![]() FICCIÓN I Tal y como preveían las encuestas, la resaca electoral belga va a ser dura tras el ascenso de los independentistas flamencos. Paradójicamente, tras treinta años, un socialista, Elio di Rupo, puede verse aupado al puesto de Primer Ministro con la cuadratura imposible de aplicar unas promesas de estabilización difíciles de compaginar con las aspiraciones de los flamencos. Hoy, os traducimos e chiste que más corre de boca en boca entre los belgas, un pueblo que sabe reírse de sí mismo y contemporizar sus crisis recurrentes. ![]() Elio di Rupo, a la izquierda, presumible próximo Primer Ministro belga Vamos allá: Elio Di Rupo (dirigente socialista) se muere y... Aparece en el paraíso, en donde San Pedro le dice: “Eres el bienvenido. Sin embargo, debemos solventar antes un pequeño problema. Se ve tan pocas veces por aquí a los jefes de los partidos políticos, que no sabemos muy bien qué hacer contigo. El Gran Jefe desea que pases un día en el Infierno y otro en el paraíso. Luego, tú mismo elegirás dónde deseas pasar la eternidad”. “No, si yo lo tengo claro: me quedo en el Paraíso”, interviene Di Rupo “Lo siento, pero tenemos nuestra reglas”, zanja San Pedro insistiendo. De este modo, San Pedro conduce a Elio di Rupo a un ascensor que le conduce al infierno. Cuando se abre la puerta, desembarca en un magnífico terreno de golf verde y fresco, bajo un sol brillante y sin nubes a una temperatura ideal de 25 grados. A lo lejos puede percibirse una casa-club. En su porche ya se encuentran Jean-Claude VanCauwenberghe, Michel Daerden, Anne Marie Lizin, Marc Uytendaele, su mujer y muchos otros camaradas, todos ellos compañeros de profesión política. Gran parte del Movimiento Republicano (liberales de centro) festejan alrededor de sus líderes, Didier Reynders y Kubla; toda esta gente guapa se deivierte, feliz y elegantemente ataviados en un ambiente relajado y opulento (Dior, Versace, Armani, etc.). Todos corren a su encuentro, le abrazan y se dedican a barajar recuerdos del pasado, de sus debates homéricos. Deciden jugar un partido de golf entre amigos y luego cenan con caviar y bogavantes. El Diablo accede incluso a correr con los cafés y las copas. “¡Bebe este delicioso digestivo y relájate, Elio!” “Ah, lo siento, ya no puedo beber, he hecho una promesa...”, retrocede nuestro político tímidamente. “Vamos, amigo meto es el Infierno. Aquí puedes comer y beber lo que desees, sin preocupaciones. ¡A partir de ahora las cosas no pueden sino ir a mejor!” Elio Di Rupo se bebe su cóctel y empieza a encontrar al Diablo hasta simpático. Un tipo correcto que hasta cuenta buenos chistes, suelta bromas, y esas cosas. Se divierten tanto que no ven el tiempo pasar. No obstante, enseguida llega el momento de marcharse al paraíso de nuevo. Todos sus amigos le abrazan y Elio toma de nuevo el ascensor que sube hacia el Cielo. San Pedro le espera a la salida. “Ha llegado el momento de visitar el Cielo”, le comenta el anciano mientras le abre las puertas del Paraíso. Durante 24 horas, Elio Di Rupo se cruza con gente del tipo del Rey Balduino, el cardenal Daneels, Sor Emmanuelle y toda una cofradía de gente de bien que conversan sobre temas mucho más interesantes que el dinero y que se tratan unos a otros con extremada cortesía. Nada de bromitas o chistes procaces; nada de "club house" espejeante, sino un restaurante ordinario. ¡Como todos ellos son pobres, no conoce a nadie, y nadie le trata como a alguien importante o especial! ¡Aún peor!, Jesús es una especia de hippie, un charlatán que sólo sabe hablar de “paz eterna” y no cesa de repetir sus historias de siempre: “Echar a los mercaderes del Templo”, “Antes pasa un camello por el ojo de una aguja que un rico por la puerta del cielo”, etc. Una vez concluida la jornada, San Piedro regresa a él... “Bueno, Elio, ahora debes decidirte”. Elio Di Rupo se lo piensa durante un minuto y contesta: “Bien, nunca hubiera imaginado efectuar esta elección... ¡Ejem! Pero bueno, el Paraíso me parece “interesante” y lleno de gente de calidad. No obstante, creo que voy a estar más a gusto con mis amigos en el Infierno”. San Pedro le escolta, pues, hasta el ascensor y Elio desciende de nuevo a los infiernos. Al abrirse las puertas, se encuentra en mitad de una vasta llanura abrasada y estéril parecida a Valonia (la región francófona belga), cubierta de nifos de gallina, de ruinas industriales de basura tóxica y papeles volanderos. Descubre, horrorizado, a sus amigos envueltos en harapos y encadenados todos juntos, recogiendo deshechos del suelo para meterlos en unas bolsas negras. Gimen de dolor, lamenta su suplicio, sus manos y sus rostros negros de mugre. El Diablo se acerca y coloca su brazo velludo y apestoso de nuevo sobre sus hombros. “No entiendo nada, articula Elio Di Rupo en estado de choque, cuando estuve ayer aquí había un campo de golf y un “club house”; almorzamos bogavante y caviar, y bebimos hasta la saciedad. Habíamos follado como conejos y nos habíamos divertido como críos. Sin embargo, ahora, no veo mas que este desierto repleto de inmundicias y de gente de aspecto miserable”. En ese instante, el Diablo le mira, le sonríe con aire de pícaro y le susurra al oído: “¡Ayer estaba en campaña electoral; hoy, tú has votado por mí!” Nota bene: este relato es una ficción para divertir. E451 no deriva del mismo ninguna toma de partido política. CommentsLeave a Reply | Infórmate con E451
AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es CategoríasAll ArchivosFebrero 2012 Mención Legal
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