Vaclav Klaus ha metido la pata 11/03/2009
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, no parecía feliz durante la rueda de prensa que dio en el Consejo europeo de la semana pasada al confesar que había cedido ante el presidente checo acerca de la aplicación a Chequia de la Carta de Derechos Fundamentales. Sin embargo, debería dar saltos de alegría, pues Vaclav Klaus acaba de contradecirse, lo mismo que sus colegas euroescépticos. Los eurodiputados aún lo recuerdan. En febrero de este año, cuando la República Checa asumía la presidencia de la Unión europea, su Presidente, un tal Vaclav Klaus, había pronunciado un discurso de marcado acento euroescéptico ante la Eurocámara. Una de sus acusaciones era que Europa se dirigía hacia una economía centralizada y burocrática y un régimen que privaría a los pueblos de su libertad y su democracia. Varios diputados abandonaron el hemiciclo. Enconado opositor al Tratado de Lisboa a pesar de que lo haya ratificado su parlamento nacional, Vaclav Klaus ha mantenido e suspense hasta el último segundo, al negarse a firmar el Tratado en representación de Chequia. Al final, deberá aponer su garabato al texto, porque ha obtenido lo que pedía, que su país no esté sujeto a la Carta de Derechos Fundamentales de la UE. Klaus pretendía que dicha Carta contradecía los decretos Benes de los años cuarenta, que permitieron a Chequia expulsar a los más de dos millones de alemanes de Chequia tras la segunda Guerra Mundial. Los protagonistas de la partida Ante el riesgo de ver la ratificación del Tratado de Lisboa hundirse, el Consejo europeo reunido en Bruselas los días 29 y 30 de octubre ha dado satisfacción a Klaus. Ahora bien, ¿Vaclav Klaus no se habría traicionado con ello? Quien denunciara que Europa es un rodillo que aplasta desde Bruselas a los Estados, acaba de demostrar que esos Estados son los verdaderos protagonistas de la partida. El intergubernamentalismo no ha muerto. Al contrario, todo lo que sea supranacional es más frágil hoy que ayer. Y es que un solo Estado, por diminuto que sea, puede bloquear la maquinaria europea. Además, habría que preguntarse cuántos opt-out como el concedido a Chequia la semana pasada permitía la Unión Soviética a sus Estados satélite antes de enviar sus tanques. En Europa, todo se resuelve alrededor de una mesa de negociaciones. Klaus se contradice incluso al presentarse como el defensor de la democracia en el mundo, pues con su negativa a firmar el Tratado estaba oponiéndose a una decisión adoptada por el parlamento checo. Sólo le faltaba decir que los parlamentarios checos son también unos eurócratas a quienes nadie ha elegido. Por último, la derogación que ha obtenido para Chequia se la han dado los Jefes de Estados de la Unión, pues los pilares de la democracia europea son múltiples. Excusas para salvar el honor Vaclav Klaus ha tensado la situación para salvar su honor de euroescéptico, aun contradiciéndose. Bruselas ni quiere ni puede destruir los Estados nación, porque se construye en base a ellos. Lo que ha demostrado Klaus, este antiguo disidente contra el poder comunista, es su rechazo al progreso de d la protección de los derechos fundamentales que promueve la Unión Europea y sus Estados miembro. Se le va a hacer complicado defender ante sus electores la no aplicación de esta carta de derechos fundamentales en Chequia. Sobre todo cuando todo el mundo sabe que la Carta no amenaza la validez de los decretos Benes, al no tener la primera un efecto retroactivo. Lo que todo el mundo conoce del presidente checo es su credo ultraliberal en materia económica. Lo mismo que todos saben que el artículo 51 del Tratado precisa que “la Carta sólo se aplica a las instituciones y los órganos de la UE en el respeto del principio de subsidiariedad”. Ahí está el detalle: la Carta existe más que nada para las instituciones europeas o cuando un Estado miembro pone en marcha una disposición comunitaria. El páramo ideológico y político en el que se encuentra la UE sólo se podrá resolver cuando exista una verdadera oposición política digna de ese nombre en el Parlamento europeo. El Tratado de Lisboa pondrá a prueba la buena voluntad de los partidos y los líderes europeos. Jean-Sébastien Lefebvre Europa451 CommentsCarlos - Valencia 11/03/2009 11:27
Tio, yo he sido valenciano en la época de Zaplana, Camps y Aznar... y que quieres que te diga, que ecahaba de menos alguien "superior" que le echara las garras a "estos" que bastantes uñas tienen. Menos mal que tenemos Rey, que quieras que no, al menos era un grano en el culo de las Paranoias Armamentisticas de Aznar.
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Alberti 11/03/2009 12:27
¿Alguien me puede decir de qué color son las garras de la Unión europea? Digo yo que del color de la gente que vote a los que dirijan la Unión europea, ¿no? Me la juego a que quienes hablan de "garras" se fueron de fin de a Chiclana de la Frontera el día 9 de junio en vez de pasarse antes 5 minutos por el colegio electoral.
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AutoresPedro Picón y Fernando Navarro son editores de Europa451.es ArchivosDiciembre 2011 CategoríasAll Mención Legal
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