
ANÁLISIS I La presidencia semestral de la UE que corresponde a Bélgica desde el 1 de julio tiene todos los visos de convertirse por fin en la presidencia de Herman van Rompuy, el verdadero presidente de la UE. No hay mal que por bien no venga. La crisis institucional belga, que deja al país sin gobierno como mínimo hasta septiembre, es una oportunidad para reforzar la autoridad de las nuevas instituciones instauradas por el Tratado de Lisboa.
La paradoja que todos temían se ha convertido en un golpe de suerte para la imagen de la UE. Bélgica asume la presidencia semestral de la UE el 1 de julio. Inmersa en su enésima crisis de identidad política y al borde del abismo de la segregación entre flamencos y valones con la capital Bruselas en disputa de por medio, este país seguirá gobernado por un ejecutivo en funciones hasta septiembre, esto es, hasta la mitad de la presidencia semestral de la UE que le corresponde en teoría. El beneficiado es otro belga, Herman van Rompuy, Presidente de la UE. “Esta es su ocasión de oro para forjarse un protagonismo definitivo a la cabeza de la construcción europea, al asumir responsabilidades y liderazgos que de manera tradicional le hubieran correspondido al país que ostenta la presidencia rotatoria”, estima el eurodiputado liberal Andrew Duff.
¿De Señor Don nadie a Sar-ko-rrecaminos?
Herman van Rompuy es el primer presidente de la UE. Su carácter de aparente perfil bajo no ha jugado a su favor en los primeros compases de su mandato, debido a que los europeos esperaban gozar de una personalidad carismática y visible en todo momento en la escena internacional. Esto no ha sido así y las demás potencias globales, como los Estados Unidos, Rusia, China, Brasil, etc, siguen sin saber a quién llamar cuando desean hablar con Europa. Resultado: siguen priorizando las relaciones con los jefes de Estado como Nicolas Sarkozy o Angela Merkel. Y eso que, como subraya el editorial de ayer del Frankfurter Allgemeine Zeitung, “la presidencia semestral española que ahora se ha acabado ha sido de adorno”, valorando el papel secundario que Rodríguez Zapatero ha adoptado de forma voluntaria para cederle el máximo protagonismo a van Rompuy.
No obstante la dificultad de este político gris de mirada huidiza para concentrar los focos de la prensa y la credibilidad política internacional, de lo que sí ha sido capaz es de urdir en la sombra un número considerable de consensos en el seno de la UE con el fin de reformar los mercados europeos y la gobernanza frente a la crisis. Bajo su tutela se ha logrado en un tiempo récord instaurar un gobierno económico de la Unión, pergeñar la estructura del flamante servicio diplomático europeo que trabajará a sus órdenes, forzar la organización de cumbres extraordinarias para tomar decisiones contra la crisis de la deuda griega o española y pacificar las relaciones tumultuosas entre Francia y Alemania.
Aunque van Rompuy prefiere trabajar en la sombra que copar las portadas de la prensa internacional, sí es cierto que lo que requiere la UE para reafirmar su imagen de potencia global es contar con una cara visible y reconocible por todos dentro y fuera de la Unión. La tendencia a aumentar de protagonismo irá a más durante la presidencia belga fantasma que se inicia hoy. De las críticas recibidas por parte de los federalistas o incluso el apelativo hiriente de “Señor Don Nadie” que le dedica el ex canciller socialista alemán Helmut Schmidt, deberíamos pasar a la figura de “superpresidente” presente en todos los frentes a imagen y semejanza del francés Sarkozy.
Las prioridades del semestre belga 2010
Yves Leterme, presidente en funciones de Bélgica ya a anunciad que le cederá todo el protagonismo a van Rompuy, quien deberá tomar personalmente las riendas de los dosieres prioritarios de la presidencia belga semestral. Esto significa pasearse por todas las capitales europeas para entrevistarse con los jefes de gobierno y tomar nota de sus demandas y aspiraciones, significa convertirse en el interlocutor único con los Estados.
Las prioridades confesas de este periodo que irá hasta el 31 de diciembre de 2010 son ambiciosas. Se pretende por un lado que la UE, por primera vez en la Historia, cuente con recursos presupuestarios propios; es decir que instauraría un impuesto europeo. Tras esto, van Rompuy organizará en octubre la primera cumbre europea dedicada en exclusiva a las políticas de innovación, investigación y patentes con la vista en forzar la mano de los Estados y obligarles a modificar su modelo económico y recuperar la competitividad perdida frente al resto del planeta. En este sentido, su colega portugués Durão Barroso, Presidente de la Comisión, desea que cada miembro dedique el 3% de su PIB a Investigación y desarrollo, sabiendo que la media actual no supera el 2%.
Además de esto, van Rompuy se las tendrá que ver con una Europa levantada contra los recortes sociales a la vista de la huelga general europea del próximo 29 de septiembre, que se presenta caliente. Todo ello a pesar de que la presidencia semestral belga ha puesto un énfasis especial en desarrollar la agenda social europea, a pesar de los drásticos recortes que se han producido y seguirán produciéndose en 2010. ¿Sabrá van Rompuy presentarse ante os agentes sociales trans-europeos como un actor sensible a sus demandas? Por último, van Rompuy deberá relanzar las acciones con vistas a combatir el cambio climático, olvidadas por un momento ante las dificultades presupuestarios de varios países miembro, a la vez que templar gaitas con relación a los dosieres de adhesión croata, turco e islandés. Los croatas tienen prisa, los turcos desconfían y los islandeses van de farol.
Fernando Navarro Sordo
Europa451
Foto: Parlamento europeo