en Polonia sobre los que hay que trabajar: el reconocimiento de la homosexualidad, la emigración y la inmigración, el papel de la religión en la vida pública, la regularización del aborto, y otros asuntos sociales que apenas tienen derecho de existencia en el espacio público en nombre de normas preestablecidas que datan de otra época y de otra sociedad. Tal es el desafío de esta Polonia, una vez supere su fase de duelo. Modernizar su élite, que no ha muerto le 10 de abril de 2010. Antes al contrario. Aligerar el peso aplastante que ejercen los líderes del mítico sindicato Solidarnosc, para dar paso a otras personalidades como el Primer Ministro, Donald Tusk, cualquiera que sea su partido. Jean-Sébastien Lefebvre Foto niños con banderas polacas: Tajchert/Flickr Europa451 CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es CategoríasAll ArchivosFebrero 2012 Mención Legal
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