En el liceo Auguste Blanqui, el pasado miércoles 16 de marzo, Aïcha Amghar, su directora, convocó a algunas estudiantes de religión musulmana para comunicarles que la vestimenta que endosan de manera habitual es demasiado ostentadora. La directora no se refiere al hiyab, el velo que cubre la cabeza, porque las chicas esta prenda sólo la llevan fuera del establecimiento escolar. Una ley de 2004 veta, de hecho, el uso de los símbolos religiosos en la escuela pública francesa.
No han servido de nada las protestas de los progenitores, de un representante del consejo de los imanes de Francia y de la federación de padres de alumnos, que han recordado que llevar este tipo de faldas no viola la ley de 2004. El Colectivo contra la islamofobia en Francia (CCIF) ha condenado la iniciativa de la directora del centro.
Fateh Kimouche, del blog especializado en consumidores musulmanes Al Kanz, comenta lo siguiente: “El velo no es un problema, la comida halal no es un problema, los rezos no son un problema, el árabe no es un problema. El problema son los musulmanes. Hagan lo que hagan, cualquiera que sea la concesión que estén dispuestos a realizar, el odio por aquello que son, el odio por aquello en lo que creen, permanecerá. La islamofobia actual, ya sea de Estado u ordinaria, no es conyuntural”.
La situación en Francia
Recientemente, el Presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha anunciado la apertura de un debate nacional sobre laicidad y religiones que pronto ha tomado la forma de un debate sobre el espacio del islam en Francia. El clima, en general, es tenso a causa de la aspereza del debate. La propia Marine Le Pen, que no deja de liderar el aumento en la intención de voto de su ultraderechista partido Frente Nacional, se pronuncia a menudo contra la comunidad musulmana: en diciembre pasado, durante una asamblea del Front National en Lyon, llegó a afirmar que el rezo musulmán del viernes puede compararse a una ocupación: “Es verdad que no han venido en carros blindados, ni con soldados, pero es una ocupación de hecho que pesa sobre los habitantes”. Francia ha sido el primer país europeo en prohibir el burka en los espacios públicos. Desde septiembre de 2010, los infracciones darán lugar a multas de hasta 30.000 euros, penas de cárcel y “cursos de ciudadanía” para las mujeres incriminadas.
Por su parte, la comunidad musulmana está organizando manifestaciones para abril tanto contra los debates sobre las religiones, como contra este episodio del liceo Auguste Blanqui de Saint-Ouen.
Francesca Barca
Europa451
Foto: Biel Calderon/Flickr















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