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Yeleva durante una entrevista (F. Comisión Europea)
ANÁLISIS I Es oficial. Yeleva Rumiana renuncia al puesto de Comisaria europea para la Ayuda Humanitaria. En su artículo profético, Jean Quatremer explica los motivos de este fiasco, pero olvida que esta infortunada aspirante ha sido también víctima de luchas partidistas de la propia Bulgaria.

Por descontado, detrás del rechazo a Yeleva Rumiana está la voluntad del Europarlamento de afirmarse frente al Consejo europeo y sus decisiones unilaterales. Es también la prueba de que son posibles las alianzas en el hemiciclo sin contar con el Partido Popular Europeo. No obstante, si los socialistas, los verdes y los liberales pueden felicitarse por su victoria en esta batalla, deberían percatarse asimismo de que los verdaderos ganadores han sido los diputados socialistas y liberales búlgaros.

Durante las dos ofensivas concernientes a posibles conflictos de intereses y la empresa creada por los servicios secretos búlgaros de la era comunista en propieda de Yeleva, el asalto ha sido liderado por la bancada de los opositores búlgaros Ivaylo Kalfin –socialista- y Antonyia Parvanova –del Movimiento nacional Simeón II-. Su objetivo principal no era la emergencia de una comisión europea impoluta e irreprochable, sino desacreditar al gobierno búlgaro de centro-derecha presidido por Boiko Borisov, del movimiento Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB, en sus siglas búlgaras) por motivos de política nacional.

La táctica del rebote

El GERB arrasó en las elecciones búlgaras en junio de 2009, dejando a los socialistas con el peor resultado de su historia (18%), y al partido del antiguo monarca Simeón II fuera de juego. Gobernaban desde 2005. Desde entonces, Borisov goza de una cota de popularidad nacional casi indecente, reservando apenas migajas a la oposición.

Estos partidos de la oposición búlgara han usado las audiciones a los comisarios aspirantes como caja de resonancia para recuperar la iniciativa política en Bulgaria, país del que Yeleva era ministra de Asuntos Exteriores. Hurgando en su pasado, han encontrado algunas disonancias menores pero suficientes para el delicado estómago de Bruselas.

Atacar denunciando conflicto de intereses ha resultado una táctica sutil y eficaz, pues toda la campaña de Borisov –y su imagen de hombre nuevo e íntegro- se centraba en la lucha contra la corrupción. Tumbar a Yeleva en este plano significa desacreditar ante los ojos de la opinión pública búlgara al GERB y ponerlo al nivel de los demás partidos búlgaros gangrenados por la corrupción, sobre todo el Partido Socialista Búlgaro. Al destruir la buena reputación del partido en el poder, la oposición espera rehabilitar la suya propia al precio de degradar cada vez más la imagen de Bulgaria en el seno de la UE.

La incompetencia no era tan importante

El búlgaro es un pueblo que se manifiesta como muy pro-europeo. Ven en este nuevo nivel de poderes y competencias una oportunidad de escapar de su clase política centrada en defender intereses particulares antes que los colectivos. Ahora, Borisov será visto como quien ha intentado corromper a Bruselas.

El frágil currículum de Yeleva era el escenario en el que se ha desarrollado el acto, pero no es el fondo del problema si se compara su caso con la flagrante escasez de experiencia de la británica Ashton para el puesto de Comisaria de Exteriores, cuestionada por muchos pero impuesta a toda costa.   

Georgieva al rescate

Con la retirada de Yeleva, Borisov encaja su primer fracaso. La oposición búlgara grita victoria, pues Yeleva también ha dimitido de su cargo ministerial. Boiko Borisov tendría que habérselo pensado antes de proponerla para comisaria, a menos que haya sido su estrategia para aparcarla de su gobierno, pues todo el mundo sabe cuán sensible es la UE a los casos de conflicto de intereses y a la mentira.

El nombre de Kristalina Georgieva circula ya como repuesto búlgaro en la Comisión europea. Se trata de la Vicepresidenta del Banco Mundial. Muchos la daban por ministra de hacienda en el gobierno búlgaro, pero fue Simeón Diankov, otro economista de la institución nombrada y familiar de Georgieva, el que se llevó aquel gato al agua. Esperemos que no surjan nuevos fantsasmas de corrupción y nepotismo.

Jean-Sébastien Lefebvre
Europa451

 


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